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Cooperación Una puerta giratoria… para atender enfermos en el Sahara

El exalcalde de Donostia, Juan Karlos Izagirre, acaba de regresar del Sahara, donde ha participado en un proyecto de atención primaria en los campamentos de refugiados. Promete que volverá… a ayudar a los pacientes saharauis.

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Juan Karlos Izaguirre en el Sahara.

Este lunes, los pacientes del ambulatorio de Errenteria (Gipuzkoa) volverán a tener a su médico de familia en activo: Juan Karlos Izagirre, ex alcalde de Donostia por EH Bildu entre 2011 y 2015, acaba de regresar de los campamentos del Sahara. Dentro de su maleta hay una bata verde, utilizada durante las últimas semanas para atender a aquellas y aquellos que no tienen quién les atienda. Si las puertas giratorias fuesen obligatorias, la suya daría al desierto de los oprimidos.

Pocas horas después de aterrizar, el ex primer edil de una de las principales ciudades del País Vasco dialogó con Público sobre la vida más allá de los despachos. Unos despachos a los que, al menos de momento, no tiene previsto regresar.

Se suele hablar mucho sobre las “puertas giratorias” de los políticos cuando abandonan un cargo público… ¿Se sintió alguna vez interpelado?

Yo no me puedo comparar con un político al uso: he sido alcalde de Donostia por circunstancias varias, como las ilegalizaciones (de la izquierda abertzale). Afortunadamente, cada vez hay más gente que reivindica que hay que hacer la política de otra manera. Entre otras cosas, eso significa que un cargo institucional no puede ser más que otra parte de tu vida militante. Lo que no se puede entender es que, porque ocupes un cargo público, dejes de ser quien eres a nivel profesional y personal. Y yo nunca he dejado de ser Juan Karlos Izagirre.

¿Cuándo empieza su relación con el Sahara?

Llevaba viajando a los campamentos desde 2005. Cuando estuve en el ayuntamiento también aproveché las vacaciones para ir como médico cooperante. Además, hice un viaje como alcalde a los territorios ocupados. Lo que ocurre es que siempre he entendido la cooperación como parte fundamental de la política. No solo se puede luchar por lo de aquí, sino que también hay que hacerlo por otros conflictos que hay en el mundo. De hecho, intenté aplicar esa filosofía desde la alcaldía, y Donostia fue uno de los pocos ayuntamientos que en plena crisis no redujo ni un euro para cooperación

¿Qué hizo después de dejar el cargo de alcalde?

A los 15 días volví a ejercer mi profesión en Osakidetza, donde trabajo como médico de familia en un ambulatorio de Errenteria. Desde 2006 tengo una plaza en lo que se llama PAC, las urgencias extrahospitalarias. También regresé a mis quehaceres habituales en diferentes luchas, ya sean medioambientales, en el ámbito del euskera, en el barrio… También en el ámbito de la cooperación internacional, pero entendida como un compromiso político contra la injusticia. Ya llevo una docena de viajes a los campamentos del Sahara, estuve en los territorios ocupados y en los liberados… Esta es una de las causas que me ha tocado la fibra desde hace tiempo. Así que seguiré yendo.

Juan Karlos Izaguirre en el Sahara.

De hecho, acaba de regresar de allí.

Así es. Yo estoy dentro de Mundu Bat, una organización que tiene un proyecto de atención primaria desde 1996. Somos grupos de dos o cuatro personas que nos vamos turnando para viajar. El objetivo es intentar cubrir el máximo tiempo posible y ayudar en todo lo que se pueda. Por ejemplo, el otro día me tocó atender en los campamentos a una niña de un mes que tenía bronquiolitis. Venía con su abuela, que también había nacido en los campamentos. Hablando con ella, me decía que esperaba que los hijos de su nieta por fin nazcan en un Sahara libre.

¿Cómo definiría la situación que se vive allí?

El gran problema del Sahara podría resumirse así: lo que supuestamente era provisional se está perpetuando. De esa manera, no se llega a organizar un referéndum para que puedan decidir libremente si quieren ser independientes o no. Esa situación provoca, según en qué zona, diferentes problemas. En los territorios ocupados la vulneración de derechos humanos ocurre día a día. En los territorios liberados, gobernados por el Polisario, se permite la vida culturalmente más conocida del pueblo saharaui, el nomadeo. En los campamentos de refugiados la situación es difícil; hay mucho desánimo. También existen presos políticos pudriéndose en las cárceles marroquís, así como un expolio continuado por parte de Marruecos hacia las riquezas saharauis. Tampoco podemos obviar que la gran responsabilidad de todo esto es del gobierno español, que no acaba de culminar el proceso de descolonización pendiente desde 1959. En ese contexto, la ayuda humanitaria no puede estar dirigida a perpetuar esa situación en los campamentos. La ayuda definitiva implica que esa gente pueda volver a su tierra natal. Con dar unas lentejas o ayudar a construir un hospital nos quedamos cojos si junto a ello no hay una reivindicación de que el Sahara debe ser libre e independiente.

¿Echa de menos el ayuntamiento?

Sigo haciendo política como militante de EH Bildu, y también aporto mi experiencia en todo aquello que puedo. Lo que sí echo de menos es que nosotros, en cuatro años, habíamos puesto sobre la mesa un modelo alternativo, pero con el cambio de gobierno comprobamos que volvimos a los “políticos al uso” y se echan cosas marcha atrás. Eso sí que me da pena.

¿Volvería a ser candidato a alcalde de EH Bildu?

(Risas). Ni se me ha pasado por la cabeza. Los que me conocen saben que soy militante de base. En este momento me veo más trabajando en la calle, en los movimientos sociales, y en mi labor habitual como médico. Seas alcalde, fontanero, médico o periodista, la cuestión es luchar.