Público
Público

Ascensión Mendieta entierra a su padre 78 años después de ser asesinado

Carnicero de profesión y sindicalista, Timoteo Mendieta fue asesinado y arrojado a una fosa común. Su única hija viva, de 92 años, pidió ayuda a la justicia argentina para recuperar sus restos y ofrecerle sepultura digna, un acto que ha tenido lugar este domingo en Madrid.

Publicidad
Media: 4.58
Votos: 24
Comentarios:

Ascensión Mendieta durante el entierro de su padre, Timoteo Mendieta, asesinado en 1939 por las fuerzas del franquismo.REUTERS/Juan Medina

Entre la niña de 13 años que abrió la puerta de su casa un día de abril de 1939, a la hora de la siesta, y la anciana de pelo plateado de 92 que este domingo fijaba su mirada en el féretro con los restos de su padre han pasado casi ocho décadas. Ascensión Mendieta ha sufrido toda la vida el peso de aquel gesto con el que los verdugos accedieron a la vivienda y se llevaron a su progenitor, Timoteo, un carnicero de Sacedón (Guadalajara), presidente local del sindicato UGT. Hasta este domingo, jornada en la que, al fin esta mujer, que celebró su 88 cumpleaños en un avión rumbo a Argentina para contarle su caso a la jueza que instruye desde Buenos Aires la única querella contra el franquismo, ha podido despedirse de su padre dándole una sepultura digna.

Pasadas las once de la mañana de este domingo, Ascensión entraba a paso lento por la zona civil del cementerio del Este [rebautizado como de la Almudena en el franquismo]. Entre sonoros aplausos, banderas republicanas y música de la banda Solfónica de fondo comenzaba el multitudinario entierro de una víctima del franquismo, de un desaparecido durante 78 años cuyo ataúd portaban voluntarios que habían trabajado en su rescate. El día antes, su hija pudo velarle en el tanatorio. “Estaba muy nerviosa y llorando. Mis dos sobrinas, una de ellas es arqueóloga, recompusieron el cadáver y lo pudimos ver dentro del ataúd. Fue muy emocionante”, explicaba a Público Francisco Vargas Mendieta, uno de los nietos, momentos antes del sepelio.

En los últimos 17 años se han podido rescatar de las cunetas a más de 1.400 desaparecidos

La recuperación e identificación de los restos de Timoteo Mendieta ha sido posible gracias a las órdenes de la jueza argentina María Servini para abrir dos fosas comunes del cementerio de Guadalajara. El padre de Ascensión figuraba inscrito en el enterramiento número 2, pero lo habían arrojado al 1, junto a otras 27 personas. Esta circunstancia torpedeó su recuperación e identificación, labores realizadas por un centenar de voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), colectivo que se sufraga con aportaciones voluntarias y que ha identificado, en los últimos 17 años, a más de 1.400 desaparecidos del franquismo.

Con los ojos encharcados y un gesto que viajó del dolor al alivio, Ascensión Mendieta permaneció inmóvil mientras el ataúd descendía bajo tierra, a escasa distancia de donde figura enterrada su madre. “Ahora vamos a llevarle flores a la abuela”, planteaba, Chon Vargas, una de las nietas. “Que nos os veáis en una así”, clamaba la única hija viva de Timoteo. “Gracias por venir a este acto tan triste. Después de tantos años, pero al final ya le hemos recogido. Que esto no le ocurra jamás a nadie. Muchas gracias, y a luchar por la libertad”, expresó Ascensión tras ver cerrada la tumba de su padre.

Ascensión Mendieta

Francisco Vargas: "Recorrimos 20.000 despachos, y ministerios, y se nos fueron cerrando todas las puertas"

Tras la inhumación, Francisco Vargas, micrófono en mano, repasó la historia de Timoteo: “Al finalizar la Guerra Civil, mi abuelo, que estaba haciendo ejercicios de milicia en Canillejas [Madrid], se desplaza caminando hasta Sacedón. No había participado en la guerra pero al llegar, después de tres días, mientras dormía la siesta, según cuenta mi madre, llaman a la puerta y ella abrió, un pesar que ha llevado siempre. Entró un falangista con un soldado, y nunca más volvieron a verlo”. Eran los primeros días de abril, tras concluir la contienda. La detención se prolongó hasta el 15 de noviembre de 1939, cuando fue fusilado en el cementerio de Guadalajara.

El nieto denunció también las trabas del estado español a la hora de recuperar los restos de su abuelo, una promesa que María, la madre de Ascensión, les solicitó a ella y a su hermana Paz, fallecida en 2012. “Recorrimos 20.000 despachos, y ministerios, y se nos fueron cerrando todas las puertas; hasta que mi hermana se enteró que había una causa abierta en Argentina”. Vargas también deploró el nulo interés de las élites institucionales en estos procesos de cumplimiento de derechos humanos. “Timoteo era de UGT, y no se ha personado nadie a dar ánimos a mi madre. Estamos muy decepcionados”. También, el nieto aseguró que “hay más de cien mil ‘Timoteos’ enterrados en fosas y cunetas”, animó a “seguir luchando” y ofreció la ayuda de su familia para “quien quiera recuperar los restos de sus seres queridos”. “Y si no se puede, al menos les rendiremos un homenaje e intentaremos que reciban justicia y reparación”, concluyó.

La tercera generación cava la tierra para rescatar a sus abuelos

En la ARMH, un crisol de personas voluntarias, de distintos perfiles profesionales y personales, trabaja a pie de fosa retirando la tierra o limpiando los huesos. También, antes de abrir el enterramiento, documentando testimonios o buceando entre archivos. Las labores de exhumación en Guadalajara que condujeron al hallazgo de Timoteo Mendieta concitaron el interés de más de cien voluntarios entre historiadores, arqueólogas, forenses y demás profesionales y gente que se acercó “a echar una mano”. Es el caso de Rubén Notario, de 34 años. Su bisabuelo y el hermano del mismo, Domingo y Ciriaco Buendía, son dos desaparecidos en el camposanto arriacense, lugar que alberga alrededor de 200 víctimas en 15 fosas comunes. “Mi bisabuelo tenía filiación sindical por UGT. Lo mantuvieron preso unos diez meses y luego lo ejecutaron”, relata tras concluir el entierro de Mendieta.

“Nos dijeron que estaba en la fosa tres, pero según los registros del cementerio está en la cuatro. Ha habido un baile de cuerpos importante”, lamenta.

Este joven, grado superior en medio ambiente, llegó al cementerio de Guadalajara hace un año, cuando la ARMH practicaba la primera exhumación. “Vi que en el listado figuraba el hermano de mi bisabuelo, así que fui a ver qué podía hacer”, recuerda. Pese a lo que indicaban las anotaciones escritas, las pruebas genéticas dieron negativo. El pasado mayo, cuando comenzó la segunda exhumación, Notario acudió como voluntario. “Iba a las nueve de la mañana y me quedaba hasta que entraba a trabajar por la tarde”. Así durante los 24 días que duraron las tareas. En ese enterramiento tampoco había rastro de sus familiares, pero él no desiste. “La esperanza es lo último que se pierde, y voy a seguir luchando”, avanza.

Donaciones y ayuda internacional ante la dejación del estado español

A cuatro metros de profundidad y con más de una veintena de cuerpos, la identificación del padre de Ascensión presentó dificultades pero “técnicamente, las fosas de Guadalajara se podían exhumar”, defiende Marco González, uno de los arqueólogos de la ARMH, antes de abandonar este domingo el cementerio madrileño. “Hay otras 200 personas enterradas, y 90 familias a las que se les debe dar una respuesta”, insiste, y lamenta los impedimentos del Ayuntamiento en “algo tan sencillo como dar el permiso para que las técnicas y técnicos que estaban allí pudieran entrar a trabajar”.

Marco González: “Hay otras 200 personas enterradas, y 90 familias a las que se les debe dar una respuesta”

González apunta a la responsabilidad del estado en el proceso de recuperación de desaparecidos del franquismo. “Esto no puede ser una labor de las propias familias. Aquí han estado nietos y sobrinos de personas allí enterradas. Si una asociación como la ARMH ha identificado a más de 1.400 personas, ¿qué no puede hacer el estado?”, deplora.

Ante el vacío de ayudas oficiales, las exhumaciones por las que Ascensión Mendieta ha recuperado a su padre han sido posibles gracias a la voluntariedad y a las donaciones de instituciones extranjeras como el sindicato noruego Elogyt, y al premio concedido por los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln.

Ascensión Mendieta, abuela de Plaza de Mayo

La abogada de la querella argentina Ana Messuti, que trabaja con las víctimas desde España, destacaba minutos antes de la llegada de Ascensión al cementerio la importancia del “precedente de colaboración” entre la justicia argentina y española que se da con el caso Mendieta. “Se trata de un ejemplo de cooperación evidente, y podemos pedir nuevos exhortos y tratar de abrir otras fosas. El precedente es positivo pero también hay otros muchos negativos que superar”, razonó.

Para Lila Parrondo, de la Red argentino - europea por el derecho a la identidad, presente también en el sepelio, “al fin se ha hecho justicia; la lucha por larga que sea da sus frutos ”. La coordinadora de esta red que pertenece al movimiento Abuelas de Plaza de Mayo ve a Ascensión como una de esas madres y abuelas que aún luchan por rescataron a los hijos y nietos que les arrebató la dictadura en ese país. “Ella es hija de Timoteo pero ahora es una abuela, y ha luchado toda su vida para que esto llegara a concretarse. Y su emoción nos embarga a todos. Ha sido un camino muy largo, pero la verdad triunfa al final”.