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Zapatero pide «respeto» al nuncio de la Santa Sede

 Sellan la nueva etapa de relaciones con champán francés

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Las ' muy buenas relaciones y cordiales' del presidente del Gobierno y el nuncio del Vaticano en España no se regaron ayer con un 'caldito', sino con champán francés.

'Franqueza y buen ánimo' en José Luis Rodríguez Zapatero, según fuentes de Moncloa, y una amplia sonrisa en Manuel Monteiro de Castro al recibirle en la Nunciatura.

El jefe del Ejecutivo acudió a la cena 'sin agenda fija', dispuesto a asegurarse de que las relaciones con la Santa Sede se recomponen, a pesar de los desencuentros con la Conferencia Episcopal.

El gesto del presidente del Gobierno buscó ayer un interlocutor con el que manejar el 'respeto y el diálogo recíproco', algo que el Ejecutivo no ha logrado con la Conferencia Episcopal en esta legislatura, pues a pesar de los gestos del Gobierno hacia el máximo órgano de los obispos, sólo ha recibido reproches a su política.

Para Zapatero, la gota que colmó el vaso fue la nota de la jerarquía eclesiática del pasado 30 de enero pidiendo implícitamente que no se vote a quien dialoga con terroristas.

Aunque es verdad que la vicepresidenta del Gobierno llamó al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, al conocer el comunicado de los obispos, el gesto -'que lleva en sí mismo el mensaje implícito', según fuentes del Ejecutivo- lo ha hecho Zapatero con la Santa Sede, y en sentido contrario, con la Conferencia Episcopal.

Tal y como adelantó Público, el encuentro con el nuncio da un giro a la relaciones del Gobierno con las autoridades eclesiásticas, que, si gana el PSOE, pasarían a encauzarse a través del nuncio en lugar de la Conferencia Episcopal.

Zapatero y Monteiro de Castro sellaron esta nueva etapa con un suculento menú: delicia de calabacín y alcachofas sobre salsa de albahaca, lomo de merluza estofado a la vainilla y tabla de quesos y una mousse de lima con gelatina de té de jazmín. Los vinos, Protos de Ribera del Duero, albariño y champán francés.