Publicado: 21.10.2015 02:48 |Actualizado: 28.10.2015 11:18

Charlie Mysterio, el eslabón perdido del pop español

El líder de Los Caramelos regresa como un fantasma tras un eterno silencio discográfico

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Charlie Mysterio, líder de Los Caramelos, dirige y presenta el programa de radio Moscas y arañas.

Charlie Mysterio, líder de Los Caramelos, dirige y presenta el programa de radio Moscas y arañas.


Cavó su propia tumba el día de su parto discográfico. No se había desperezado el siglo cuando Spicnic publicó un álbum aparentemente póstumo que, en realidad, suponía el debut de un dandi sesentero a lo Ray Davies con hechuras de Errol Flynn. Su nombre de guerra, Charlie Mysterio, anticipaba un enigma de la música patria, alguien capaz de entrar por la puerta de atrás del mercado con un título como Los Caramelos 1988-1999.

La desconcertante y anticomercial propuesta era toda una declaración de intenciones: un músico con más de una década a sus espaldas al frente de una banda de culto sin obra colocaba en los estantes una treintena de canciones pop como quien dispara una escopeta de perdigones, a lo loco. Una edición hoy inencontrable, pasto de coleccionistas, que no era otra cosa que un recopilatorio de maquetas de diversa ralea.

Ahí estaban Franco Battiato, Jorge Ilegal o Fernando Márquez, con el que volvería a asomar la cabeza años más tarde, al frente de La Ruleta China. Otro grupo, como no podía ser menos, también atípico: liderado por Márquez, apodado desde los tiempos de Paraíso como El Zurdo, más conocido por ser el autor de Para ti, su único elepé acaba de ver la luz siete años después de su grabación. “Es uno de los mayores letristas de nuestro país”, concede Charlie. “Pertenece a ese club selecto donde figuran Santiago Auserón y Antonio Vega”.

Los Caramelos, desde entonces, endulzaron los oídos de unos pocos, aunque el altavoz de Radio 3 alertó a los oyentes de que un crooner anguloso andaba suelto, aunque casi nadie lo había visto. Hubo quien juró haber presenciado un concierto suyo en Sirocco, una cueva madrileña por la que en ocasiones vagaba como un romántico en pena. Pero Charlie, lo dicho, era un Mysterio. “Nunca he intentado nada, siempre he estado al margen de la industria”, asegura el líder de “un grupo florapasionado apto para hooligans de Juan de Pablos”.

Nada no significa vacío. Charlie, “parco en palabras, profuso en canciones”, montó bandas de nombres imposibles, como Les Samourais, Uccelacci e Uccellini, Capitoné, Los Peregrinus o Nebulosa, hijos bastardos de la escena capitalina. También compuso música alimenticia, aunque su faceta laboral, de artista transeúnte, es opaca: “Un tío con mi nombre no puede contar muchas cosas de sí mismo, porque faltaría a mi leyenda. Soy más lo que no cuento que lo que cuento”.



Lo que no cuenta: nació en Madrid durante el tardofranquismo, pero no fija la fecha; su padre, reconocido productor musical, se codeó con la crema de la canción ligera; se bebió la noche, aunque ahora para verlo hay que ir a Le Cock, una coctelería añeja donde pincha los jueves; Julio Iglesias y Los Brincos dominan su altar de santería; y todo lo que hace es una excusa para exhibir sus fetiches, difundir sus hobbies y homenajear a los suyos: la bailarina Isadora Duncan, el músico John Foxx, la fotógrafa Francesca Woodman, el cantautor Chris Bell o la actriz Soledad Miranda, musa de Jess Franco.

Por lo demás, Los Caramelos no ensayan. Diríamos que tampoco graban si no fuese porque en 2014 publicaron tres vinilos de golpe tras años de sequía: dos siete pulgadas homónimos y un elepé titulado Esconde Tus Alas en la Torre Fantasma (Walden), que volaron de las tiendas. “Son un timo porque se graban en digital”, confiesa Mysterio, quien considera que las canciones enlatadas son un artificio. “Ensayar es aburridísimo, algo propio de un oficinista que se mete a roquero el fin de semana. Defiendo la improvisación: no hay directo sin fallos”.

Él, a diario, entra en el estudio de radio de El Estado Mental para disertar sobre muebles, cultura japonesa, poesía, interiorismo o música portuguesa. Allí también dirige y presenta, junto al diseñador textil Javi Bayo, Moscas y arañas. Un espacio en el que desempolvan sus vinilos descatalogados, pinchan rarezas y pulen joyas por descubrir con el objetivo de rescatar la cara B del rock. O sea, un programa hecho a medida de Los Caramelos, el eslabón perdido y al fin hallado del pop español.

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