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Santi Vila: “Espero no volver a prisión. Esto es 2018, y España no es Turquía”

El exconseller, que dimitió antes de la declaración unilateral de independencia, salió de prisión tras pagar una fianza de 50.000 euros y espera el juicio. Tras un tiempo de silencio y su vuelta a la empresa privada y la Universidad, este historiador y expolítico nos concede esta entrevista que es un aperitivo del libro que está ultimando, titulado 'Héroes y traidores'

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El ex conseller Santi Vila, en un momento de la entrevista.

Cité a Santi Vila en la terraza de un hotel alto madrileño para charlar tranquilos con el cielo y los tejados de la capital de fondo.

Se veía todo Madrid incluida la bandera de España mastodóntica de la Plaza de Colón, pero el viento se negó a ondearla durante esta entrevista.

¿Cómo fue estar en prisión?

En mi caso no puedo contar mucho. Yo pasé en prisión unas horas, una noche. El trato fue impecable. Todos recibimos el mismo trato que un recluso pero eso es compatible con que los altos funcionarios de las prisiones en las que estuvimos se interesaron por nosotros, nos vinieron a saludar... Y este trato me lo dispensaron a mí y al conjunto de los exconsellers que estábamos recién ingresados en prisión. En cualquier caso, es una experiencia que yo no le deseo a mi peor enemigo. La privación de libertad es el más terrible castigo que se puede recibir hoy en día.

¿Qué se le pasó por la cabeza esa noche?

Pues… ¡Cómo hemos llegado a este punto! Recuerdo que las primeras horas en la celda, en el calabozo de la audiencia nacional, pensaba ¿Qué hace un tío como yo en un sitio como éste? Y al decir yo, es decir, un ciudadano que sus grandes delitos han sido el exceso de velocidad o no pagar la zona azul el tiempo adecuado. ¡Cómo de nuevo España y los españoles hemos sido incapaces de valorar todo lo que habíamos conseguido y lo volvemos a poner en riesgo! Es una fatalidad histórica. ¿Qué diferencia a España de los países de nuestro entorno? Pues que cada dos o tres generaciones sentimos como una necesidad irrefrenable de volver al conflicto, de volver a tortazos, de volver a usar la cabeza más para embestir que para pensar. Y, sinceramente, en la cárcel pensé que era incomprensible que hubiéramos podido llegar a este extremo.

¿Usted no teme volver a prisión? ¿no?

Bueno, la palabra temer… Yo espero no volver a prisión. Formo parte de la misma querella que los otros exconsellers y la fiscalía hace acusaciones muy graves. Creo que el delito de rebelión y sedición no tiene ningún recorrido y que tampoco lo tiene el de malversación, honestamente. Porque a mí no me consta que ni un solo euro de la administración se dedicara al 1 de octubre. Seguro que en mi departamento no se dedicó y con mis compañeros, con los que hablábamos esas cuestiones, creo que tampoco se podrá acreditar que ha habido. Yo finalmente confío en el estado de derecho y quiero pensar que si nos defendemos bien, que si argumentamos bien, que si explicamos cómo han ido las cosas… Bueno esto es 2018 y España no es Turquía, con todos mis respetos para Turquía.

¿Usted entiende que Junqueras, Forn y los Jordis estén en prisión a día de hoy?

“El caso de Forn es terrible porque era un hombre que intentaba contener los desvaríos de algunos de los compañeros”

No. Creo que es una exageración, que hay una desproporción en este tipo de medidas preventivas. Conozco especialmente a Joaquín Forn, que en aquellas semanas difíciles era uno de los consellers moderados. Así como había otros un poco más alborotados por decirlo suave; más partidarios de especular, incluso de imaginar situaciones casi cómicas. No hay que entrar en detalles. El caso de Joaquín es terrible porque era un hombre que intentaba contener los desvaríos de algunos de los compañeros. Lo que es compatible con que Joaquín Forn siempre ha dicho que es independentista pero bueno, esto, en una democracia madura, tiene que ser respetable.

¿Se pueden calmar los ánimos en estas circunstancias?

Hasta que no consigamos que el terreno de juego sea practicable, que no tengamos gente en el exilio, entre comillas, o gente en prisión, es muy difícil hacer política serenamente, con un espíritu de reconciliación porque inevitablemente hay una herida abierta y yo he tenido contacto con algunos de los familiares que tienen en estos momentos a su marido en la cárcel y no tienes palabras porque dices no, no, no es inteligible para gente ya de nuestro perfil…

¿Usted entiende al señor Puigdemont?

Yo entiendo que es un hombre que intenta jugar sus últimas cartas. Él sabe que las cosas no han salido bien y supongo que su apuesta es que en algún momento la comunidad europea, la comunidad internacional ponga su atención sobre lo que está pasando aquí y procure algún tipo de mediación que permita la reconciliación. Supongo que éste es su planteamiento. Hace mucho que no hablo con él.

En su opinión, ¿habría que seguir intentando que sea él el President?

En mi opinión, en esta legislatura lo último que hay que hacer es ratificar decisiones previas. Lo que hay que hacer es rectificar. Creo que la ciudadanía, más allá de lo que haya podido votar en las últimas elecciones, lo que quiere es que se encauce este conflicto por fin, que superemos este momento que no nos merecemos nadie. Creo que ni España, como sociedad avanzada, como democracia madura, ni Cataluña, ni los catalanes, ni el conjunto de los españoles nos merecemos este conflicto institucional que pone por los suelos todo lo que se ha construido los últimos cuarenta años.

Se lo pregunto de otra manera ¿Usted cree que ha llegado el momento en el que Puigdemont tiene que dar un paso atrás?

Bueno, yo creo que a efectos prácticos ya lo ha dado. Si analizas su comportamiento estas últimas semanas es evidente que él ha tomado conciencia de que en el mejor de los casos le queda por jugar el papel de autoridad moral y que lo que corresponde es que la realidad se vaya abriendo camino y que haya nuevos interlocutores. El president del parlament de Cataluña en el fondo ya está en esta línea. Oiga, esto tiene que seguir. No podemos llevar la situación al colapso y en consecuencia yo creo que todos deberemos ayudar, cada uno desde su posición, a que poco a poco se vayan encauzando las cosas.

¿Podrían llegar a repetir elecciones?

Yo creo que no pero igual me lo hace creer más el deseo. Creo que hay muchos diputados en todos los partidos, incluso soberanistas, que se dan cuenta de que esto no da más de sí. Y que hay que superar esta etapa y hay que mirar hacia delante sin renuncias pero haciendo una gran autocrítica… Porque es evidente que se han defendido unas ideas de una forma incorrecta.

Usted afirmó que el discurso del rey había sido “una agresión verbal”. No ayudó, ¿no?

Sobre el papel del Rey en Cataluña: “Si eres tan despiadado, en el sentido más cristiano de la palabra, enquistas el problema”

Yo soy un político que viene de la provincia de Girona, donde existía la Fundación Princep de Girona. Y allí somos muchos los políticos que, con toda la humildad, intentamos ayudar también a construir una imagen del Rey vinculada a lo moderno, a los valores de juventud, de emprendeduría, en definitiva, de modernidad. Y por lo tanto, también confiábamos -no digo que esto no pueda cambiar- pero confiábamos en que la figura del Rey sería sobre todo ponderadora, moderadora. […] Esto no fue así y en aquel momento tan tenso el Rey, por razones de Estado que él debió valorar, tomó partido. Esto, que puede ser comprensible desde el punto de vista político, creo que fue desolador, desde el punto de vista del estado de ánimo de los sectores catalanistas, incluso de los más moderados. Hombre, si ya ni el Rey es empático con la constatación de que aquí hay un problema y que es un problema que no solo se arregla con la fuerza de la ley o con la ley de la fuerza, como pasó en algún momento… Dicho de otro modo, cuando dos millones de personas están tan motivadas, tan movilizadas, con sus lazos amarillos, con sus manifestaciones reiteradas continuas, familias que han dejado estas navidades una silla vacía con un lazo porque simbólicamente se sienten vinculadas a todo esto… Cuando dos millones de personas están en este estado emocional la interpretación no puede ser tan simple: están abducidos, han enloquecido, todo el mundo aquí está embriagado… A mí esta explicación me suena insuficiente. Hombre, ¿por qué no te agarras a las oportunidades más moderadas, más matizadas…? Si eres tan despiadado, en el sentido más cristiano de la palabra pues bueno… enquistas el problema.

Elsa Artadi, ¿cómo le suena como presidenta?

Como Presidenta no lo sé. Lo que sí sé es que es una mujer muy sólida, solvente, con una formación impecable. […] Pero de aquí a ser la candidata a la presidencia… Yo no sé si ella misma se siente con fuerzas y en condiciones pero los ha habido y quizás los habrá mucho peores. Ja, ja, ja… Creo que podría haber opciones que podrían ser francamente peores.

Y no me va a dar ningún nombre, claro…

Lo digo por el perfil que tiene. Más allá de que sea o no Elsa Artadi lo que es muy importante es aprender la lección de la legislatura anterior, no volver a redundar en esos errores. Otra cosa es el discurso retórico que se pueda hacer desde Bruselas o desde donde se quiera. Pero a efectos del gobierno de la Generalitat, de sus instituciones, de sus gobernantes, hay que volver hacia atrás.

Usted fue el último que intentó parar el choque de trenes, dicen muchos y, por un lado, el PdeCat le abrió un expediente y, por el otro, estuvo en prisión. ¿Le castigaron ambos bandos?

Bueno, Jordi Amat, por ejemplo, escribió en un libro sobre el proceso que yo he acabado siendo como el chivo expiatorio. […] Yo creo que el expediente que en su momento abrió el PdeCat en contra de mi persona va a quedar en nada. Pienso. Es una especulación. No sé si ahora que voy a publicar un libro, esto va a ser nuevo motivo de controversia… Porque al final yo creo que los partidos tienen que comprender que tienen que respetar muchísimo a sus simpatizantes, a sus votantes y también a sus electos, que se deben a su propia conciencia personal, más allá de un programa electoral de fondo. Y yo tengo la conciencia tranquila de haber sido muy leal a la Generalitat, al Govern de la Generalitat pero también muy respetuoso con las instituciones. En mi opinión, si se hubiera seguido mi camino y no el camino que se acabó tomando, uno unilateral, ahora no habría tantas familias rotas en el terreno de la política, teniendo a sus maridos y a sus esposas en el exilio o en la cárcel. No estaríamos todos sufriendo tanto. Porque es evidente que en España, y especialmente en Cataluña, esta situación es terrible, es desoladora. Yo creo que fue un gran disparate injustificable. Tuvieron miedo total de la presión que se les ejercía desde las redes sociales. Esto es una pena. Es muy impropio de un político de altura.

¿Usted cree que Puigdemont toma la decisión que toma por que le apretaron en las redes sociales?

Sobre las últimas de Puigdemont al frente de la Generalitat: “fue un gran disparate injustificable. Es muy impropio de un político de altura”.

Bueno, yo creo que hubo una combinación de factores. Éste es uno, sin ningún tipo de duda. Como también influyó que, en el momento extremo, no hubo maneras de disponer del compromiso explícito por parte del presidente Rajoy de que si se convocaban elecciones no habría 155. Este compromiso, que tácitamente estaba acordado, no hubo maneras de publicitarlo. Esto nos hubiera ayudado. Tampoco ayudaron nada, en aquellas circunstancias, los socios de ERC, que pasaron de no compartir pero respetar la decisión de convocar elecciones a explícitamente advertir que si Puigdemont convocaba elecciones abandonarían el gobierno y le tildarían de traidor como hicieron o de cobarde, como hicieron.

Entonces, ¿Puigdemont no se fió del compromiso verbal del gobierno de no aplicar el 155?

Yo creo que el 155 no se hubiera aplicado, entre otras cosas, porque para el presidente Rajoy no era una opción aplicarlo si nosotros convocábamos elecciones autonómicas. Y había tanta gente relevante, desde el punto de vista de su liderazgo moral, de su autoridad moral, implicada en la negociación que hubiera sido inviable, construir un relato alternativo. El propio lehendakari Urkullu estaba intermediando, mediando…Incluso sectores vinculados a la Iglesia Católica con responsabilidades muy importantes estaban también implicadas, sectores vinculadas a la empresa o a la banca… Se implicaron muchísimo. Es decir, éramos tantos los conocedores de las conversaciones y de los acuerdos tácitos que habíamos suscrito…

Para parar la DUI, obviamente.

Exactamente. Y el compromiso era en resumen: alto el fuego. Ninguna decisión unilateral. Ni por parte de la Generalitat -ni hablar de Dui- ni por parte del gobierno de España. Si hubiéramos ganado algunas semanas, si hubiéramos convocado elecciones autonómicas, yo creo que ahora estaríamos en un punto quizás similar pero explícitamente comprometidos con la idea de la rectificación. De la rectificación en Barcelona y, en mi opinión, también de la rectificación de dos pecados que se han cometido por parte del gobierno de Rajoy: el inmovilismo, sin ningún tipo de duda y también un cierto ninguneo. Bueno, esto al final, esto acabará en nada…Yo creo que éste ha sido un error gravísimo: no tomarse en serio lo que estaba pasando en Cataluña, que ha sido muy grave como se ha visto.

¿Había gente del gobierno intentando también parar los trenes? Se habla mucho de Ana Pastor y de usted porque hay una amistad pública, digamos. ¿Pero había más gente en el gobierno tratando de hacer lo que usted hacía en la Generalitat?

Sin ningún tipo de duda. Tanto en Barcelona como en Madrid. Algunas por orden de Puigdemont, otros por iniciativa propia… Si tenían una buena agenda pues usarla. Y eso yo creo que les honraba. Y tengo absoluta certeza de que hubo muchos ministros que se implicaron en tratar de explorar caminos de solución. […] Y también había una convicción de que en la historia de España ha habido muchos momentos en que pasar de la tragedia al vodevil ha ido de un paso y esto que ahora lo contamos llorando, emocionados porque es terrible, fue de un paso. Si hubieran tomado la posición que, por ejemplo, yo abonaba ahora nos lo tomaríamos un poco a risa y estaríamos hablando de si reformamos esta ley o el marco de convivencia.

No me dice nombres en el gobierno. Me dice que había ministros pero no me da ningún nombre…

“La juez Lamela intentó tirarme de la lengua: “¿Usted con quién hablaba?”

Soy un hombre muy discreto. De esto incluso la jueza Lamela intentó un poco tirarme de la lengua: ¿Pero usted con quién hablaba? Pues hablaba con quien tenía que hablar. Y si en política eres de un perfil negociador sabes que la discreción siempre es un valor.

¿Ser moderado era lo peor que se podía ser en esa época?

Sin ningún tipo de duda. En estos momentos la moderación no ha encontrado su espacio. No digo que no exista pero no tiene un espacio político que la represente. Es un momento político muy polarizado. Tienes que tomar partido y los intentos que ha habido -que los ha habido en algún partido de ponderar, de moderar un poco, han recibido una bronca monumental. Fíjate que hoy en Madrid Ciudadanos y el PP compiten por ver quien le da más fuerte al catalanismo y allí, ERC y JxCat también compiten por quien es más fiel al legado, como si fuera muy valorable, de la legislatura anterior. Es decir, que es una dinámica muy maniquea.

Lo que pasa es que la polarización electoralmente funciona…

Exactamente. Y me temo que en un mundo de posverdad como en el que vivimos, donde no siempre puedes acceder a la información desde el rigor, desde la objetividad, desde el contraste, esto es especialmente delicado y perjudicial para la democracia. Creo que somos aprendices de mago todavía en relación a las redes sociales y, en este sentido, hay tantos y tantos ciudadanos que creen estar informados y bien informados porque siguen a tres o cuatro líderes en twitter… Esto yo creo que es uno de los talones de Aquiles de la democracia nuestra y del conjunto de Occidente.

A usted, en aquellos momentos, le daba miedo una explosión de conflicto en la calle, habló de eso en varias ocasiones públicamente, ¿por qué no ocurrió, en su opinión?

“La sensatez que algunos políticos no tuvieron la ciudadanía la tuvo”

A veces se ha comparado los episodios ocurridos en septiembre pasado con la experiencia republicana de 1934 o de la guerra civil. Es diametralmente distinto. Una de las diferencias sustanciales es que hoy todo el mundo tiene mucho que perder. Y yo creo que la sensatez que tal vez algunos políticos no tuvieron la ciudadanía la tuvo. Y eso era muy evidente. Las semanas previas al desenlace del conflicto, algunos lo advertíamos continuamente. ¿No veis que la vida se abre camino? Que la gente está planificando si el fin de semana va a ver a los suegros, a esquiar, o a no sé donde, y ven como sus niños progresan… Yo creo que había un decalaje brutal entre la realidad vivida por la ciudadanía, por las empresas y un cierto relato virtual construido desde la política que, evidentemente, cuando llegó a su extremo se quedó solo y nadie le siguió, afortunadamente.

Usted va a publicar dentro de muy poco un libro que se llama “Héroes y traidores”, ¿qué le han llamado más?

Pues, sin ningún tipo de duda, esta última etapa he pasado seguramente más por traidor que por héroe, evidentemente, aunque también hay gente que no se atreve a decírtelo en público pero te da las gracias en privado por haber sido honesto con mis convicciones.

¿Hay algún traidor en esta historia?

Traidor es una palabra incómoda, injusta y desproporcionada. En el libro procuro retratar algunos perfiles, que constatas con su comportamiento, que en algún momento fueron grandes hombres de estado y en algún momento fueron pobres diablos. ¿Pero cómo fuiste tan pobre de dejarte influenciar por esta gente que solo hacía ruido? O por no tener la solera, la fortaleza moral de resistir… ¿Esto es ser un traidor? No. Es la debilidad de personas que quizás estaban allí por accidente. Algunos de los principales actores políticos que han vivido este proceso, te das cuenta de que pasaban por allí.

“¿Esto es ser un traidor? No. Es la debilidad de personas que quizás estaban allí por accidente”

Ahora que está tan mal visto esto del ejercicio de la actividad política, quizás una de las lecciones a aprender es que tener perfiles solventes y un poco profesionales, en el mejor sentido de la palabra, es decir, no solo idealistas y poetas, si no también políticos pragmáticos que sean conscientes de lo que llevan entre manos, es una cosa que, preventivamente, nos podría ayudar.

Y una última pregunta ¿cómo ve los toros desde la barrera? Ya sé que es una pregunta muy muy rara para un catalán pero ¿aliviado?

Ja, ja, ja. Creo que te mentiría si dijera que aliviado. No consigues liberarte de esta pasión, ¿no?

Usted quiere volver, ¿verdad?

Bueno, el futuro no está escrito.