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Sánchez topa con el muro de Ciudadanos en su segundo intento de echar a Rajoy

Ahora encuentra mejor disposición en Podemos y más reticencias en la formación naranja, y guarda la bala de la moción de censura

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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (i) en la tribuna de invitados del hemiciclo. /EFE

La película política que se ha protagonizado esta semana en el Congreso de los Diputados ya se vio en febrero de 2016, con los mismos protagonistas, similar argumento e igual escenario.

Hace ya diecisiete meses que el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez; se reunió por separado con el líder de Podemos, Pablo Iglesias; y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, buscando la quimera de alcanzar la investidura que le llevara a La Moncloa.

Sánchez estaba convencido de que habría acuerdo entre lo que él denominaba las fuerzas del cambio para desalojar del Gobierno al Partido Popular, y se empleó a fondo con la estrategia de buscar los puntos de encuentro que unían a las tres formaciones políticas, tal y como vuelve a intentar ahora.

Para sorpresa de muchos, Sánchez lo logró con Ciudadanos firmando un ambicioso acuerdo, sobre todo en el ámbito de la regeneración democrática que, además, fue ratificado ampliamente por las bases del PSOE. Pero chocó contra el muro de Podemos y, más concretamente, de Pablo Iglesias, que nada quería saber de ir de la mano de la formación naranja, y en ningún momento dio muestras de querer el entendimiento.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. EFE

Esta semana, por el contrario, se ha evidenciado que han cambiado las estrategias de Ciudadanos y Podemos. En las reuniones de Sánchez con ambos líderes, se ha comprobado que el partido de Pablo Iglesias tiene ahora más voluntad de llegar a consensos y de alcanzar vías de entendimiento con el PSOE para desmantelar las políticas del Partido Popular, aunque no oculta que su fin principal es echar cuanto antes a Mariano Rajoy del Gobierno. Iglesias hasta tuvo la deferencia en la reunión de no presionar a Sánchez con la presentación inmediata de otra moción de censura, y aceptó ir paso a paso.

Por su parte, Ciudadanos sí mostró su cara amable, pero en esta ocasión trazó más líneas rojas. Nada que hablar con Podemos, negociaciones sólo en el ámbito bilateral, ninguna cesión en política económica y casi nulas posibilidades de que pueda sumarse a una hipotética moción de censura. Rivera sólo se apunta a negociar medidas de regeneración democrática y la reforma de la ley electoral –en esto, paradójicamente, está más cerca de Podemos que del PSOE-, pero dio a entender que no tiene ninguna intención de propiciar un cambio de Gobierno.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en una de sus antiguas reuniones del pacto de investidura post 20-D. Archivo EFE

Sánchez, que todavía no ha dado su opinión sobre ambos encuentros, es quien sigue con la misma estrategia que empleó en la investidura: ir buscando lo que une a las tres fuerzas políticas, conseguir sacarlo adelante y empezar a generar, de verdad, un clima de confianza e, incluso, de complicidad.

Ése es el primer objetivo del líder socialista, para el que no se ha marcado plazo de tiempo. No forzará las cosas y no se arriesgará a una moción de censura fallida, como ha dicho ya en varias ocasiones. Pero, eso sí, de darse las circunstancias Sánchez no dudará en dar el paso adelante, porque la bala la tiene bien guardada en la recámara.

Mientras tanto, como en la película de “Atrapados en el tiempo”, volverán a reunirse esta semana los equipos de las tres formaciones, de forma bilateral, para ir consensuando propuestas. En lugar de Antonio Hernando (PSOE) e Iñigo Errejón (Podemos), en esta ocasión serán Adriana Lastra e Irene Montero. Por Ciudadanos, seguirá llevando el peso de las negociaciones, Juan Carlos Girauta.

Encima de la mesa temas muy importantes que, además, se quieren acelerar a nivel parlamentario para llevar este otoño un paquete importante de medidas en materia del denominado plan de rescate de la juventud, de regeneración democrática o de reformas de numerosas leyes.

En principio, Sánchez quiere que sea el germen de este entendimiento que pueda conducir a lo que, en el fondo, es su objetivo final: mandar al Partido Popular a la oposición. Pero el camino todavía se antoja largo.