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Rubalcaba no colmó las expectativas de sus críticos a pesar de su giro en el debate del estado de la nación

Las bases díscolas con la dirección federal lamentan que los socialistas salieran "como acomplejados" ante un exultante Rajoy. "En política no vale lamentarse, sino marcharse", dicen.

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El secretario general de los socialistas, Alfredo Pérez, Rubalcaba, dio un vuelco a su oposición responsable el pasado 3 de febrero, tan sólo unos días después de que la publicación de las supuestas cuentas del extesorero del PP Luis Bárcenas, implicara al propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el cobro de dinero en B durante años. Ese día el líder del PSOE dejó de lado las llamadas al acuerdo y reclamó, de manera tajante, la dimisión del jefe del Ejecutivo, lo que le reconcilió con sus más fervientes críticos.

Apenas unas semanas después de ese gesto, el pasado martes, Rubalcaba se subía a la tribuna del Congreso de los Diputados en pleno debate sobre el estado de la nación para constatar ese giro y para poner encima de la mesa, además, una serie de propuestas reclamadas por la izquierda que fueron desde la defensa de la dación en pago hasta el intento por blindar la sanidad y la educación como servicios públicos, pasando por la reforma constitucional y la lucha anticorrupción. El líder de la oposición arremetió con dureza contra Rajoy y contra las corruptelas que afectan al PP

No consiguió, sin embargo, convencer a la mayoría de los ciudadanos que, en cambio, sí comparten muchos de los planteamientos que Rubalcaba recogió en su discurso. Según el CIS, Rajoy le ganó el debate al líder del PSOE por una diferencia de casi 27 puntos. Y su actitud tampoco pareció convencer del todo a los sectores más críticos con su gestión que sí valoran el giro del máximo dirigente de su partido. Una vez que han conseguido endurecer la estrategia de su partido, la mayoría de ellos evita concretar qué más debería hacer el secretario general para volver a recuperar la confianza de los ciudadanos, pero también eluden alabar su actitud en un debate que según la mayoría perdió de calle.

Desde la dirección del PSM que dirige Tomás Gómez, que en los últimos meses se ha erigido en uno de los dirigentes socialistas más díscolos con las tesis de Ferraz y que incluso ha reclamado a Rubalcaba que dé paso a otros líderes, prefieren ahora centrarse en arremeter contra la intervención de Rajoy antes que entrar a valorar la postura mantenida por el secretario general federal. Insisten en que el jefe del Ejecutivo se encuentra 'alejado de la realidad de los ciudadanos' y que 'no tiene autoridad ni legitimidad' para gobernar el país.

También optan por el mutismo el diputado y exalcalde de Donostia, Odón Elorza, que ha destacado por manifestarse abiertamente a favor de una mayor dureza en la estrategia de oposición en diferentes reuniones del Grupo Socialista, o el exdirector general de la Policía y de la Guardia Civil, Joan Mesquida, que también se ha prestado a liderar una iniciativa alternativa a la de la dirección federal que se encuentra perfilando desde hace varias semanas.

Quienes no han tenido en cambio pelos en la lengua a la hora de reconocer la 'debilidad moral' del líder del PSOE son los militantes de base críticos con su gestión. 'Aunque Rubalcaba ha sido infinitamente mejor que Rajoy, éste último ganó porque en frente estaba precisamente Rubalcaba', reconoce Martu Garrote, impulsora en septiembre del manifiesto Por un PSOE útil que exigió la renovación completa del partido. 'Necesitamos un PSOE nuevo y no puede estar liderado por un señor que lleva 25 años en el partido', añade, antes de lamentar que los socialistas abandonaron el hemiciclo 'como acomplejados', a diferencia de los conservadores. 

Este sector reconoce que las propuestas del máximo dirigente socialista 'no pueden tener credibilidad' si llegan de un líder de la oposición que ha estado en el Gobierno hace apenas un año y no las ha puesto en práctica. Consideran que 'en política no vale lamentarse, sino que vale marcharse' cuando las decisiones adoptadas se han visto como equivocadas. Por eso insisten en la necesidad 'cambiar el modelo de partido', de manera que en un plazo corto se pueda convocar un congreso extraordinario que designe la nueva cúpula socialista 'con el voto de toda la militancia'. 

El líder de los socialistas valencianos, Ximo Puig, que apoyó a la exministra Carme Chacón en el Congreso federal y que hasta ahora había urgido a la renovación del PSOE, sí se confiensa, por su parte, satisfecho con la actitud mostrada por Rubalcaba en el debate del estado de la nación. 'Yo no salí cabizbajo, porque se plantó cara a la situación', sostiene. A su juicio, el líder de su partido estuvo 'en lo que hay que estar, que es en el paro, los desahucios o la regeneración democrática', por lo que atribuye la mala valoración ciudadana a la actitud mostrada por el líder de la oposición al 'colapso' que afecta al mundo de la política. 'Es un momento de serenidad en el que no cabe el cortoplacismo', defiende.