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Aitor Zabaleta El nazi que asesinó a Aitor Zabaleta disfruta del tercer grado penitenciario

Ricardo Guerra Cuadrado, el ultraderechista del Atlético de Madrid que mató al aficionado de la Real Sociedad en 1998, se encuentra hoy en el centro de reinserción social Josefina Aldecoa, situado en Navalcarnero. Se prepara así para su próxima vida en libertad.

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Flores y carteles en recuerdo de Aitor Zabaleta, asesinado junto al Vicente Calderón por un neonazi en 1998.- EFE/ARCHIVO

Era un partido de fútbol. Nada más y nada menos que un partido de fútbol. Duraría 90 minutos, habría aplausos, quizás goles, seguramente alguna que otra falta. Y gritos, muchos gritos. Pero de aliento a tu equipo, no de dolor ni de espanto porque un nazi de 23 años haya decidido que este encuentro, correspondiente a los octavos de final de la UEFA, fuese el último de tu vida. Eso fue lo que le pasó a Aitor Zabaleta aquel 8 de diciembre de 1998 en las afueras del Vicente Calderón. Dentro, la Real Sociedad jugaba de visitante contra el Atlético de Madrid. Fuera, unos ultraderechistas se encargaron de arruinarlo todo. Absolutamente todo.

Casi 20 años más tarde, el nombre de Aitor Zabaleta sigue más vivo que nunca entre la afición de la Real Sociedad. Nunca lo olvidaron. Es imposible. Tenía 28 años, amaba a este equipo y solamente quería verle ganar. O perder. Daba igual. Pero quería entrar y salir del campo vivo, de la mano de su novia. Y aquella noche, aquella maldita noche, ni siquiera entró. Cuentan que los futbolistas de la Real se enteraron en el descanso que habían apuñalado a uno de los suyos. El partido siguió su curso. Acabó 4-1. Victoria de los colchoneros. Derrota de los txuri-urdin. Cuando el árbitro pitó el final, Aitor aún estaba con vida, peleando contra la muerte. A las tres de la mañana, su corazón dejó de latir. Nueve horas antes, ese mismo corazón había sido atravesado por una navaja de nueve centímetros.

Cuando el árbitro pitó el final del partido, Aitor Zabaleta aún estaba con vida

El asesino se llamaba y se llama Ricardo Guerra Cuadrado. Por entonces era uno de los nazis que formaban parte de “Bastión”, un grupo ultraderechista que utilizaba el fútbol como excusa. Lo suyo, en realidad, era crear miedo y propagar el odio. O apuñalar a chavales indefensos. Ellos, los nazis, lo denominaban “cazar”. Aquella noche llegaron a increpar a un niño de seis años, simplemente porque era vasco y de la Real. Aitor salió en su defensa. Poco después, Guerra le clavó la navaja en el pecho. El joven donostiarra se desplomó cien metros más adelante, muy cerca de la puerta 6 del Calderón. “Vero, me estoy muriendo”, le dijo a su novia. Para Aitor, era el principio del fin. Para sus familiares, el comienzo de la pesadilla.

Un año y tres meses después, la Audiencia de Madrid condenó a Guerra a 17 años de cárcel por asesinato. Según señalaron fuentes judiciales a Público, posteriormente se produjo una “refundición de condena”, debido a que el ultra tenía pendientes otras causas. De hecho, la noche que apuñaló a Aitor disfrutaba de un permiso penitenciario. Entonces cumplía una condena en el centro de inserción social Victoria Kent por haber apuñalado a otro joven en una discoteca de Madrid en 1996. Cuando mató a Aitor estaba ya en tercer grado.

Deudas que no se pagan

El nazi que apuñaló mortalmente a Aitor Zabaleta, Ricardo Guerra.

En el caso del crimen contra Zabaleta, la Audiencia decretó además una indemnización de 20 millones de pesetas a los padres de la víctima, así como de otros 10 millones a su novia. En total, 180.000 euros, de los cuales el asesino sólo habría pagado unos 200 euros. Lo hizo desde la cárcel, tras apuntarse para trabajar en la panadería.

En ese contexto, las fuentes consultadas por este periódico señalaron que Guerra Cuadrado se encuentra actualmente en el centro de reinserción Josefina Aldecoa, ubicado en Navalcarnero. Se trata de un establecimiento destinado –según la propia definición de Instituciones Penitenciarias- a aquellos internos que “se encuentran en un proceso avanzado de reinserción y, por lo tanto, cumplen la condena en régimen de semilibertad”. Fue inaugurado en septiembre de 2011 y cuenta con “200 habitaciones dobles, talleres productivos y ocupacionales, aulas y zona deportiva y sanitaria”.

El autor de la puñalada que acabó con la vida de Zabaleta disfruta a día de hoy del tercer grado penitenciario, lo que le permite obtener permisos para salir del centro. Se prepara así para volver a vivir en libertad. Anteriormente estuvo en el centro de inserción social Victoria Kent, donde también fue noticia: en mayo de 2012, los guardias le pillaron tratando de meter un kilo y medio de hachís cuando regresaba de un permiso carcelario.

Intentó meter un kilo y medio de hachís  en su centro de reinserción cuando regresaba de un permiso carcelario

“El asesinato de Aitor significó un punto de inflexión”, comenta a Público Eduardo González, portavoz de Sare Antifaxista (Red Antifascista), el colectivo que este viernes realizará un homenaje a la víctima en el Boulevard de Donostia. En ese sentido, González sitúa aquel crimen en un “contexto de agitación contra todo lo vasco”. También critica las diferencias establecidas entre “víctimas de primera y de segunda, o incluso de tercera”. Se acuerda entonces de Zabaleta, pero también de Iñigo Cabacas, el joven aficionado del Athletic que murió a raíz de una pelota de goma disparada por la Ertzaintza en abril de 2012.

En el caso de Aitor, este aniversario tendrá otro claro componente emocional: será el primer acto que se celebra tras la muerte de su padre, quien falleció en abril de este año. Se llamaba Javier Zabaleta y llevaba varios años luchando contra el olvido. Hoy también habrá tiempo para recordarle.