Publicado: 30.11.2015 23:22 |Actualizado: 01.12.2015 00:30

Rivera se ceba contra el bipartidismo para intentar equiparar a PP y PSOE e ignora a Pablo Iglesias

El líder de Ciudadanos sólo reaccionó, crecido contra el 'y tú más' y presumiendo de ser el que mejor conoce el problema del independentismo catalán, al final de un debate en el que Pedro Sánchez logró arrinconarle llamándole, entre otras cosas, "nueva derecha". 

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El líder de Ciudadanos (C's), Albert Rivera, preparándose para su intervención en el debate a tres de 'El País'. EFE

El líder de Ciudadanos (C's), Albert Rivera, preparándose para su intervención en el debate a tres de 'El País'. EFE

MADRID.- Contra el 'y tú más' y los recortes, medidas y promesas no cumplidas de PP y PSOE. Esos fueron los objetivos principales de los ataques de Albert Rivera en el debate electoral de este lunes organizado por el diario El País. ¿Su objetivo? Sembrar la duda sobre el 'gran pacto' bipartidista para desactivar, así, a Pedro Sánchez de cara al 20 de diciembre. Sin embargo, no lo consiguió. Casi ocurrió al revés: fue el socialista quien consiguió tenerle contra las cuerdas buena parte del encuentro acusándole, entre otras cosas, de ser "la nueva derecha". 

En medio de ese fuego cruzado estaba Pablo Iglesias, a quien Rivera decidió casi ignorar para centrarse en quien todavía sigue por delante en las encuestas: el PSOE. En ese afán, el líder de Ciudadanos comenzó criticando a Sánchez por utilizar como argumento que el PP de Mariano Rajoy (que dejó su tribuna vacía) quería quebrar la "solidaridad" y "modernidad económica" que habían dejado los socialistas. "Incluso estando ausentes, PP y PSOE se echan la culpa unos a otros", lamentó Rivera. 



En materia económica, el líder de Ciudadanos defendió su propuesta de "contrato único" frente al "modelo dual fracasado de PP y PSOE", recordó que ambos habían recortado incluso derechos reconocidos en la Constitución y que tanto unos como otros habían pactado con nacionalistas y habían dedicado 30 años a cambiar las leyes educativas hasta en ocho ocasiones. "No basta con derogar lo que ha hecho mal el PP", le espetó a Sánchez cuándo éste defendió el acuerdo de todos los partidos contra la Lomce de Wert. "Hace falta un Pacto Nacional por la Educación", agregó. 

También incidió en que ninguno de ellos se atrevió en democracia a tomar medidas de calado como la supresión del Senado, la reforma de la ley electoral, o despolitización de la justicia y lucha contra la corrupción. Al revés, acusó a PP y PSOE de haber creado una "gran partitocracia de tentáculos muy amplios: en la Justicia, en las cajas de ahorros...", enumeró. 

A Iglesias, en cambio, apenas le atizó. Sí promovió el complemento salarial que propone C's como una medida "real, tangible y posible" frente a los "115.000 millones de la Renta Mínima Garantizada" de Podemos que es "imposible" para el líder de los naranjas. El mismo argumento utilizó con respecto a la edad de jubilación, que Iglesias marcó en los 65 años. "Me alegra que Pablo Iglesias sea cada vez más realista porque bajar la edad de jubilación a los 60 años era impagable", ironizó tras proponer, en este ámbito, "volver al pacto de Toledo". De hecho, ése fue su fuerte. Su frase más repetida durante las dos horas que se alargó el encuentro fue esta: "Yo he venido a hacer propuestas, no a jugar al 'y tú más'". 

Sin respuesta a los ataques

En lo demás, en cambio, el presidente de Ciudadanos estuvo desaparecido. Nervioso, agitado, bailando en la tribuna, gesticulando en exceso con sus manos, con la boca seca y hasta incómodo con una corbata que no acostumbra a llevar, Rivera no parecía Rivera.

El líder de Ciudadanos, acostumbrado a enfrentarse a las cámaras y a comerse a sus rivales en los "cara a cara", apenas se limitó esta noche a poner una mueca de desagrado o de risa nerviosa cuando sus adversarios le acusaban de ser la nueva "derecha" -como insistió Sánchez en repetidas ocasiones- o tan ambigüo que "no es que sea de derechas, sino de lo que haga falta" -como atacó Iglesias-.

También se vino abajo cuando Sánchez le preguntó si derogaría la Lomce ("una parte sí", acertó a responder), cuando le indicó que su modelo de contrato único precarizaría todo el mercado laboral y lo convertiría en "100% temporal" o cuando le acusó de "machista" por estar en contra de las cuotas de igualdad.  Rivera no contestó.

No, hasta más allá de la mitad del debate, cuando el socialista -de nuevo- le acusó de querer mantener "los copagos del PP" ("y los del PSOE", dijo) o cuando Sánchez presumió de no llevar imputados en sus listas. "No, los hacéis presidentes, como en Andalucía", reaccionó el Ciudadano. 

"Vosotros no lleváis imputados en las listas, los hacéis presidentes" fue uno de los pocos contraataques de Rivera a Sánchez

Su mejor actuación, en cambio, se produjo en el bloque sobre el independentismo en Catalunya. Ahí Rivera presumió de ser el que mejor conoce la situación "sobre el terreno"  ("soy catalán", se encargó de dejar claro) y arremetió contra sus adversarios acusando a uno (Sánchez) de tener "17 modelos de país" (frente al modelo "obsoleto" de Rajoy) y a otro (Iglesias) de haber apoyado el nombramiento de la presidenta -independentista- del Parlament, Carme Forcadell, y defender el referéndum soberanista. 

Y, aunque supuso tirar del 'y tú más' que tanto rechaza, Rivera lo utilizó cuando Sánchez sacó a relucir su pacto con los ultraderechistas de Libertas en las elecciones europeas de 2009. "Tú no me has contestado: ¿Estelada sí o no? Porque hay ayuntamientos como Castedefells o Terrasa en los que votáis a favor de la independencia y en otros pactáis con ERC y Compromís", se defendió. 

En medio de tanto fuego cruzado, una caricia. Y fue cosa de Pedro Sánchez, cuando, suavizado por su victoria anterior, cambió la dirección de sus dardos hacia Iglesias en lo que supuso un guiño a Rivera: pidió al líder de Podemos que le pidiera perdón por las declaraciones en las que otro miembro de su partido, Juan Carlos Monedero, insinuó que el líder de C's consumía cocaína. "Gracias, Pedro", le reconoció Rivera.

"No te pongas nervioso, Pablo", agregó después, cuando Iglesias se rebeló contra las insinuaciones sobre  gente de su partido (Monedero, también) a la que le gusta -según Rivera- el dinero negro. Otra vez cayó en el 'y tú más' que siempre critica. 

Luego volvieron los ataques al bipartidismo: recortes en sanidad, educación, los indultos mutuos a imputados por corrupción, los aforamientos, los pactos con nacionalistas,  sus correspondientes modelos económicos de "burbuja inmobiliaria" fallida y su incapacidad para ponerse de acuerdo en cuestiones que, para Rivera, han de ser "Pactos de Estado". Frente a eso, el candidato de Ciudadanos a La Moncloa se vendió como el mejor posicionado para poder "sentar a la mesa" a todos los partidos y crear una nueva Transición. "Hace falta un nuevo proyecto común para España y ese proyecto es Ciudadanos", concluyó.