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Andalucía Susana Díaz reactiva la política andaluza con una inminente crisis de Gobierno

La presidenta capea un brutal ataque de Podemos e IU en el primer debate sobre Andalucía tras su derrota en las primarias. La socialista impulsa una nueva agenda política para agotar su mandato.

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La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. - EFE

Susana Díaz ha vuelto a Andalucía para quedarse. Su comparecencia este miércoles en el Parlamento, durante un debate sobre el estado de la comunidad, fue distinto a todos los anteriores. Antes era fácil encontrar en su discurso continuas referencias a la política nacional, guiños al federalismo, a la financiación autonómica, al soberanismo catalán, al papel de España en la UE. Los cronistas solían hablar de Susana Díaz como mujer de Estado más que como presidenta de una comunidad autónoma.

La oposición también se lo reprochaba, veía ese destello incandescente de una carrera política en ascenso, y le afeaba sus prisas por abandonar una región con una de las tasas de paro más altas de Europa. Díaz fracasó en su intento de convertirse en la primera mujer que pilota el PSOE federal y la primera presidenta de España. Hoy ha empezado a reinventarse como presidenta andaluza, reactivando su gestión política con una batería de propuestas de marcado perfil izquierdista, y con una crisis de Gobierno inminente. Más de la mitad de los consejeros de su gabinete serán renovados en los próximos días para afrontar los dos últimos años de legislatura.

La derrota de la sevillana en las primarias socialistas ha obligado a todos los grupos del Parlamento a reinventarse: todos, con más o menos ganas, esperaban que Diaz se marchara a Madrid, abriendo un escenario político de incertidumbre en Andalucía, que siempre otorga más opciones a la oposición que un Gobierno estable. Pero no ha ocurrido, ni para ella ni para los demás. Por eso el debate de este miércoles ha sido en clave exclusivamente andaluza: Susana Díaz ha hablado como presidenta andaluza -sin apenas menciones al ámbito nacional- y la oposición le ha respondido como la estrella caída que ve en ella, la que tenía ganas de marcharse y no le ha quedado más remedio que quedarse.

Esa sensación de volver a la casilla de salida ha envuelto todo el debate. Susana Díaz se ha vuelto a meter de lleno en la gobernabilidad andaluza, presentando 30 medidas para crear empleo y ampliar derechos, pero enfrente se ha encontrado una oposición descreída, escéptica, aburrida, mosqueda y, a ratos, irritada “por escuchar anuncios de anuncios”. La legislatura que parecía estar a punto de acabarse durará dos años más, que todo el mundo se acomode en sus butacas. Todos, menos los miembros del Consejo de Gobierno. A falta de presupuesto para acometer cambios significativos de mayor calado, toda la oposición en bloque le ha reclamado casi desesperadamente a la presidenta que haga cambios en su gabinete, que quite a unos consejeros y ponga a otros, que impulse su acción de Gobierno y empiece por poner rostros nuevos.

Incluso Díaz ha reconocido ser consciente del perfil bajo de muchos de sus consejeros, por eso esa crisis de Gobierno que le exige la oposición es algo que ella ya tiene pensado desde el día después de las primarias. El cambio de gabinete es inminente, y si Díaz no lo confirmó en ninguna de sus réplicas a la oposición fue para no eclipsar algunas de las propuestas que llevó al Parlamento: la bonificación al 99% de las matrículas universitarias (cada alumno dejará de pagar por todos los créditos o asignaturas que haya aprobado el curso anterior); una renta mínima de inserción social para familias con ingresos inferiores a 415,35 euros al mes (la cantidad que reciban durante 12 meses será del 78% del Iprem y un 10% más por cada miembro familiar distinto al solicitante); la creación este mismo mes de una mesa de calidad y dignidad en el empleo, con sindicatos y patronal; unos 5.100 profesores más en los próximos dos cursos; el calendario de apertura y finalización de varias infraestructuras sanitarias; un plan de inversión industrial; la creación de la figura del comisionado de Memoria Histórica en septiembre (finalmente no mencionó a su candidato, el exlíder de IU, Diego Valderas) y una mayor dotación presupuestaria para la ley en 2018…

Guerra civil en la izquierda

La presidenta había preparado este debate en dos tiempos: primero se aseguró la sintonía con sus socios de Ciudadanos, a los que convocó días antes para valorar su acuerdo tras dos años de legislatura y preparar un nuevo impulso a las medidas que faltan por cumplir. El portavoz de C’s, Juan Marín, reconoce que el 66% de las medidas están cumplidas, y ahora pone el acento en varios puntos pendientes sobre regeneración democrática y reforma fiscal: la eliminación de los aforamientos, la reforma electoral y la limitación de mandatos del Consejo de Gobierno, por un lado; y la rebaja del IRPF y la eliminación del impuesto de sucesiones y donaciones.

La presión de Ciudadanos sobre Díaz nunca se va a salir de los márgenes del acuerdo político que firmaron en 2015. Una vez que la presidenta satisfizo sus socios con un calendario para la implantación de las medidas pendientes, Díaz pudo centrar todo su discurso en el desarrollo de propuestas de izquierdas que son exclusivas de su grupo. La sevillana necesita acotar la incidencia de las políticas liberales que C’s ha metido en su Gobierno, medidas que también defiende el PP, como la rebaja del impuesto de sucesiones (que afecta más a los más ricos) o el aumento de inversión a la escuela católica concertada. Hecho esto, Díaz viró hacia la izquierda, tratando de desempolvarse el estigma de “derechista” que le atribuye Podemos e IU, sobre todo desde que facilitó la investidura de Mariano Rajoy.

Pero fue precisamente en el ala izquierda de la Cámara donde el debate impactó como un cristal sobre el mármol. Podemos e IU ven o imaginan débil a Susana Díaz y se lanzaron contra ella, cargados de rabia, con sendos discursos de una virulencia inusual, que en ocasiones trascendió la crítica política e invadió lo personal. Los partidos de izquierda en Andalucía están lejos de entenderse. La IU de hoy se pareció más a la IU furiosa de los noventa que a la formación que entró hace cuatro años en el Gobierno andaluz junto al PSOE y demostró madurez política y capacidad de gestión.

No hay que ser politólogo para vislumbrar que de la fractura irrecuperable que separa a la izquierda andaluza puede emerger, por primera vez en 40 años, un Ejecutivo conservador conformado por PP y Ciudadanos. “Yo debería coincidir con Podemos e IU, pero creo que cuando ven sus intervenciones, miles de progresistas se sienten huérfanos. Si es por ustedes, gobernaría la derecha”, le espetó Díaz a Teresa Rodríguez, de Podemos. La gaditana le replicó: “Con el hostigamiento al que someten a IU en cada pleno por haber gobernado con ustedes, yo gobernar con el PSOE. ¡Ni muerta!”.

La intervención del líder de IU, Antonio Maíllo, fue de las más virulentas que se le recuerdan, con un tono muy hostil, alejado de su habitual retórica. Maíllo siente que Susana Díaz le tendió una “trampa” al proponer a su predecesor, Diego Valderas, como comisionado de la Memoria, y no subo abotonarse la chaqueta para tapar una herida que sangra desde que la presidenta expulsó a IU del Gobierno en la pasada legislatura. “Hay dos personas a las que mi militancia no traga: Rajoy y usted”, le espetó.

El líder de IU asumió un rol altivo con la presidenta, esgrimió esa superioridad moral e intelectual que tanto irrita a Díaz. “Se lo voy a explicar para que usted lo entienda, como si esto fuera Barrio Sésamo”, dijo. Incluso llegó a tutearla, emulando su famosa frase durante el debate con Pedro Sánchez. “Al final el problema eres tú, Susana. No has comprendido que ni tu militancia te quiere”. Maíllo agitó la bancada socialista cuando espetó a la sevillana: “Cuando habla de empleo, parece más una comercial de El Corte Inglés que la presidenta” o cuando la llamó “la hoolingan del cole, pinchando todo el día con el boli”. “Hay que ser más buena”, soltó. Díaz mantuvo el autocontrol, pero se le notó molesta y afeó a su oponente “la histeria, el rencor, el insulto, la arrogancia y la petulancia”. “Se muestra ofendido para tapar su irrelevancia política y su fracaso”, le dijo.

El presidente del PP-A, Juanma Moreno, fue igualmente duro, pero más correcto. “Es usted la peor presidenta andaluza de la historia autonómica”, le dijo a la sevillana, a quien afeó una y otra vez su “traición a los andaluces”. “Usted vuelve como presidenta a palos, retoma lo que con tanto empeño ha dejado atrás, ahora quiere reinventarse en Andalucía sacando conejos de la chistera. Usted dio por terminado el susanismo, pero lo que está agotado es el socialismo andaluz”, advirtió. Moreno se cuidó mucho de no atacar a Ciudadanos, al que en otras ocasiones ha metido en el mismo saco de las críticas hacia Díaz.

La presidenta, que a ratos pareció menguar ante el discurso bronco de Maíllo y de Rodríguez, recobró vigor ante el líder popular, a quien le tiene muy cogida la medida. Díaz sigue ninguneando a Moreno Bonilla, casi no le reconoce legitimidad política alguna. Le recuerda siempre que fue nombrado a dedo por Rajoy, le recuerda que perdió 14 escaños en las autonómicas -“yo si pierdo eso, me voy a mi casa”-, y le acusa de dirigir “una sucursal del PP en Andalucía”. “Usted no puede hacer de tertuliano de la tele. Compórtese como el líder de la oposición”, aseguró Díaz.

Andalucía, al contrario que el resto de comunidades, tiene dos debates de política general al año, a propuesta de la propia presidenta. Este último ha sido, probablemente, el más duro para Susana Díaz, una persona a la que “no le gusta perder ni al parchís”, y que ahora trata de recuperar su sitio en el tablero político andaluz.