Publicado: 03.03.2016 11:53 |Actualizado: 03.03.2016 12:39

Los titiriteros esgrimen que hay más violencia en 'Pokemon' y 'Gormiti' que en su obra y piden archivar la causa

Alegan que causa "estupor y hasta sonrojo" que se quiera proseguir con un proceso penal por mostrar "una marioneta que representaba a una bruja que pegaba cachiporrazos a un agresor sexual, o apuñalaba a una monja que le robaba el hijo fruto de esa violación".

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Los componentes de la compañía Títeres desde Abajo, Alfonso Lázaro de la Fuente y Raúl García Pérez.

Los componentes de la compañía Títeres desde Abajo, Alfonso Lázaro de la Fuente y Raúl García Pérez.

MADRID.- La defensa de Alfonso Lázaro de la Fuente y Raúl García Pérez, los titiriteros procesados por enaltecimiento del terrorismo e incitación al odio por una obra exhibida en el carnaval de Madrid en una plaza de la capital, han pedido al juez el archivo del caso y alegan, entre otros motivos, que hay más violencia en dibujos animados como Pokemon o Gormiti que en su espectáculo.

Así consta en el escrito presentado ante el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno en el que los titiriteros defienden que los hechos investigados encajan en "el ejercicio al derecho fundamental a la creación artística", por lo que consideran que no constituyen ningún delito ni procede realizar más diligencias.



En sus alegaciones, sostienen que causa "estupor y hasta sonrojo" que se pretenda proseguir un procedimiento penal por incitación al odio por mostrar en una obra de ficción "una marioneta que representaba a una bruja que pegaba cachiporrazos a un agresor sexual, o apuñalaba a una monja que le robaba el hijo fruto de esa violación".

Dibujos animados más violentos

Así, insisten en negar que su obra fuera excesivamente violenta y exponen que existen mucho dibujos animados como Pokemon o Gormiti dirigidos a menores -no como su obra, indican-, "en los que existen muchas más escenas de violencia, más realistas, más frecuentes, y más explícitas que las cuatro escenas que aparecen en la obra" de los titiriteros.

"Como era mayor la violencia empleada en los dibujos que los hoy adultos veíamos de niños, como Tom y Jerry o El correcaminos", añade el escrito, que también cita las películas de Quentin Tarantino o "la mayoría de los videojuegos que se comercializan, esencialmente destinados a niños y adolescentes, tienen como temática única o principal matar a seres humanos, sin que nadie se rasgue por ello las vestiduras".

Además, cita una sentencia del Tribunal Supremo por la que fueron absueltos dos condenados por la Audiencia de Barcelona en 2011 por difundir ideas genocidas y contra los derechos y libertades y que, para el alto tribunal estaban amparadas en la libertad de expresión.

En la representación, denominada La bruja y Don Cristóbal, también se exhibía un cartel en el que se leía "Gora Alka-ETA" con la que se denunciaba la manipulación policial y ambos artistas ya han reiterado en varias ocasiones que en ningún momento se pretendió enaltecer el terrorismo. Alfonso Lázaro de la Fuente y Raúl García Pérez estuvieron en prisión durante cinco días, hasta que el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, decretó su puesta en libertad.

¿Se enalteció el terrorismo?

Por eso, el escrito se refiere a otros fallos del Supremo para defender que Alfonso Lázaro de la Fuente y Raúl García Pérez no incurren en ningún caso en un delito de enaltecimiento del terrorismo por mostrar en su obra la pancarta con el lema "Gora Alka-ETA".

Recuerdan que varias sentencias subrayan que en esta tipología penal "es importante no solo el tenor literal de las palabras pronunciadas sino también el sentido o la intención con que hayan sido utilizadas, su contexto y las circunstancias".

Así, sostienen que la intención de ninguna de las marionetas en esta obra fue enaltecer a ninguna organización terrorista, como tampoco fue la finalidad de pronunciar esta expresión -Gora ETA- en películas como Lobo, Días Contados o un capítulo de la serie de televisión Cuéntame cómo pasó.

Este mismo martes, el director general de Programas y Actividades Culturales del Ayuntamiento de Madrid, Jesús Carrillo, salpicado por la controversia de los titiriteros, presentó su dimisión alegando motivos personales.