Publicado: 25.04.2014 17:33 |Actualizado: 25.04.2014 17:33

Tres víctimas del exguardia Muñecas que seguirán sin recibir justicia

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Tristeza. Impotencia. Rabia. Desazón. Estos son algunos de los sentimientos que describen las víctimas de Jesús Muñecas tras recibir la noticia de que la Audiencia Nacional ha denegado la extradición a Argentina del ex capitán golpista de la Guardia Civil tras considerar que los delitos de torturas que sele imputan ya están prescritos y al estimar que tales acusaciones no son constitutivas de genocidio. "Ahora nos dicen que están prescritos, pero es que no lo han investigado ni ahora, ni cuando se produjeron, ni hace 20 años. Jamás. Esta gente siempre encuentra una ley para salvar a los suyos", denuncia Elixabete Nosellas en conversación telefónica con Público.

Nosellas denuncia que fue torturada por Muñecas cuando solamente tenía 16 años junto a su actual marido, Jokin Sarasola, que por aquel entonces tenía 19. Era el 6 de octubre de 1976, con Franco ya muerto, cuando Elixabete y Jokin fueron detenidos en la puerta de casa de la joven tras pasar una tarde en el cine. "Nos detuvieron ocho días con sus ocho noches. Me torturaron física y psicológicamente. Me hicieron la bañera. Nos llevaban al monte y nos ponían la pistola en la cabeza y nos decían: 'Te puedo matar ahora y nadie se daría cuenta'. Pensaba que no iba a salir de allí con vida", denuncia esta mujer, que en aquel momento era la responsable de formar las juventudes de la Organización Revolucionaria de Trabajadores.

Treinta y siete años de haber sufrido las torturas, Elixabete sigue esperando Justicia, pero la paciencia comienza a tener un límite. "Una vez más tienen ellos la sartén por el mango. Estoy luchando e intentando que las víctimas de torturas hablen y denuncien, pero así es muy complicado. Sigo luchando para que se sepa la verdad y todo el mundo sea consciente de lo que ha sucedido aquí (en referencia a Euskadi), pero dan ganas de tirar la toalla", asegura.

"¿Cómo voy a creer en la Justicia? ¿Cómo le voy a decir a mi hija que crea en la Justicia? Hay gente que es impune siempre. Haga lo que haga. Es casi imposible así. Al final nuestra historia será borrada y sólo se mantendrá la Historia oficial que ellos quieren mantener", prosigue Elixabete, que asegura sentirse indignada y frustrada. "Ya sabemos que han pasado casi 40 años. No somos tontos. Pero es que nunca los han juzgado. ¿Cómo puede prescribir algo que nunca han querido investigar?", sentencia esta mujer.

La desazón de Elixabete Nosellas es compartida por Josu Arrizabalaga, que ha recibido la noticia por este periódico. "Nosotros en la Justicia de aquí no confiamos nada. Ni se me pasaba por la cabeza que lo fueran a extraditar. Si han sido incapaces de condenar el franquismo. ¿Cómo van a entregar a uno de los suyos?", se pregunta Arrizabalaga. Este hombre, vecino de la pequeña localidad de Zarautz (Guipuzcoa), fue torturado durante la Semana Santa de 1976 junto a su hermano Mikel.

"Fue Muñecas, él personalmente, quien me agarró para hacerme la bañera, el que me interrogó y el que me golpeó. Dirigía el grupo y actuaba. Después, me sacaron de la bañera y me dejaron tirado en el suelo hasta que recobré el sentido. Cuando pude ponerme de pie me ataron a una viga colgado de las esposas. Entonces empezaron a golpearme en el vientre y a interrogarme a base de preguntas de todo género. Me tuvieron colgado de las esposas desnudo durante una hora y media aproximadamente. A consecuencia de eso no sentí las muñecas durante casi un año", narra Arrizabalaga a Público.

Ni entonces, ni ahora la Justicia ha decidido investigar estas denuncias de torturas. Aunque la decisión de la Audiencia Nacional no ha sorprendido a nadie, la noticia ha supuesto para Josu revivir el enfado que conlleva la impunidad de las torturas en las comisarías durante el franquismo y la transición. "Aquí la tortura ha sido sistemática, pero no lo van a reconocer. Ni Muñecas ni el Gobierno porque si reconocen que Muñecas torturaba saldrá a la luz que la tortura ha sido sistemática y el Estado de Derecho comenzaría a derrumbarse", explica este hombre de 69 años.

No obstante, Arrizabalaga no pierde la fe ni las ganas de luchar. Asegura estar con fuerzas para continuar la batalla por la Justicia y estar "a disposición de los abogados Ana Messuti y Carlos Slepoy" para continuar luchando contra la impunidad de la dictadura. "Tendremos que seguir esperando a que Argentina nos dé una solución. Confiamos en lo que hagan nuestros abogados y estamos a su plena disposición", concluye.

Tampoco habrá Justicia, de momento, para la memoria de la sindicalista Amparo Arangoa, fallecida años atrás debido a una enfermedad. Amparo fue detenida por la Guardia Civil en abril de 1976 en su lugar de trabajo. Era vicepresidenta del sindicato del Papel y Artes Gráficas y vocal del Consejo de Trabajadores de Navarra. Tras pasar solamente ocho horas en comisaría, su familia la vio con la cara destrozada, mechones de pelo colgando y amoratada completamente de cintura para abajo. Los agentes, contó entonces Amparo, la habían golpeado, dado patadas y tirado contra la pared y el suelo.

El parte médico indicaba que presentaba "hematomas por todo el cuerpo, de gran profundidad en la región glútea, con posible bloqueo intestinal y renal y choque traumático". Su pareja en aquel momento, Txomin Olaetxea, cuenta a Público que ha recibido la noticia con "tristeza" aunque "se veía venir". "No por esperado duele menos", afirma este hombre que asegura que seguirá luchando por la memoria de la que fue su pareja. "Esto no termina aquí. Por mi parte y por la de otra mucha gente vamos a seguir buscando todos los caminos posibles para encontrar la Justicia", señala Olaetxea que concluye: "Así es la Justicia del Estado español".