Público
Público

Segundo asalto para tumbar a Mariano Rajoy

La gestión del caso Gürtel y la guerra de poder en Madrid someten a un nuevo examen de autoridad al líder de los conservadores

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

El líder del PP, Mariano Rajoy, está inmerso en una batalla interna que le suena de algo. Como si un día de estos, al despertarse, el tiempo le hubiese devuelto a los meses previos a junio de 2008, cuando el XVI Congreso Nacional de su partido le reeligió presidente. A esa etapa en la que un sector del PP, jaleando la posibilidad de que la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, o el diputado Juan Costa presentaran candidaturas alternativas a la de Rajoy, dejó al descubierto las dudas sobre la capacidad de liderazgo de su jefe de filas. De aquel asalto, el líder del PP salió vivo. Pero herido.

Desde hace varios meses, el jefe de la oposición intenta, entre sobresaltos permanentes, llevar las riendas de un partido que, a cuenta del caso Gürtel, se le deshace por Madrid y por Valencia. En este periodo, los rivales internos y mediáticos de Rajoy han vuelto a ponerse los guantes de boxeo. Llega el segundo asalto, en el que repiten algunos de los actores del primero, como la propia Aguirre, Costa y el ex presidente José María Aznar, con sus continuos llamamientos a la necesidad de un liderazgo firme.

El líder del PP tiene ante sí un escenario peor que tras la derrota de 2008

Al tiempo, se han sumado nuevos actores. El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, ha perdido el papel del fiel escudero de su jefe para plantarle cara desde Valencia. Y en Madrid, Aguirre y el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón han elevado los decibelios de su ya clásico enfrentamiento provocando la indignación del resto de dirigentes conservadores que parecen haberse unido bajo el lema 'El PP es algo más que Madrid'. El resultado es que nadie en el partido duda de que Rajoy se la vuelve a jugar.

Público repasa las similitudes y diferencias de los dos momentos más difíciles a los que se ha enfrentado Rajoy como presidente del PP.

En el PP hay quien sostiene que Aguirre, Costa y Aznar han entrado de nuevo en escena porque las heridas del congreso siguen abiertas. Como aglutinador de estas posturas, la derecha mediática regresa con fuerza para tomar partido.

Aunque por motivos diferentes, Aguirre sigue siendo uno de los dolores de cabeza de Rajoy. En 2008 jugó al despiste. Amagó con presentar una candidatura a la presidencia del PP. No lo hizo. Pero, al igual que ahora, su ejército de fieles estuvo a la altura de las circunstancias, preparando el terreno por si 'la jefa', como la llaman, daba el salto. Nadie en el PP olvida cómo Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad, acusó a Rajoy en un Comité Ejecutivo Nacional de tener al partido 'sin dirección'.

El PP madrileño presiona a Génova para que castigue a Manuel Cobo

Ahora la bronca tiene como escenario el proceso de renovación de Caja Madrid. Rajoy ha cerrado un acuerdo con Rodrigo Rato para que el ex vicepresidente del Gobierno se ponga al frente de la cuarta entidad financiera española. Pero Aguirre quiere que sea González el que ocupe el sillón que deje vacante Miguel Blesa. En los últimos meses Rajoy ha intentado en más de cuatro ocasiones que la presidenta diese su brazo a torcer. Pero no está dispuesta. Además, es ella la que tiene la última palabra sobre el futuro de la caja.

Desde que el pasado lunes el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, cargara contra la presidenta en una dura entrevista en El País, ésta ha decidido apretar aún más las tuercas a Rajoy. Su mensaje ha sido claro: todo acuerdo sobre Caja Madrid queda en suspenso hasta que el partido sancione a la mano derecha de Gallardón. Independientemente de lo que suceda con Cobo, en el PP tienen claro que González no puede ser presidente de la entidad. 'En un momento económico tan delicado no puede ponerse a cualquiera al frente de una caja sólo porque se le ponga en las narices a Aguirre', comenta un veterano diputado.

Rajoy responde a los escándalos con un 'actuaremos cuando toque'

Juan Costa no es uno más entre los 153 diputados del PP. Ex ministro, se encargó de coordinar el programa electoral del PP en 2008. Tras la derrota, otros compañeros del partido le animaron a plantar cara a Rajoy y presentarse como candidato alternativo en el congreso de Valencia. Pero Costa finalmente no dio el paso, tras percatarse de la dificultad de obtener el aval de 600 compromisarios en un proceso precongresual férreamente controlado por el equipo de Rajoy. Pero Juan Costa no se retiró en son de paz, sino recordando que el partido necesitaba 'un nuevo liderazgo'. Ahora, ha regresado con un discurso similar para cargar contra la forma en la que el partido ha gestionado la implicación de su hermano Ricardo, ex secretario general del PP de la Comunidad Valenciana (PPCV), en el caso Gürtel.

El pasado viernes, el discurso crítico de Juan Costa cobró más contundencia. Su hermano acababa de ser suspendido de militancia por su negativa a dejar de ejercer como número dos del PPCV pese a las presiones de la dirección nacional. 'Los liderazgos fuertes son fuertes con todo el mundo y no sólo con los más débiles, son liderazgos en los que no es necesario demostrar la autoridad, la autoridad se demuestra tomando decisiones', afirmó. Conclusión: que su hermano está siendo utilizado como chivo expiatorio.

Juan Costa ha reaparecido para cuestionar la autoridad de Rajoy

La mirada al pasado se ha convertido en la nota dominante de estas dos grandes crisis del PP. En este ejercicio, emerge la figura de José María Aznar.

En la etapa precongresual fueron muchas las voces en el partido que animaron al ex presidente a opinar, e incluso a regresar. Intentó mantenerse al margen. Pero en su discurso del 21 de junio en Valencia se desquitó. Primero, reivindicó la valía de la ex líder del PP vasco María San Gil y de los ex ministros Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, que marcaron distancias con el líder en los meses previos al congreso. Y después, en una etapa en la que Rajoy insistió en su voluntad de hablar 'con todas' las fuerzas políticas, Aznar recordó cómo había llegado el PP al poder en 1996: 'Primero ganamos las elecciones y, después, gobernamos con diálogo y acuerdos. Por ese orden'.

Ahora, el presidente de honor del PP y de FAES ha vuelto a dejarse ver. Diversas fuentes consultadas aseguran que 'no ha hablado para herir a Rajoy, sino por el bien del PP'. Pero sus declaraciones no han pasado inadvertidas. El pasado jueves, cuando el PP atraviesa una de las peores crisis de su historia, insistió en un acto en Barcelona en la necesidad de 'un partido cohesionado, un proyecto y no 17, y un líder'.

'Su arbitrariedad [la de Rajoy] con Costa y el manejo de los tiempos, si no soluciona los problemas rápido, avivará el debate sobre cómo ejerce su liderazgo'. El tono de este editorial de El Mundo, publicado hace un par de días no dista nada de los de este mismo diario en los meses posteriores a la derrota electoral del PP del 9 de marzo de 2008. Por aquellas fechas, intentaba marcar los pasos a Rajoy recordándole que si encadenaba una racha de derrotas en las autonómicas se le acabarían 'sus oportunidades y su liderazgo se tornará insostenible'.

Aguirre vuelve a retar a su jefe, esta vez por el control de Caja Madrid

También Federico Jiménez Losantos, en la Cope, dudó de la capacidad de Rajoy: 'Nunca se ha caracterizado por ser un trabajador a destajo'.

En el PP viven con preocupación cómo los medios que en los últimos meses les han respaldado toman partido en esta crisis. Incluso La Razón, próximo al líder del PP, sostuvo el martes que 'Rajoy debe hacer un esfuerzo de coordinación y de diálogo para evitar desgarrones internos que le debilitan'. Pero el diario no se conformó con golpear al presidente conservador. También fue a por su secretaria general: 'Se echa en falta una mayor capacidad de anticipación y sagacidad de su número dos, Dolores de Cospedal, una colaboradora leal y de gran inteligencia, pero con limitada capacidad para aunar voluntades y apagar fuegos'.

En este segundo asalto al liderazgo de Rajoy, la dirección nacional del PP tiene que hacer frente a un cambio de escenario. Los escándalos de corrupción han entrado de lleno en las filas conservadoras, sobre todo en la Comunidad Valenciana y Madrid. Y Camps ha pasado de ser el principal apoyo de Rajoy a ser el principal problema. Todo, en un contexto en el que el malestar en el partido por la guerra entre Aguirre y Gallardón es más que manifiesto y en el que otras comunidades como Castilla y León y Navarra empiezan a dar síntomas de inestabilidad.

En los meses previos al congreso de Valencia, cuando no estaba muy claro que Rajoy fuese a ser el único candidato, Francisco Camps fue el primer barón regional en posicionarse a su favor.

Aznar exige un PP 'cohesionado, un proyecto y no 17 y un líder'

Un gesto que no pasó inadvertido para Rajoy, máxime cuando el president era señalado como uno de los líderes conservadores con absoluta capacidad para hacerle sombra. Como muestra de agradecimiento, a Rajoy le tocó corresponder a su barón dando la cara por él cuando fue imputado en el caso Gürtel. Pero los continuos tropezones de Camps han hecho a Rajoy perder la paciencia. 'La relación entre Mariano y Paco está rota', alerta un dirigente autonómico.

La forma en la que ha gestionado la salida de Ricardo Costa ha sacado a Rajoy de sus casillas. Primero, por no conseguir, tal y como estaba previsto, que este renunciase a su cargo el 9 de octubre, Día de la Comunidad. Y después, al imponer a Génova, sede nacional del PP, la continuidad de Costa como secretario general del PPCV, cuando Rajoy ya lo daba por cesado.

En el PP están acostumbrados a las luchas entre Aguirre y Gallardón. 'Pero lo ocurrido esta semana no tiene nombre', se lamenta un dirigente provincial en alusión a la entrevista en la que el vicealcalde de Madrid aseguraba que, en la refriega por Caja Madrid, 'los cercanos a Aguirre han puesto a Rato en un escaparate de cloacas y ambiciones'.

Estas declaraciones han puesto en pie de guerra a otras comunidades, desde las que se quejan de que episodios como este empañen el trabajo que ellos desempeñan 'pueblo a pueblo'.

Uno de los primeros líderes regionales en quejarse en público fue el vasco Antonio Basagoiti, que exigió acabar con estos enfrentamientos antes de que los ciudadanos acaben 'hartos'. Por su parte, Ramón Luis Valcárcel, presidente de Murcia, invitó a su jefe de filas a 'llamar al orden a todos aquellos que sacan los pies del tiesto'. 'En esto hay unanimidad: el partido no puede estar a expensas de lo que ocurra en Madrid. Alguien tiene que ponerle freno', explican desde el PP de Extremadura.

Mientras arden Madrid y Valencia, Rajoy debe acudir a apagar otros incendios. El más reciente es el desatado en Castilla y León, donde el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, uno de los barones con más peso en el partido, ha retado a Rajoy a cerrar la crisis de Caja Madrid. De lo contrario, se planteará no concurrir a las autonómicas de 2011. También Navarra necesita la implicación de Rajoy. 'Desde la ruptura con Unión del Pueblo Navarro, hace ahora un año, el PP no ha resuelto su implantación en el territorio', recuerda un diputado.

Y en Baleares, la marcha de Rosa Estaràs de la presidencia del partido, ha provocado que desde dentro se exija la celebración de un congreso.

El caso Gürtel es la peor pesadilla a la que se ha enfrentado Rajoy en los últimos meses. Todo estalló en febrero de 2009, cuando varios cargos madrileños empezaron a ser investigados por su presunta relación con la presunta red de corrupción de Francisco Correa. La situación se agravó cuando la lista de implicados engordó con nombres como el del senador Luis Bárcenas o el diputado Jesús Merino. Y cuando dirigentes como Camps o Costa aparecieron entre las investigaciones de la rama valenciana. Por si esto no fuera suficiente, todavía hay una patata muy caliente sobre la mesa: un informe de la Brigada de Blanqueo de Capitales, donde se denuncia la financiación irregular del PPCV. Y eso sin pensar en los miles de folios del sumario que siguen bajo secreto.

La actitud del PP antes estos escándalos ha variado por etapas. Primero, se negaron los hechos. Más tarde, el partido optó por atacar a jueces, policías y fiscales. Y cuando el PP clamaba para que Rajoy cortase cabezas, este aplazaba cualquier decisión recurriendo a su ya célebre frase de 'actuaremos cuando tengamos que actuar'.