Publicado: 06.12.2013 10:27 |Actualizado: 06.12.2013 10:27

Las víctimas del franquismo rinden homenaje a los argentinos que lucharon en la Guerra Civil

"Esa gente fue a España a luchar por la libertad y la democracia de un pueblo lejano con el que, en muchas ocasiones, no tenía el menor lazo", afirma el el querellante español José María 'Chato' Galante

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En el penúltimo día del viaje que ha traído hasta Argentina a las víctimas del franquismo, los querellantes han rendido un homenaje a los brigadistas argentinos que fueron a España para luchar a favor de la II República durante la guerra civil.

"Cuando se produjo el golpe de Estado contra la República democráticamente constituida, el mundo vio asombrado cómo las democracias occidentales miraban para otro lado mientras el fascismo apoyaba material, política y militarmente a los sublevados", explicó al público congregado el querellante español José María Chato Galante. "Hubo gente que pasó del asombro a la indignación, y de la indignación a la acción. Fue esa gente lo mejor de su generación, que fue a España a luchar por la libertad y la democracia de un pueblo lejano, y que en muchas ocasiones, no tenía el menor lazo con él", afirma.

Los miembros de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CeAQUA), que están declarando estos días ante la jueza María Servini de Cubría, decidieron colocar una placa de honor en la esquina del bar Iberia, en el que cuelgan lámparas con los colores de la bandera republicana. Este lugar, ubicado en Avenida de Mayo, era el punto de reunión de los exiliados republicanos que aguardaban noticias sobre la Guerra Civil que acababa de estallar.

"¿Cómo agradecerle al pueblo argentino su apoyo, que nos ha permitido hoy dar otra pelea contra la impunidad de la dictadura franquista?", se preguntó Galante. "Pues con este homenaje al grupo argentino de las Brigadas Internacionales, que fue uno de los más numerosos y combativos". Este ex preso político del franquismo recordó también a Mika Feldman de Etchebéhère, la única mujer de ese contingente que llegó a ser capitana de una de las milicias populares. "En nuestro país no nos dejan poner una placa, y aquí es un ejercicio extraordinario de lucha por los derechos humanos y por recuperar la memoria", concluyó. "Y queremos rendir un homenaje a los brigadistas de hoy, a vosotros, que nos habéis permitido luchar. Sabemos que lo que hoy estamos haciendo no sería posible sin el apoyo de la gente en Argentina".

La plataforma argentina de respaldo a la querella, que acudió al evento, cantó el poema Coplas de Juan Panadero de Rafael Alberti. Los miembros de CeAQUA estuvieron también presentes en plaza de Mayo, donde acompañaron la ronda que Madres de Plaza de Mayo hace cada jueves en este lugar.

Entre tanto, proseguían por tercer día consecutivo las declaraciones de los querellantes españoles en el despacho de Servini de Cubría. La querellante Elsa Osaba expuso las deportaciones que sufrieron algunos españoles durante la dictadura. Ella misma nació en Francia, después de que su padre, su abuelo y su tía tuvieran que exiliarse. "A mis más de 60 años, he podido quitar el tapón de toda una represión de 40 años de franquismo", relató a Público tras salir del juzgado. La declarante es consciente, no obstante, de que hubo una gran colaboración entre la policía y los Gobiernos de Francia y España. "Las embajadas eran nidos de gente franquista", recuerda.

Unos 10.000 exiliados españoles fueron enviados por aquel entonces al campo de concentración de Mauthausen. Murieron allí 7.500. "Sigo viendo que las víctimas que sufrieron la deportación nunca han tenido una satisfacción desde el Gobierno español", reflexiona Osaba. "Sí hubo una plaquita por parte del rey porque hacía bonito, pero la placa es tan pequeña como su interés. Y de los Gobiernos sucesivos, sólo Zapatero quiso implantar la memoria Histórica, pero fue insuficiente".

Su querella termina con la siguiente frase: "Deseo que el Jefe de Estado responsable subsidiario de toda esta monstruosidad pida perdón". Osaba comparó al ex presidente Jacques Chirac, que solicitó perdón por la masacre que realizaron sus generales a los soldados en la I Guerra Mundial, con el rey Juan Carlos, que llegó a decir en sus primeros tiempos como jefe de Estado que no quería que se hablara mal de Franco en su presencia. Como heredero del dictador, "tiene que pedir perdón", sentencia la querellante.

"El haber podido hablar por primera vez ante una jueza de las atrocidades del franquismo es un alivio. Me quedo con la sensación del deber cumplido", argumentó, por su parte, María Josefa Zorroza, otra de los cuatro declarantes que en esta jornada dio su testimonio ante la Justicia.

Ella se querella contra el alzamiento de los sublevados franquistas que fusilaron a su tío Teófilo Zorroza, a 40 tripulantes más, y a dos pasajeros de un buque mercante con carbón que navegaba por el Cantábrico. Los asesinaron por "traidores a la patria", en tres grupos, a razón de catorce por día. "Se nos están muriendo los familiares directos de las víctimas", urgió. "Tenemos mucha prisa por que se haga justicia".

Felipe Izaguirre Esnal ha acudido ante los tribunales de Argentina para "denunciar la complicidad de la Iglesia en el silencio de las torturas" que sufrió junto a 16 curas, los cuales también se querellan bajo su nombre. "Remarco la complicidad de la Iglesia y del Estado en la creación de una cárcel especial en Zamora para los sacerdotes, porque nosotros nos negábamos a ir a un convento tal y como ordenaba el concordato. Por allí pasaron más de 50 sacerdotes vascos", destacó Izaguirre.

A los tres años de prisión, que cumplió en 1972, se secularizó y cumplió cuatro años más de condena junto con otros presos políticos. Ahora se ha querellado contra la Iglesia, y además, contra el Vaticano, "que es el responsable de firmar el Concordato con el Estado que a nosotros nos supuso la separación de todos los demás".

Paqui Maqueda es vicepresidenta de la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia, y también declaró este jueves por las desapariciones forzadas y por el robo de bebés que hubo durante la dictadura. "Tengo que agradecer a la Justicia argentina que por fin haya adquirido la categoría de víctima que mi propio país me niega: a mí, a mi familia, y a los 22.000 hombres y mujeres cuyo nombre he puesto sobre la mesa de la jueza Servini de Cubría por desapariciones forzadas", sostuvo.