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RESUMEN POLÍTICO DEL AÑO 2016

... Y el Congreso se puso patas arriba en 2016

El hemiciclo de la Cámara baja ha vivido en este año que acaba situaciones que marcarán un antes y un después en el parlamentarismo democrático español.

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El diputado de Podemos Alberto Rodríguez (i) pasa frente el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. /EFE

MADRID.- Durante 2016, con apenas dos años de ejercicio, el jefe del Estado, el rey Felipe VI, ha mantenido la mitad de las rondas de consultas con los líderes políticos que realizo su padre, el rey Juan Carlos I, a lo largo de 35 años en el mismo puesto; cinco ha hecho el hijo por diez que realizó el padre. Este dato es uno más entre los que se pueden manejar para describir lo que ha ocurrido este año, que en términos parlamentarios ha transformado al Congreso de los Diputados en un escenario irreconocible desde 1977.

De entrada, en la Cámara baja, también en el Senado, aunque en su papel de invitado de piedra, se han formalizado en menos de un año dos legislaturas, la XI y la XII, cada una con su correspondiente constitución de las cámaras, la elección de sus presidencias y Mesas y el arranque de todos los trámites que suponen: acreditación de sus señorías, constitución de las comisiones, presentación de todo tipo de iniciativas y tantas otras como exige la actividad parlamentaria al uso.

Eso fue después de dos procesos electorales celebrados con apenas seis meses de diferencia, algo inaudito en España desde los primeros comicios democráticos en 1977; y eso que se estuvo a un paso de convocar un tercer sufragio general que solo se evitó cuando estaba a punto de sonar el pitido de final del partido.

Nueva política

Sin duda, la primera consecuencia de la vorágine vivida en el último año ha sido la irrupción en el hemiciclo de la llamada “nueva política” protagonizada por Podemos y Ciudadanos, dos partidos que han ocupado porciones importantes en el hemiciclo estrechando, hasta extremos insospechados, las bancadas del PP y del PSOE.

Los colores morado y naranja han acabado, al menos formalmente, con el tradicional bipartidismo oscilante entre el azul y el rojo, aunque hay quienes aventuran que el proceso no está consolidado todavía. Pero mientras se dilucida esa cuestión, la realidad es que la vida parlamentaria ha cambiado radicalmente. Como nunca antes se había visto.

La constitución del nuevo Congreso de los Diputados el 13 de enero pasado tras los comicios del 26 de diciembre supuso una escenificación del cambio: un bebé entre los escaños - hijo de la diputada Carolina Bescansa de Podemos -, fórmulas de acatamiento de la Constitución nunca oídas antes y una elección de la Mesa, presidida por el socialista Patxi López, fueron síntomas que presagiaban unas formas de practicar la política desconocidas con anterioridad.

Desde ese momento casi todo se producía por primera vez y para la mayoría de las situaciones no existían referencias. La primera conmoción fue la renuncia – inaudita hasta ese momento – de un líder a la propuesta del jefe del Estado para someterse a un debate de investidura: Rajoy, lisa y llanamente, le dijo “no” a Felipe VI, al reconocerse incapaz de construir una coalición que le apoyase.

Pedro Sánchez, el aspirante socialista, intentó un triple salto mortal que, a la postre, no le salió

A partir de ahí se precipitaron todo tipo de acontecimientos que culminaron en una sesión de investidura protagonizada por el líder del PSOE, Pedro Sánchez. Nunca hasta ese momento el líder de la segunda fuerza en escaños había optado a ese examen. El aspirante socialista intentó un triple salto mortal que, a la postre, no le salió.

La solitaria compañía de Ciudadanos y la desafección final de Podemos, partido que constituía la gran novedad en el hemiciclo, tras unos escarceos iniciales, abocaron al fracaso la investidura del líder socialista. Y como consecuencia se dio por muerta a la legislatura al pasar dos meses sin que lograrse la investidura de un presidente del Gobierno. Nunca antes se había dado esa circunstancia, ni por asomo.

Pero mientras duró la XI Legislatura hubo tiempo para mostrar un contencioso desconocido hasta ese momento: el Gobierno en funciones y su presidente a la cabeza, Mariano Rajoy, se negaban de forma desafiante a someterse al control del Congreso de los Diputados alegando que era una cámara que no le había otorgado la confianza.

El presidente de la Cámara baja, con el respaldo mayoritario de las bancadas del hemiciclo, presentó un conflicto de atribuciones ante el Tribunal Constitucional que todavía hoy sigue sin resolverse. De hecho, tanto Rajoy como los miembros de su Ejecutivo han estado más de un año huidos del control del Congreso y del Senado, una práctica elemental en cualquier democracia parlamentaria. Otra circunstancia que se ha producido también por primera vez.

En paralelo, los grupos parlamentarios de la oposición, tanto el socialista como los “nuevos”, se entregaron a una vorágine de presentación de iniciativas legislativas hasta el punto de alcanzar cotas de “producción” desconocidas con anterioridad, al menos en las primeras semanas de actividad de una legislatura. Todo aquel trabajo, en parte algo deslavazado, se fue al traste al disolverse la legislatura.

Segundas elecciones

Las segundas elecciones generales en seis meses, celebradas el 26 de junio pasado en medio de un cierto hastío por parte de la ciudadanía, alumbraron un hemiciclo prácticamente igual que el anterior, aunque con significativas modificaciones: un pequeño ascenso del PP, una leve bajada del PSOE, un estancamiento de Podemos pese a presentarse en coalición con Izquierda Unida, y una merma de protagonismo de Ciudadanos al perder una parte de escaños.

Pero, a diferencia de la anterior, la XII Legislatura ha comenzado a rodar al lograr Mariano Rajoy -esta vez dijo “si” al rey- revalidar su puesto en Moncloa, no sin ciertas convulsiones. La investidura final del aspirante conservador se alcanzó apenas dos días antes de cumplirse los plazos constitucionales y después de haber fracasado en un primer intento, lo que hizo presagiar que podría darse un escenario con unas terceras elecciones generales.

Para añadir más morbo, la presidenta de la cámara, la popular Ana Pastor -elegida tras una carambola en la que la bancada de la izquierda pecó de ingenuidad- , fijó un calendario que, de no producirse una investidura, las nuevas votaciones serían el día de Navidad. Un elemento más de “presión” para forzar los apoyos a Rajoy.

El lema “no es no” que mantenía Pedro Sánchez, hacía inviable una investidura de Rajoy, incapaz de sumar nuevos aliados pese a estar a tan solo seis votos de la mayoría

El pacto entre PP y Ciudadanos, alcanzado tras una negociación personal entre Rajoy y Albert Rivera, era insuficiente para certificar la investidura del aspirante conservador. El lema “no es no” que mantenía el líder del PSOE, Pedro Sánchez, hacía inviable una investidura de Rajoy, incapaz de sumar nuevos aliados pese a estar a tan solo seis votos de la mayoría requerida.

En esa tesitura, solo la abstención de terceros –al menos 9 escaños– permitirían una investidura que evitase unas nuevas elecciones. Y entonces ocurrió otro episodio sin precedentes. La mitad de la ejecutiva del PSOE, tras un convulso debate interno en las semanas precedentes, dimitió apenas unas horas antes de la celebración de un comité federal del partido en el que debía adoptarse una posición final sobre la investidura.

Este cónclave socialista, celebrado el 1 de octubre, discurrió sin orden ni concierto ofreciendo un espectáculo que avergonzó a tirios y troyanos y que acabó como el rosario de la aurora: Pedro Sánchez dimitió al salir derrotado en una votación final dando paso a una gestora. A la postre, este órgano provisional que se hizo cargo de la dirección del PSOE se inclinó por la abstención del grupo parlamentario socialista en una nueva sesión de investidura de Rajoy. El miedo a enfrentarse a unas nuevas elecciones pudo más que la coherencia ideológica.

Finalmente, la abstención del grupo socialista en la segunda votación de investidura, celebrada el sábado 29 de octubre –algo insólito hasta entonces– permitió que Mariano Rajoy quedase investido como presidente del Gobierno por 170 votos a favor, 111 en contra y 68 abstenciones. Esa votación supuso un trauma en la bancada socialista en la que 15 de sus 83 miembros votaron “no”. Esa misma mañana, antes de la votación, Pedro Sánchez renunció a su escaño.

Nueva legislatura

La legislatura ha echado a andar en medio de no pocas incógnitas. De momento, el Gobierno de Rajoy no cuenta con más apoyos que su propia bancada. Su alianza con Ciudadanos –en la formación naranja insisten que el apoyo fue solo para la investidura – no se vislumbra por ninguna parte y los esfuerzos del ejecutivo se centran en lograr un apoyo suficiente al proyecto de presupuestos generales del Estado que presentará previsiblemente en febrero.

Pero mientras tanto, pleno tras pleno el Gobierno y el grupo popular sufren importantes derrotas, principalmente con iniciativas promovidas por PSOE y Podemos, partidos que, sin embargo, mantienen fuertes recelos mutuos. Pero de momento la estrategia no firmada de “todos contra el PP” ha abierto la puerta a la derogación de la LOMCE, la ley “mordaza” y varias disposiciones sobre el Tribunal Constitucional o la reforma laboral aprobadas por Rajoy en su mandato con mayoría absoluta.

El PP, que ha vuelto a pronunciar reiteradamente la palabra “diálogo”, protesta por la vorágine “derogatoria” que se ha generado en este inicio de legislatura. Frente a esa dinámica apela a los “pactos de Estado” que miren más al futuro para evitar que se eliminen las leyes de la “era Rajoy”.

Las estrategias de las diferentes formaciones políticas están de momento sin definir por lo que nadie está en condiciones de predecir qué duración tendrá la XII Legislatura

Las estrategias de las diferentes formaciones políticas están de momento sin definir por lo que nadie está en condiciones de predecir qué duración tendrá la XII Legislatura, según las opiniones recabadas por Público para esta información. “De momento, todo está bastante patas arriba”, reconoce un veterano parlamentario del PP. Una opinión no muy diferente de otras en la bancada socialista o en Podemos.

La agenda que queda por delante es enorme, tanto para derogar leyes consideradas por la oposición como “nocivas” como para introducir reformas en la actividad política y frenar la creciente desafección ciudadana. En esa agenda, por ejemplo, se encuentra la puesta en marcha de la comisión de investigación sobre el ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, por sus actuaciones contra el soberanismo en Catalunya desveladas en unas conversaciones difundidas por Público el pasado mes de junio.

Ahora bien, en estos momentos hay abierto un impasse: PP, Podemos y Ciudadanos tienen sus energías concentradas en sus respectivos congresos partidistas que se celebrarán en la primera quincena de febrero; en algunos casos con tensiones internas como en Podemos. El PSOE se ha tomado más tiempo para celebrar su cónclave -todavía sin fecha-, lo cual no le exime de perderse, de nuevo, en cuitas internas. En realidad, la legislatura no ha hecho más que empezar, que no es poco.