Publicado: 11.06.2014 11:36 |Actualizado: 11.06.2014 11:36

"Vivimos en una sociedad de consumo y todo lo que rodea a la muerte es un negocio"

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"El ciudadano que esté al final de su vida tendría que ser el protagonista de su muerte, poder decidir cómo terminar su biografía. A la mayoría de los ciudadanos se les oculta la muerte por un pensamiento fundamentalmente ideológico: si pudiéramos ejercer nuestra libertad en el proceso del final de la vida pasaríamos de súbditos a ciudadanos. Por eso se nos oculta, no se habla de la muerte. Hay un pacto de silencio y por eso en nuestro final de la vida quedamos en manos de terceras personas", explicó Luis Montes, médico anestesista en el hospital Severo Ochoa de Leganés.

En una entrevista en el programa de La Tuerka del pasado martes, el presidente de la principal asociación que pugna por el derecho de las personas a tener a "una buena muerte", manifestó que pese a que "los recortes" están reduciendo los servicios que ofrece la sanidad pública en la medicación contra el dolor, el tratamiento está "incorporado a la cartera de servicios". Esto provoca que el alargamiento de la vida del paciente, pese a que este sufra un dolor físico o psíquico difícilmente soportable, se haya "convertido en un negocio", un proceso en el que las personas pierden la capacidad de decisión sobre su propia vida. 

Montes expuso que la cuestión de la eutanasia "es un clamor popular", aunque insistió en la idea de que al "poder dominante" no le interesa profundizar en este debate porque no quiere que los ciudadanos tengan la posibilidad de decidir. "Una sociedad potencialmente suicida es una sociedad ingobernable", opinó. 

El suicidio es "trágico, violento, en soledad". En pacientes terminales, esa muerte podría ser "acompañada""Es un debate para una sociedad avanzada", afirmó al enumerar los países que contemplan el derecho a gozar de una buena muerte digna en su ordenamiento jurídico, entre los que se encuentran Holanda, Bélgica, Luxemburgo y algunos estados de los EEUU. A este grupo se sumó la pasada semana Quebec, la zona francófona de Canadá, que tras un debate de cuatro años aprobó el proyecto de Ley que contempla el derecho del ciudadano a poner fin a su propia vida cuando se cumplan determinadas condiciones.

Montes aclaró que la no existencia de una norma que regule la propia muerte no es un elemento disuasorio para las persona que quieren ejercerlo. Sin embargo, esa "alternativa" fuera de la legalidad acarrea "una muerte trágica, violenta, en soledad". "De lo que se trata con la buena muerte es de que esa muerte —continuó— sea una muerte acompañada, solicitada, voluntaria que termine con el intenso sufrimiento" del paciente, siempre en un contexto donde la muerte natural esté "presente" y sea "inevitable".