Publicado: 09.10.2016 13:45 |Actualizado: 09.10.2016 13:51

20.000 muestras de ADN 'atascadas' en los laboratorios podrían resolver aún violaciones y desapariciones

Cuatro de los cinco violadores de una joven en Pamplona cometieron otra agresión sexual en grupo en Córdoba, pero en esa ocasión la chica no denunció y no se pudieron extraer perfiles genéticos que serían fundamentales para dar con más víctimas del grupo. 

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violadores sanfermines

Los cinco detenidos por la presunta violación de una joven en Pamplona, durante San Fermín. Prenda (centro), Boza (primero por la izquierda) y Alfonso (el cuarto), junto a Antonio Manuel y Jesús.

@patricialopezl

Ha sido gracias al teléfono móvil de los cinco acusados por la violación de una joven en las pasadas fiestas de San Fermín, que la Policía Foral de Navarra ha logrado dar con otra joven agredida sexualmente por José Ángel Prenda y sus amigos, el guardia civil Antonio Manuel Guerrero Escudero, el militar Alfonso Jesús Cabezuelo Entrena y Jesús Escudero Domínguez. 

​Los hechos ocurrieron en esta ocasión en Pozoblanco (Córdoba) donde el guardia civil Guerrero estaba destinado. La joven sólo recuerda que el militar Alfonso Jesús Cabezuelo la intentó agredir esa noche y tras resistirse la golpeó. Ella pidió ayuda al día siguiente a un policía municipal amigo pero este la hizo desistir de sus intenciones de denunciar.  



De haber denunciado la joven víctima hubiera sabido, tras un análisis médico forense, que las muestras de ADN extraídas de su cuerpo no pertenecían a un sólo individuo. Según el vídeo que ellos mismos compartieron con sus amigos del grupo de whatsapp La Manada, fueron en total cuatro los que la tocaron, besaron y vejaron sin que ella fuera consciente. Y ha sido la policía foral de Navarra quien ha tenido que contarle que las vejaciones que sufrió fueron mayores que las que recuerda. 

ADN de indicios criminales

Por eso, tanto las asociaciones de víctimas como los grupos de delitos violentos de Guardia Civil y Policía recuerdan que "es fundamental ir a denunciar, sin haberse lavado antes para que puedan recogerse esos restos de ADN, que no tienen por qué ser sólo semen, puede ser saliva en zonas donde no ha podido caer por coincidencia. Para demostrar una agresión sexual no siempre hace falta que el agresor haya tenido que eyacular en la víctima".

Un agente de la guardia civil le explica a Público que "en este caso tener las muestras de ADN de estos individuos y cotejarlas con las que hay sin identificar en las bases de datos de indicios criminales nos ayudarían a saber si hay más víctimas como estas dos chicas a las que haya podido haber violado sin que ellas lo recuerden".  

En el caso de la chica cordobesa se ha descubierto, también gracias a los teléfonos móviles de los agresores, que pudieron drogar a la chica de Pozoblanco con burundanga o cloroformo y ese es el motivo por el que la joven sólo recuerda como se subió al coche con uno de ellos.  Y esto plantea una seria duda para los investigadores de la causa: ¿hay más víctimas de esta manada de agresores sexuales que se protegen entre ellos y abusan tanto de su superioridad como de su autoridad?

Atasco en los laboratorios

En estos momentos, el juez de Pamplona debe de mandar a analizar las muestras de los cinco presuntos agresores sexuales a las distintas bases de datos de los cuerpos policiales por si pudieran detectarse más víctimas de los ahora encarcelados, que no recuerden quién las violó después de haber sido drogadas.

Hace unas semanas el diputado y guardia civil Juan Antonio Delgado Ramos (Podemos) presentó por escrito una pregunta parlamentaria al aún ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en el que le recordaba que según el Director General de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, sólo en los laboratorios de la Benemérita había 20.000 pruebas de ADN sin identificar de diferentes hechos criminales. 

Delgado recuerda "que estos indicios criminales no sólo pueden ayudar a resolver violaciones, también casos de desaparecidos que aún estamos buscando y que quizá han sido encontrados pero al no haber una familia que presione detrás ni ser un caso mediático a sus familias se les está haciendo sufrir doblemente: no ven avances y creen que han caído en el olvido también para las Fuerzas de Seguridad encargadas de protegerlos y de contribuir a hacer Justicia".