Publicado: 02.01.2016 15:34 |Actualizado: 02.01.2016 15:34

Una víctima de ETA y otra del GAL, entre las personalidades que piden el fin de la dispersión de los presos

Personalidades de distintos ámbitos suman sus nombres al manifiesto 'No en mi nombre', en el que llaman movilizarse este sábado 9 en Bilbao y Baiona para pedir cambios en materia penitenciaria

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El portavoz de Sare y exconsejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga, con el histórico dirigente de la izquierda abertzale, Tasio Erkizia, el ex asesor del Lehendakari Ibarretxe, Gorka Espiau, el ex consejero del Gobierno Vasco, Tontxu Campo

El portavoz de Sare y exconsejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga, con el histórico dirigente de la izquierda abertzale, Tasio Erkizia, el ex asesor del Lehendakari Ibarretxe, Gorka Espiau, el ex consejero del Gobierno Vasco, Tontxu Campos, Rosa Rodero, viuda de Joseba Goikoetxea, sargento mayor de la Ertzaintza asesinado por ETA en 1993, y Teresa Toda, momentos antes del inicio de la rueda de prensa sobre la manifestación que ha convocado el 9 de enero en Bilbao sobre los presos vascos. EFE/Iñaki Andrés

BILBAO.- Las vidas de Rosa Rodero y Edurne Brouard están marcadas por el sufrimiento. El dolor de Rodero nació un 22 de noviembre de 1993, cuando ETA mató a su marido, el sargento de la Ertzaintza Joseba Goikoetxea. Brouard jamás olvidará aquel 20 de noviembre de 1984, cuando un comando del GAL acribilló a balazos a su padre, el parlamentario de Herri Batasuna (HB) Santiago Brouard. Este sábado, ambas mujeres han comparecido juntas para reclamar un cambio en la política penitenciaria del gobierno.

En un acto impensable hasta hace algunos años, Rodero y Brouard han coincidido frente a las cámaras en un céntrico hotel bilbaíno. Junto a ellas había distintos rostros de la política y la cultura del País Vasco, como el ex alcalde de Getxo y ex director de EITB, el penuvista Iñaki Zarraoa; el ex consejero de Educación del Gobierno Vasco, Tontxu Campos; el presidente de la Federación de Colegios de Abogados de Europa, Nazario Oleaga; el portavoz de las víctimas del 3 de Marzo, Andoni Txasko; o el reconocido músico Kepa Junkera. El objetivo de esta cita no era otro que llamar a la ciudadanía a participar en la movilización por el acercamiento de los presos vascos que tendrá lugar el próximo sábado 9 en Bilbao.



La manifestación –que se celebra todos los años por estas mismas fechas- tendrá esta vez su espejo en el País Vasco francés, donde habrá una movilización simultánea en la localidad labortana de Baiona. Los actos han sido convocados por Sare y Bagoaz, dos plataformas ciudadanas que reclaman el fin de la dispersión de los presos de ETA y de otras organizaciones de la izquierda abertzale. Según datos de Etxerat –colectivo de familiares de reclusos vascos-, actualmente hay alrededor de 430 presos, de los cuales sólo cuatro están en cárceles de Euskadi. La mayoría está a más de 800 kilómetros de sus hogares.

“Las mujeres y hombres que hoy comparecemos ante ustedes, somos personas con ideologías políticas, profesiones o actividades culturales y sociales diferentes. Todos y todas nosotras pertenecemos a una sociedad, la vasca, y no deseamos que en nuestro nombre se continúen vulnerando los derechos humanos. De nadie”, señala el manifiesto leído en euskera por Idoia Buruaga. Su pareja, el preso de ETA Igor Angulo, apareció ahorcado en su celda hace diez años. Estaba en la prisión de Cuenca, a casi 600 kilómetros del País Vasco.

El portavoz de Sare y exconsejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga, y Rosa Rodero, viuda de Joseba Goikoetxea, sargento mayor de la Ertzaintza asesinado por ETA en 1993, entre otros, durante la rueda de prensa de la red ciudadana de apoyo

El portavoz de Sare y exconsejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga, y Rosa Rodero, viuda de Joseba Goikoetxea, sargento mayor de la Ertzaintza asesinado por ETA en 1993, entre otros, durante la rueda de prensa de la red ciudadana de apoyo a los derechos de los presos vascos, Sare, sobre la manifestación que ha convocado el 9 de enero en Bilbao. EFE/Iñaki Andrés

“Por ello decimos alto y claro que nos rebelamos ante quienes en nuestro nombre pretenden mantener una política penitenciaria vengativa, que vulnera los derechos de las personas presas y la de sus familiares y allegados”, destaca el texto, que también contó con la adhesión del montañero Juanito Oiarzabal, la jueza Garbiñe Biurrun y el escritor Kirmen Uribe, quienes no pudieron estar presentes en Bilbao. Entre quienes sí asistieron al acto estaban el activista por la paz Gorka Espiau; la ex responsable de Eusko Alkartasuna (EA), Begoña Errazti; el histórico dirigente abertzale Tasio Erkizia o el catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad del País Vasco (UPV), Iñaki Lasagabaster. Sus nombres fueron presentados por el ex consejero de Justicia y actual portavoz de Sare, Joseba Azkarraga, y por la ex subdirectora del diario Egin, Teresa Toda.

“Sin odio ni venganza”

Todos ellos incidieron en que “más de cuatro años después de que ETA decidiese, unilateralmente, poner fin a su actividad violenta”, aún persiste “una actitud política que incide en la confrontación” y que impide “cerrar heridas” para alcanzar una sociedad “sin odio y sin venganza”. En ese contexto, sostienen que el gobierno español hace “caso omiso a la voluntad manifestada en multitud de ocasiones por una inmensa mayoría de la sociedad vasca” a favor del acercamiento de los presos abertzales. Además, denunciaron la existencia de doce presos con enfermedades muy graves que “continúan en prisión por decisiones políticas”.

“No queremos permanecer en silencio, porque no deseamos que ese silencio pueda entenderse como connivencia con el mantenimiento de una legislación excepcional que posibilita cadenas perpetuas encubiertas”, remarcaron, por lo que hicieron un llamamiento “a todas aquellas personas que entiendan que, por encima de las ideologías o adscripciones política, está la defensa de los derechos humanos”, a participar en las movilizaciones del próximo sábado en Bilbao y Baiona. “Es hora de cerrar la puerta al sufrimiento y abrirla a la esperanza y a la convivencia”, subrayaron. Antes de abandonar el hotel, aceptaron realizarse una foto de familia en la planta baja, ante la atenta mirada de varios turistas.