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Cómo desconectar cuando trabajas en una cárcel

Manuel Penas, que fue atleta de élite y sacó la oposición, explica la vida en prisión, donde sus compañeros han sufrido más de 2.000 agresiones en los últimos 10 años. "Aquí no hay trato de favor para nadie", asegura.

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Manuel Penas, funcionario de prisiones y campeón de España de 100 kilómetros

Hay que esperar a que Manuel Penas salga de la cárcel de Teixeiro,  lo que significa que prácticamente hay que esperar todo el día. Su crónica de trabajo comienza a las ocho de la mañana y no termina hasta las nueve de la noche. Él es un funcionario de prisiones y, como cualquier otro, no puede tener un teléfono móvil ni ningún dispositivo electrónico durante la jornada. "Las reglas son las reglas", explica él en un trabajo que las estadísticas recrudecen por sí solas. Según el Sindicato CSIF, en los últimos diez años se han producido más de 2.000 agresiones a funcionarios de prisiones. La media es una cada dos días y en el camino se narran palizas brutales, hematomas, esguinces cervicales, traumatismos craneoencefálicos y hasta alguna evacuación en helicóptero. Pero eso es algo que cabe dentro del guión y de la vida de una prisión como la de Teixeiro en Galicia. Los propios muros retratan la dificultad de un escenario en el que hay un grave problema: no se sabe si mañana saldrá el sol.

Manuel Penas lleva nueve años como funcionario de prisiones

"Estás con gente que no le agrada estar donde está ", explica Manuel Penas, "y continuamente pueden surgir historias. Pero aprendes que esto es lo lógico, el resultado de tratar con gente con problemas psiquiátricos, gente que puede estar acostumbrada a consumir droga en la calle y, de repente, llega aquí y no puede hacerlo... Y eso no es fácil. No puede ser fácil. Pero en el fondo esto acaba siendo como un trabajo normal en el que si uno está rodeado de buenos jefes o de buenos compañeros la vida se hace mas accesible. Es más, supongo que en todos los trabajos pasará igual".

Manuel Penas lleva nueve años en el oficio desde que aprobó la oposición en el primer intento. "Los seis primeros estuve en el Centro Penitenciario Madrid 6 de Aranjuez". Ahora, ya lleva tres en Teixeiro, donde sigue sin hablar de este trabajo como una vocación, "porque no lo es. Pero, a cambio, yo lo enfoco como un trabajo normal quizás muy exigente al tratar con seres humanos y en el que mentalmente debes estar cada día al cien por cien: tu cabeza no puede fallar porque, si falla, entonces falla tu autoridad. Pero, eso sí, una vez que salgo por la puerta y me quito el uniforme, desconecto totalmente porque tiene que ser así. De lo contrario, sería un problema para mi vida. Por eso me convierto en otra persona que tiene sus aficiones, leer, viajar, la fotografía, correr..., y las respeto totalmente".

De hecho, Manuel Penas no es un funcionario de prisiones al uso. Un hombre capaz de entrenar 160 kilómetros a la semana que ha sido campeón de España en 10 kilómetros, internacional en Mundiales o Europeos y que se ha esforzado tanto corriendo que tal vez por eso se niega a teatralizar. "Entre todas las posibilidades, que nos da la vida, yo siempre haré un enfoque positivo". A veces, eso implica desligarse de las emociones en el centro penitenciario, "porque tiene que ser así. Yo nunca he hecho amistad con ningún preso. Es verdad que algunos les gusta correr y me han reconocido. Pero yo no me dejo llevar nunca por las emociones ni estoy aquí para juzgar a nadie. A veces, sabes hasta cuál es el delito, pero entonces me recuerdo a mí mismo que esta gente ya ha sido juzgada por gente que sabe más que yo".

Manuel Penas en su entrenamiento semanal

"En realidad, yo no soy juez", añade. "Es más, puede que no sabría ni diferenciar qué delito es peor, porque no estoy preparado para eso". De ahí que rara vez Manuel Penas entre en conflicto consigo mismo. "Sé que este trabajo es duro psicológicamente. He convivido con funcionarios que llevan muchos años que han pasado por situaciones muy complejas. Pero la perspectiva del trabajo, como la de la vida, al final, depende de cada uno. Mi personalidad no tiende a dramatizar. Por eso es raro que yo hable de la presión de mi trabajo. Mi presión puede ser menor, por ejemplo, que la de un periodista que no está de acuerdo con su jefe: todo depende de donde estés y de como lo quieras ver. Sé cuál es mi papel: yo no estoy en la cárcel para impartir ningún tipo de justicia, sino para que haya seguridad o que la convivencia sea buena ".

La experiencia, sin embargo, demuestra que no es fácil. "Esto es como una pequeña ciudad entre rejas". Una ciudad en la que Manuel Penas ha coincidido con presos mediáticos. "Aunque no quieras, al final, te enteras, porque la sociedad es así. Pero puedo prometer sin ningún problema que jamás he visto un trato de favor a ningún preso se llamase como se llamase. En el lenguaje penitenciario no se concibe eso". Quizás por eso él habla con tanta naturalidad de este trabajo. "Es verdad que yo soy un hombre muy frío para lo bueno y para lo malo lo que no significa que sea ajeno a lo que pasa. Sé que hay agresiones, sé que hay adicciones, problemas psiquiátricos y presos que te desobedecen. Pero si sabes que puede pasar estás preparado para que pase y lo que debes hacer es saber utilizar esa autoridad que tienes. Yo nunca acudí a la mano dura porque entiendo que no se adelanta nada con ella. La llave no es la violencia. Se trata de mejorar la violencia, no de perjudicarla".

Manuel Penas, funcionario de prisiones y campeón de España de 100 kilómetros

En cualquier caso, la vida es dura. "No es la vida elegida por nadie", resume él y las estadísticas, que ha puesto sobre la mesa el CSIF, le dan la razón: hablan de que el 45% de los presos tienen patologías psiquiátricas o de que tan solo hay 120 reclusos por cada dos funcionarios. Y aunque Manuel Penas imponga su cabeza ("dramatizar es perder energía "), sabe que no todos son como él y que cualquiera sabe lo que pasará mañana en el centro penitenciario de Teixeiro.... Su cabeza deberá volver a estar al cien por cien...