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La ruptura del pacto con el PSC deja a Colau en una situación delicada en el ayuntamiento

Un consistorio endiabladamente complejo, con múltiples alianzas posibles en el eje izquierda-derecha y en el nacional. Y esa misma complejidad puede facilitar la vida a la alcaldesa por un lado y dificultársela por otro.

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La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, interviene en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona. - EFE

La ruptura del pacto con el PSC mantiene a Colau en una situación compleja en el ayuntamiento. Más delicada si cabe que la que tuvo al inicio de su mandato. Pero ni mucho menos imposible. Barcelona en Comú tiene 11 de los 21 concejales a repartir en el consistorio, por 9 del PDeCAT -que obtuvo 10 como CiU en las elecciones, pero que ha visto la marcha de un representante de Demòcrates, ahora concejal no adscrito-. Completan el pleno los 5 de C's, los 5 también de ERC, 4 del PSC, 3 del PP y 3 de la CUP. Un consistorio endiabladamente complejo, con múltiples alianzas posibles en el eje izquierda-derecha y en el nacional. Y esa misma complejidad puede facilitar la vida a la alcaldesa.

Y es que BComú ya estuvo gobernando en solitario casi un año, hasta la firma del pacto ahora roto con el PSC, en mayo de 2016. Hasta esa fecha, Colau recurrió a la aritmética parlamentaria para aprobar sus proyectos, obteniendo en ocasiones el apoyo de los propios socialistas, de la CUP o de ERC -en el eje social-, o de cupaires, postconvergentes y republicanos -en cuestiones más relacionadas con el hecho nacional-.

Tras la ruptura del pacto con los socialistas, no cabe esperar -al menos, a corto y medio plazo- demasiado apoyo del grupo de Collboni a las políticas de la alcaldesa. Pero esto puede, a la vez, facilitar un acercamiento a ERC, que ha mantenido unas relaciones no precisamente buenas con Barcelona en Comú durante buena parte del mandato, tras no fructificar en 2015 las negociaciones para entrar en el gobierno municipal.

El susto de los presupuestos

Aunque la aritmética favorece a Colau, no le garantiza evitarse dolores de cabeza. En diciembre, toda la oposición se puso de acuerdo para tumbar sus presupuestos, primero en comisión, luego en comisión extraordinaria y, finalmente, en el pleno. Y estos solo pudieron ser aprobados en enero, tras arriesgar Colau la alcaldía en una cuestión de confianza, y al no poderse formar una mayoría alternativa -lo que prorrogaba automáticamente las cuentas-.

Para proyectos menores, Barcelona en Comú puede seguir recurriendo a la amplia discrecionalidad que permiten los decretos de alcaldía. Pero no es descartable que busque más estabilidad con una nueva alianza para lo que queda de mandato. Quizás, apoyándose en la izquierda -ERC y la CUP-. Y estos posibles nuevos pactos no serán ajenos a lo que ocurra el 21D en el Parlament, y al papel que puedan jugar los comunes entre los bloques independentista y unionista.