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Los bomberos de ProemAid vuelven tras su absolución al campamento de refugiados vulnerables de Pikpa

Después del veredicto de inocencia por la acusación de “tentativa de tráfico de personas” que pesaba sobre los activistas, han vivido una jornada que cabría describir como de “borrachera sana” tras la que han querido mostrar la realidad que encontraron aquel enero de 2016

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Efi Latsoudi (vestido de flores), Onio Reina (de blanco en el centro) y Enrique Rodríguez (de marrón) con su novia, Gabriela García Santos y la de Julio Latorre, Miriam Vázquez (gafas de sol) el resto de activistas en la visita a PIKPA. MARÍA IGLESIAS

Un día después del tajante veredicto de inocencia dictado por la jueza del tribunal de Mitilene, ese “inocentes, todos” que se extendió por la sala, traducido al inglés por los griegos, muchos activistas de ONGs que les acompañaban, la alegría y la risa del momento se han prolongado todo este martes. Día marcado además por las incesantes peticiones de entrevistas tanto de las agencias, equipos de televisión y radio, o profesionales de prensa aquí desplazados como por las cabeceras, cadenas y emisoras que llamaban desde España.

Manuel Blanco, Julio Latorre y Enrique Rodríguez dispusieron la “base de operaciones” en la cafetería del hotel Lesvion donde se han estado hospedando, en pleno paseo marítimo de Lesbos, aquí conocido por el harbour, mientras la mujer de Manuel, Sandra, con dos de sus tres hijos (la pequeña, de dos años), y las novias de Julio y Enrique, Miriam Vázquez y Gabriela García Santos tiraban de paciencia en la terraza donde el calor era algo menos sofocante.

“No nos pesa atender a los medios”, explicaba Enrique, entre la llamada de Onda cero y la de Radio Sevilla Cadena SER, mientras casi de continuo grababa el equipo de Canal Sur para el programa Andalucía directo. “Es el momento de agradecer a los medios y a los ciudadanos que ven o escuchan los programas toda la movilización de solidaridad que nos ha llevado en volandas estos dos años, sobre todo en el duro final”.

En los escasos lapsos en que no contestaban respuestas o posaban para las cámaras, grababan sus vídeos y los subían a redes sociales, compartían viñetas aparecidas en los medios dándoles respaldo o conectaban en directo vía Internet.

Los miembros de ProemAid y otros activistas y Efi Latsoudi ante la guardería de PIKPA. MARÍA IGLESIAS

Pero, de fondo tenían un plan claro: almorzarían en NAN, el restaurante que es uno de los proyectos de la ONG Lesvos solidarity y justo después volverían al campamento de esta, el muy conocido en la isla, y entre el voluntariado Europeo que pasó por Lesbos el 2015-2016 de la llamada “crisis de los refugiados”, PIKPA. El campamento para refugiados especialmente vulnerables, familias con hijos con discapacidad, mujeres maltratadas, o solas con sus menores, homosexuales, personas por sus circunstancias personales especialmente frágiles. Una antigua colonia de vacaciones de niños griegos, cerca del aeropuerto, entre pinares con 23 casas, la mayoría prefabricadas de madera, 105 personas de 7 familias con un total de 45 niños.

Muy lejos de hacinamiento de Moria, el centro oficial de registro y principal campo de la isla donde sobreviven 6.602 personas de los 8.761 migrantes que hay en la isla, pese a que su capacidad es de 3.000. Datos todos estos del Ministerio del Interior griego a 24 de abril de 2018.

A Pikpa han vuelto este martes Julio Latorre y Enrique Rodríguez, con Onio Reina y amigos y voluntarios de ProemAid u otras organizaciones, como Holes in the borders. Querían reencontrarse con Efi Latsoudi, que se presenta como mera miembro de Lesbos Solidarity si bien todos saben que es alma mater e impulsora, obviamente no sola, de este proyecto nacido en 2012 y que sigue creciendo. Pero también para que las novias de los primeros, aquí en Lesbos por por el juicio, conocieran la realidad que Julio y Enrique encontraron aquel enero de 2016 en que vinieron a rescatar y acabaron arrestados.

“Yo soy Nasser, kurdo iraquí, bienvenidos”, recibía cordial uno de los habitantes de Pikpa. “Y yo Mahmud”, kurdo sirio, “si queréis pasar tras recorrer el campamento por mi casa, os invito a un té”, se sumaba. El primero llegó en un dinghy atravesando el Egeo “media hora antes del cambio de año de 2017 a 2018”, comenta sonriente. “Yo hace dos años”, responde Mahmud, al que la espera parece estar agotando. Nasser tiene cuatro hijos y su hija pequeña de cinco años y Mahmud cuatro hijos. “En nuestros países eso es poco, mi hermana tiene 11”, explica Nassser.

Él y Mahmud temen, sobre todo, una deportación a Turquía. “Como kurdos, allí, ¿qué futuro nos esperaría? No nos quieren. Nos acusan de ser todos del PKK, dicen que somos terroristas por el conflicto territorial que sufrimos los kurdos repartidos entre cuatro países distintos” –Turquía, Siria, Irak e Irán.

Efi Latsoudi (derecha) en la visita del grupo, con Julio Latorre y Enrique Rodríguez al fondo. MARÍA IGLESIAS

Estando en el campo, una niña refugiada aparece con el talón lleno de espinas del campo y Onio Reina y el también miembro de ProemAid, Lolo Vidal, extraen las que pueden con una aguja. Las hay tan pequeñas y finas que la pareja de Julio, enfermera, toma las riendas ofreciendo alternativas.

“Sí, es mi hija”, asiente Howaida, siria kurda que lleva un año y seis meses en el campo, madre de tres hijas. “Ya hemos hecho todo el proceso y estamos esperando a ver si nos dan el permiso de residencia. Yo trabajo en el restaurante NAN y mi marido en MOSAIC SUPPORT CENTER” (la cooperativa de Lesvos solidarity en el centro de Mitilene donde hacen bolsos, carteras y hasta chaquetones con los materiales de plástico desechados de los falsos chalecos salvavidas y las lanchas tras cada desembarco).

“Cuando llegamos la idea era ir a Alemania, claro. Allí está mi hermano. Y luego hasta volvernos a Siria… Pero ya tenemos amigos, nosotros y las niñas. Ellas saben ya griego y hace mejor tiempo. La gente es buena, en general”, añade al recordar los ataques fascistas a afganos del domingo 22 de abril. “Durante tres días vivimos muy asustados y aún cuando voy por la calle temo que alguien me diga algo”, dice Howaida que en siria trabajó un año de maestra antes de casarse “pero luego lo dejé porque no estaba bien visto socialmente”.

La expedición de ProemAid contó con las guías de la belga Carmen Dupont y la griega Efi Latsoudi que, en su momento, fue quien entregó los 15.000 euros de fianza, 5.000 por cada bombero que cedió su organización y ahora, tras el veredicto de inocencia, se entiende será recuperado.

“Este espacio es la guardería mixta, con cinco niños griegos y cinco refugiados de entre dos años y medio y cinco años y medio”, muestra Latsoudi. “La han impulsado los padres griegos este año”, muestra la licenciada en Pedagogía y psicología en Atenas, que hizo cuatro años de clínica psicológica en Francia y luego el posgrado en Literatura y cine. “Y esto”, señala una especie de enorme iglú de plástico, en su mitad transparente, donado por un inglés, “el espacio que usamos para proyecciones de películas, cuenta cuentos o encuentros con otras entidades como Amnistía Internacional”.

Manifestación antifascista en la plaza Safo de Mitilene. MARÍA IGLESIAS

La visita no se demora mucho porque Lesvos Solidarity es uno de los grupos antifascistas que han convocado este martes una concentración contra el auge de acciones violentas de este corte ideológico en la isla. Una cita a las 18.00 hora española en la céntrica plaza Safo, la misma donde la madrugada del 22 de abril un violento grupo griego atacó con cócteles molotov a 120 refugiados afganos al grito de “¡Quemémoslos vivos!”. El pasado jueves, se repitieron altercados, durante la visita del Primer Ministro Alexis Tsipras. Por todo lo cual, el activismo democrático de la isla impulsó esta concentración.

Entre el campamento y el centro, se extiende la orilla de playa donde, aunque con menos frecuencia y cantidad aún llegan dinghys, ocho esta semana (otros tantos, al menos, han sido interceptados mar adentro por Salvamento griego). Pero donde, aunque tenga lógica en una isla que con el olivar vive del turismo, no deja de chocar que se dejen ver de nuevo, las tumbonas y sombrillas para disfrutar del sol y el mar.