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El salto de Susana Díaz a Madrid abre el melón de su relevo en Andalucía

La dirección regional inicia un acercamiento a los críticos para apaciguar el partido antes de las primarias y lograr una candidatura de unidad. La sevillana ve compatible liderar la Junta y el partido a nivel federal y sopesa si nombrar a un sustituto de transición hasta las generales.

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La secretaria general del PSOE andaluz y presidenta de la Junta, Susana Díaz, durante su intervención en un acto de partido que conmemora el décimo aniversario de la aprobación de la Ley de Dependencia. EFE

La secretaria general del PSOE andaluz y presidenta de la Junta, Susana Díaz, durante su intervención en un acto de partido que conmemora el décimo aniversario de la aprobación de la Ley de Dependencia. EFE

SEVILLA.- La dirección del PSOE andaluz ha iniciado un acercamiento a los críticos, dentro y fuera de Andalucía, para intentar apaciguar el partido antes de las primarias socialistas de la primavera que viene. Las aspiraciones de Susana Díaz no pasan por liderar un PSOE roto, sino un partido unido que, hoy por hoy, no existe. Las conversaciones con los críticos se están produciendo en todos los estamentos orgánicos de la formación y en todas las instituciones públicas: desde alcaldías y diputaciones provinciales hasta dentro del Congreso y el Senado.

El objetivo es lograr una “candidatura de unidad” para evitar ese “choque de trenes” que temen algunos barones socialistas, como el extremeño Guillermo Fernández Vara o el valenciano Ximo Puig. No es que el PSOE andaluz quiera desactivar o descafeinar las primarias para elegir al próximo líder, como denuncia la oposición interna más dura con Díaz. La cuestión es que la federación más poderosa del partido teme que el cónclave socialista no resuelva el problema más enquistado, que no es la falta de secretario general, sino la profunda grieta que divide al partido en dos.

La ejecutiva del PSOE-A ha pedido a los ocho secretarios provinciales que “tomen el pulso” a los críticos en sus territorios para distinguir a los “irrecuperables” -aquellos que profesan un rechazo visceral a Díaz, en su mayoría excargos públicos que fueron apartados- de otro sector “menos beligerante”, en el que se ubican los “sanchistas desencantados” que han perdido la confianza en Pedro Sánchez.

Aquellos que se engloban ahora bajo el sobrenombre de “socialistas críticos de Andalucía” representan una amplia amalgama de sensibilidades, cuyo común denominador es más el cabreo por la crisis que atraviesa el PSOE y su rechazo a la Gestora que la defensa de un objetivo común. Ni los exsanchistas ni las plataformas de críticos tienen candidato alternativo a Díaz o a Sánchez. No existe, por ahora, tercera vía, y la federación andaluza ha dejado de preocuparse de las aspiraciones del exlíder socialista para vigilar los movimientos del exlehendakari Patxi López como posible rival a batir.

“Díaz no quiere ser elegida secretaria general del partido con menos del 70% de los votos de la militancia socialista. Empezaría con mal pie, dañaría su liderazgo y cerraría en falso la crisis”, dice un miembro de la ejecutiva del PSOE-A

Claro que para los críticos, esa búsqueda de la unidad previa al congreso esconde “un intento de desactivar las primarias para que la presidenta andaluza sea elegida por aclamación”. “Susana Díaz es experta en ganar los congresos del PSOE antes de que se celebren los congresos, y eso no lo cambia el que ahora sean primarias abiertas a la militancia”, dice un reconocido crítico de la sevillana.

Díaz lleva meses tejiendo alianzas internas y cree contar con la gran mayoría de los barones socialistas, con el apoyo explícito del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, y con la confianza prudencial de Felipe González. Su círculo más próximo defiende que la sevillana ganaría de largo las primarias, pero le preocupa que no termine ahí la división interna y que se prolongue el cisma que divide al PSOE. “Susana Díaz no quiere ser elegida secretaria general del partido con menos del 70% de los votos de la militancia socialista, eso no tiene antecedentes en esta formación. Empezaría con mal pie, dañaría su liderazgo y cerraría en falso la crisis”, dice un miembro de la ejecutiva del PSOE-A.

La candidatura de Susana Díaz a la secretaría general del PSOE (aún no oficial) inició el pasado viernes en Jaén un camino de no retorno, lanzada por el entusiasmo congénito del expresidente Zapatero y por más de 3.000 militantes socialistas. Pero la presidenta maneja sus tiempos y quiere primar la recuperación interna del partido, esto es, el acercamiento de oficialistas y críticos, antes de postularse oficialmente. No dará el paso definitivo hasta que se inicie de verdad la carrera.

El comité federal del 14 de enero pondrá fecha al congreso federal que, según los estatutos, tiene que convocarse dos meses antes de su celebración. Algunas fuentes barajan que se convoque en abril para el mes de junio. Con este calendario, hay quien alienta a Díaz a anunciar su candidatura ya en enero, “y dejar de prolongar la incertidumbre, que sólo le resta credibilidad y liderazgo”, y otros que la aconsejan “no ser la primera en desenfundar”. “Llegados a este punto, ya da igual esperar cuatro meses más.

No es bueno ponerse nerviosos a última hora”, advierten estas fuentes. Con el congreso en junio, Díaz tendría el verano de por medio y la segunda mitad del año 2017 (con una nueva negociación de Presupuestos Generales) para reunificar al PSOE y abordar su relevo en Andalucía.

Nombres de sustitutos

En efecto, el problema de Díaz es que en cuanto dé el paso adelante habrá abierto su relevo al frente del Gobierno andaluz. A pesar de las muchas voces que le aconsejan lo contrario, la sevillana se ve capaz de compaginar el liderazgo del PSOE federal con la presidencia de la Junta, pero no por mucho tiempo. Su designación como secretaria general del partido precipitará dos relevos en Andalucía, uno orgánico y otro institucional: primero tendrá que ceder el mando de la federación del PSOE en Andalucía a una persona de confianza y con experiencia orgánica, un puesto para el que se barajan dos nombres, el del secretario provincial de Jaén, Francisco Reyes (el más asentado de los ocho líderes provinciales) y la dirigente del partido en Sevilla, Verónica Pérez (por mantener el poder orgánico en la capital andaluza, epicentro del susanismo, y por su afinidad personal con la presidenta).

También se ha barajado el nombre del secretario de Organización del PSOE, Juan Cornejo, veterano del socialismo andaluz al que en los últimos tiempos le ha tocado lidiar la peor crisis interna que ha vivido el partido en décadas y sobreexponerse en público para tapar las intrigas que Díaz hacía por detrás. Cornejo parece estar de salida, se ha autodescartado de la terna para sustituir a la sevillana al frente del PSOE-A, pero no sería extraño que tomara las riendas de forma provisional unos meses, entre el congreso federal que elegiría a Díaz secretaria general y las posteriores primarias que tendrán lugar en Andalucía para designar al nuevo líder regional.

Otro nombre que ha sonado como posible sustituto, con mucha experiencia orgánica (líder del PSOE de Huelva entre 2008 y 2012), y que proviene de la misma escuela de Juventudes Socialistas que Susana Díaz, es el actual portavoz del PSOE en el Parlamento andaluz y, a la sazón, portavoz de la Gestora socialista, Mario Jiménez. Con un perfil tan duro y un discurso tan agresivo como lo era el de la sevillana antes de entrar en el Gobierno andaluz e imbuirse del manto de la responsabilidad institucional.

El expresidente José Antonio Griñán delegó el poder orgánico en ambos, a partes iguales, y finalmente eligió como sucesora a Díaz en detrimento del onubense. Ésta desposeyó a Jiménez del cargo de vicesecretario general, pero lo mantuvo cerca, en la portavocía del Parlamento, evitando que su frustración se tornara en rivalidad, como le ocurrió a otros en el partido. Luego Díaz ha ido ampliando la confianza en Jiménez, uno de los cinco hombres de su estrecho círculo de asesores, encargándole el papel que menos le cuesta representar: azote de la oposición, venga de fuera o venga de dentro del PSOE. El nombre de Jiménez también ha sonado como posible sustituto de Díaz en la presidencia del Gobierno andaluz, aunque la sevillana recela de nombrar a alguien con tanta ambición como él, con poca paciencia y cierto déficit en el diálogo con el adversario.

El presidente Mariano Rajoy podría disolver las Cortes en primavera y convocar elecciones si no logra aprobar los próximos Presupuestos Generales

De la posible terna de relevos, Jiménez es el único con un liderazgo claro y con un perfil lo suficientemente sólido como para pilotar un transatlántico como el PSOE-A o el Ejecutivo andaluz. El resto de nombres que suenan están ya en el gabinete de Susana Díaz: la consejera de Hacienda, María Jesús Montero, es la más veterana del Gobierno (estuvo con Chaves y con Griñán), tiene un conocimiento profundo de la Administración y se le reconoce su capacidad de gestión y de diálogo (es médica de profesión y fue titular de Sanidad muchos años). El otro posible candidato es el consejero de Turismo, Francisco Javier Fernández, muy amigo de la presidenta, pero con un perfil político y de gestión más bajo.

Tanto Montero como Fernández, por edad, mantendrían la renovación generacional que supuso el paso de Griñán a Díaz. El otro nombre posible es el del vicepresidente de la Junta, Manuel Jiménez Barrios, número dos del Ejecutivo, y otro de los hombres del círculo de confianza de la presidenta. Jiménez Barrios suele tomarse a broma las especulaciones sobre su persona, cumplirá 60 el año que viene y su designación se entendería como una presidencia interina, que le serviría a Díaz para asentarse en Madrid y contar con más tiempo para buscar un relevo real en Andalucía. Pero ese tiempo podría servir a los críticos, ahora diseminados, para montar una candidatura alternativa de cara a las futuras primarias.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la rueda de prensa en la residencia del embajador español en la ONU. EFE

El hecho de que no haya un delfín claramente visible en Andalucía no es casual. Susana Díaz ha ejercido un hiperliderazgo tanto en el PSOE-A como en la Junta, encarando en primera línea tanto los logros como los golpes que ha recibido su Administración. En las intrigas internas del partido ha estado más protegida por su número dos, por su portavoz en el Parlamento e incluso por otros barones socialistas, que han exteriorizado más que ella su rechazo a la dirección de Pedro Sánchez.

Ahora que el runrún sobre su candidatura a liderar el partido se ha hecho tan evidente, la presidenta tiene que trazar una hoja de ruta para delegar poder en el plazo de año o año y medio. Quienes la conocen bien aseguran que “apurará el máximo tiempo posible”, compaginando la secretaría general del PSOE con la presidencia de la Junta, hasta ver al partido unido y recompuesto del todo, o al menos lo suficiente como para retirar el apoyo al PP y prepararse para nuevas elecciones. El problema es que esta vez ella no maneja todos los tiempos ni todas las variables dependen de su Gobierno y de su partido.

2017 será un año cargado de incertidumbres que se escapan al control de Díaz, empezando por que el presidente Mariano Rajoy podría disolver las Cortes en primavera y convocar elecciones si no logra aprobar los próximos Presupuestos Generales. La paradoja es que los socialistas necesitan tiempo para recomponerse y el tiempo lo conseguirán en la medida que dé mayor o menor estabilidad a Rajoy, por de pronto, facilitándole la aprobación de sus cuentas.

Más complejo aún será el debate territorial: el 17 de enero será la Conferencia de Presidentes autonómicos en la que previsiblemente se abrirá el melón de la reforma del modelo de financiación autonómica. Sería complejo para Díaz participar en ese debate si tiene que articular los intereses de Andalucía con la posición del PSOE para toda España (más aún teniendo en cuenta que las relaciones entre PSOE y PSC aún están por resolver). La presidenta de la Junta se ajustará a la Declaración de Granada de 2013, el documento que los socialistas se dieron para definir el modelo de Estado federal y la reforma constitucional. El PSC también se atiene a ese documento, pero en torno a él hay múltiples interpretaciones dentro del partido, y no todas encajan entre sí.