Publicado: 06.09.2016 21:22 |Actualizado: 07.09.2016 07:00

Los soberanistas llaman a una nueva movilización masiva en un 11-S clave para 'comunes' e independentistas

La cuestión de confianza de Puigdemont, los presupuestos de la Generalitat de 2017 o la resolución del proceso son algunas de las cuestiones claves de una Diada que, por quinto año, arrancará con una nueva demostración de fuerza del independentismo.

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La bandera estelada sujetada por los participantes en la pasada Diada. REUTERS/Albert Gea

La bandera estelada sujetada por los participantes en la pasada Diada. REUTERS/Albert Gea

BARCELONA.- Por quinto año consecutivo, el 11 de septiembre, la fiesta nacional de Catalunya, supondrá una enorme movilización independentista. En esta ocasión, el principal acto del día, organizado por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural y que se celebrará el domingo por la tarde, se desarrollará en cinco sedes: Barcelona, Lleida, Tarragona, Salt (Girona) y Berga (Barcelona).

El 11 de septiembre marcará el pistoletazo de salida de un curso político que se prevé especialmente intenso y que, si se cumple la hoja de ruta de Junts pel Sí (JxSí), podría significar la culminación del proceso independentista. Con todo, antes de llegar a este escenario deben suceder muchas cosas y superarse muchas fechas claves, las primeras de las cuáles están fijadas para este mismo mes. Además, en los próximos meses debe concretarse la confluencia estable de parte de la izquierda catalana, que impulsan Barcelona en Comú, ICV, EUiA y Podem.



Las últimas semanas han supuesto una clara reducción de la tensión entre JxSí, el partido de gobierno, y la CUP, su socio independentista. La formación anticapitalista estrenó en agosto un nuevo secretariado nacional, su órgano ejecutivo, que cuenta con el exdiputado Quim Arrufat como dirigente más conocido.

El pasado junio, la negativa de los anticapitalistas a los presupuestos presentados por el ejecutivo autonómico supuso un duro golpe para Carles Puigdemont. La inmediata reacción del presidente catalán fue anunciar que el 28 de septiembre se sometería a una cuestión de confianza que decidirá su futuro al frente del gobierno. Pero esta misma semana, la CUP ya ha dejado claro que la cuestión de confianza no supondrá el fin de la presidencia de Puigdemont. La diputada Anna Gabriel aseguró el lunes en TV3 que los diez parlamentarios de la formación “darán la confianza para que culmine la legislatura con los objetivos con los que se inició”.

Por lo tanto, salvo sorpresa de última hora, Puigdemont superará la moción de confianza gracias al apoyo de la CUP y, obviamente, de JxSí. Y tampoco parece que los presupuestos de la Generalitat para el 2017, después de que durante el 2016 haya funcionado con las cuentas prorrogadas, vayan a significar un desencuentro entre las dos formaciones independentistas.

La negociación de los presupuestos se prevé más compleja que la de la cuestión de confianza y empezará esta semana con una reunión entre representantes del gobierno y de los anticapitalistas. Las distintas voces de la CUP que se han referido a la cuestión han mostrado su voluntad de que salgan adelante, a cambio lógicamente de recoger algunas de sus demandas. El partido de la izquierda independentista quiere negociar conjuntamente las cuentas y que se tengan en cuenta peticiones como una mayor fiscalidad para las rentas altas, que disfrutan de un gran apoyo ciudadano.

Fuentes del gobierno citadas por el diario Ara han asegurado que Puigdemont quiere aprovechar su discurso del próximo 28 de septiembre, durante la cuestión de confianza, para manifestar su compromiso con la culminación de la hoja de ruta independentista. Las mismas fuentes afirman que el president tiene asumido que durante el 2017 tiene que haber un “acto de ruptura” en forma de votación.

El plan originario de JxSí aboga por la celebración de unas elecciones catalanas constituyentes, aunque cada vez son más sus voces —tanto dentro de ERC, como del nuevo Partit Demòcrata Català, la antigua CDC— que ven como una buena opción el llamado referéndum unilateral de independencia (RUI). Y la CUP, precisamente, defiende esta vía como la mejor para permitir que la población catalana muestre su apoyo o rechazo a la independencia. La ANC también hace gala de un instrumento que ha acaparado gran parte del debate independentista en los últimos meses. Con todo, Anna Gabriel afirmó que su formación no exigirá la celebración de un RUI para apoyar a Puigdemont en la cuestión de confianza o para votar los presupuestos.

Todos los integrantes de En Comú Podem menos ICV asistirán a la movilización independentista

La vía unilateral, en cambio, no es bien vista desde el espacio de En Comú Podem, que tiene como líder a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Su vía sigue siendo la celebración de un referéndum legal y acordado, algo que la actual correlación de fuerzas en el Congreso —a la espera de saber si habrá o no unas terceras elecciones generales— hace inviable teniendo en cuenta la rotunda negativa del PSOE a aceptarlo. En cualquier caso, el 11 de septiembre ha agitado las aguas de la izquierda soberanista no independentista y ha mostrado sus diferencias y complejidad. Por ejemplo, el cuarto teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Jaume Asens, planteó en Crític que una opción sería celebrar elecciones constituyentes y el referéndum de autodeterminación el mismo día.

El domingo por la mañana En Comú Podem, que agrupa a ICV, Barcelona en Comú, EUiA y Podem, ha convocado un acto en Sant Boi de Llobregat, como recuerdo a la masiva manifestación que se hizo en la ciudad hace 40 años, con la consigna unánime de “llibertat, amnistia i Estatut d'Autonomia”. Era la primera conmemoración legal de la fiesta nacional de Catalunya tras casi 40 años de dictadura y las autoridades no permitieron que la movilización tuviera Barcelona como escenario.

La misma localidad será escenario dos días antes, el viernes 9, de otro acto de conmemoración de la manifestación del 11 de septiembre de 1976, que a la vez servirá para homenajear a Jordi Carbonell, expresidente de ERC recientemente fallecido. Lo significativo es que está organizado conjuntamente por ERC, la CUP y Podem y en él participarán el vicepresidente y líder de los republicanos, Oriol Junqueras, la diputada cupaire Anna Gabriel y el secretario general de Podem, Albano Dante Fachín. En el acto no participará ningún representante del nuevo PDC, la antigua CDC, ya que no han sido invitados, hecho que ha generado cierto malestar entre la formación y ERC, sus socios dentro de Junts pel Sí.

Por la tarde, todas las formaciones que forman parte de En Comú Podem excepto ICV estarán presentes en la movilización impulsada por la ANC y Òmnium. No participarán en ella como bloque, con el argumento de que no comparten la hoja de ruta independentista, pero asistirán buena parte de sus líderes, como Ada Colau, Jaume Asens, Xavier Domènech o Albano Dante Fachín, que además de secretario general de Podem es diputado autonómico de Catalunya Sí Que Es Pot. El líder de esta última coalición, Lluís Rabell, en cambio ha declinado asistir y desde ICV se han escuchado algunas críticas a la decisión de Colau de participar en una movilización que masivamente tendrá un carácter independentista.

Una vez superado el 11 de septiembre, este espacio avanzará en la concreción de la confluencia estable anunciada hace varios meses por Ada Colau, con la intención de convertirse en un actor político catalán que pueda aspirar a disputar la hegemonía y a llegar al gobierno de la Generalitat.

Por lo que se refiere al resto de actores políticos, PP y Ciudadanos mantienen su negativa a cualquier avance del proceso soberanista y, obviamente, no participarán en las movilizaciones del 11 de septiembre. El PSC, por su parte, tampoco avala la vía unilateral y, en principio, ha renunciado al referéndum acordado, pero su posición puede variar ligeramente en función de lo que ocurra en su congreso de noviembre. En él, la alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, Núria Parlon, competirá con Miquel Iceta para liderar el partido. Y Parlon aboga por alejarse del bloque monolítico que PP y Ciudadanos representan en la cuestión nacional catalana.