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Discriminación sexista Las chicas entran gratis a la discoteca: el neoliberalismo sexual cosifica a la mujer 

La denuncia a un bar de Albacete que cobraba el acceso sólo a los chicos abre el debate sobre esta práctica que trata a la mujer como objeto de reclamo, quien deja de pagar la entrada en dinero para 'abonarla' con su cuerpo. Los empresarios madrileños del ocio nocturno reclaman incluir dentro del derecho de admisión las agresiones sexistas de cualquier tipo. 

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"Queremos excluir de la fiesta a todo aquel que no esté por la labor de entender que en esta sociedad el no es el no", REUTERS/Paulo Whitaker

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Las tantas de la noche de un sábado en Madrid, Albacete o Bogotá. Un grupo de jóvenes -cada vez más jóvenes- sale de fiesta en busca de un local que abra hasta tarde. Vienen de hacer botellón con marcas de bebida low cost, eso sí , que a los veintipocos importa más el bolsillo que la resaca del día siguiente. Un relaciones de una discoteca cercana se les engancha al hombro. Dos por uno en copas para ellos, y las chicas gratis. Ellas aceptan, ellos protestan. Algunas pagan la entrada a medias o ya dentro, se encargan de invitar a los cubatas. 

La sentencia ni siquiera ahonda en la discriminación aparentemente oculta a la que se somete al género femenino

Una estampa cualquiera que podría estar ocurriendo ahora mismo en alguna parte del mundo. Ese detalle aparentemente nimio merece atención. Las chicas entran gratis. Esta invitación a llenar discotecas de género femenino se ha vuelto a poner en el centro del debate después de que un bar de Albacete recibiera una multa de 1.500 euros acusado de trato discriminatorio de sexo y ejercicio abusivo del derecho de admisión. Al parecer, fue un hombre el que denunció ese supuesto "trato discriminatorio": no entendía por qué sus compañeras podían entrar gratis mientras él tenía que pagar. La sentencia, destaca la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos Sonia Núñez Puente, ni siquiera ahonda en la discriminación aparentemente oculta a la que se somete al género femenino.

"Esta denuncia no sienta jurisprudencia pero sí precedente", asegura Marisa Fernández, de Dones Juristes. La abogada explica que posiblemente sea el primer pronunciamiento de la justicia en lo referente a esta cuestión, al menos que se conozca públicamente. "Es la resolución judicial que queríamos contra esta práctica sexista pero motivada desde el punto de vista masculino", en lugar de denunciar una actuación que cosifica a la mitad de la población, lamenta la letrada.

"Es una especie de falso consentimiento: nadie te obliga pero sabes que cuanto más guapa estés, cuanto más te depiles, cuanto más te maquilles, más ventajas tendrás"/ EFE

Agresiones sexistas fuera de los bares

En cambio, desde la asociación de consumidores Facua -aunque rechazan todo tipo de "prácticas empresariales" que discriminen por razón de raza, sexo, etnia o religión- creen "difícil" demostrar la "intencionalidad machista" de las ofertas especiales solo para chicas. Es lo que asegura su portavoz, Miguel Ángel Serrano. "La gente peca de reclamar poco porque está de fiesta, no es lo habitual casos como el de Albacete", añade.

Vicente Pizcueta, director de Comunicación de Noche Madrid -la asociación de empresarios de ocio nocturno de la capital- va más allá y recuerda que solo es una estrategia de marketing para favorecer a un colectivo con menor poder adquisitivo: "Estamos poniendo el foco en la discriminación de un género cuando lo que de verdad es grave es que ellas sigan cobrando menos por el mismo trabajo realizado".

"Lo que de verdad es grave es que ellas sigan cobrando menos por el mismo trabajo realizado"

El titular fácil, para Pizcueta, es que se explota el atractivo de la mujer cuando en realidad lo que hacen este tipo de bares es distinguir a qué tipo de público quieren dirigirse. "Es una forma de facilitar el acceso a los bares de las chicas", dice, aunque rechaza las prácticas de mal gusto, "degradantes y vejatorias" como la discoteca de Barcelona que ofrece entrada, copa y 100 euros para las chicas que no lleven bragas.

La asociación Noche Madrid ha iniciado el trámite para pedirle a la Comunidad que actualice las condiciones de acceso a los locales y que se incluya, como motivo de expulsión de bares y discotecas, las agresiones sexistas, físicas, verbales y de todo tipo que, según denuncia Pizcueta, no están tipificadas en el derecho de admisión. "Queremos excluir de la fiesta a todo aquel que no esté por la labor de entender que en esta sociedad el no es el no", lanza.

Damas gratis aquí y allá

Cuando te encontré/ con otro amante/ tuve fantasía de matarte/ siempre simulaste/ ser un ángel/ y un puñal de fuego/ me clavaste mujer. Son los últimos versos de un hit de la cumbia villera -esa cumbia que se baila en el conurbano bonaerense- que se llama Mujer endemoniada y que popularizó Pablo Lescano, el padre de esta reinterpretación a la argentina del popular género colombiano. Lescano es también el fundador de la banda Damas gratis, "que toma su nombre de una costumbre en los bailes populares, según la cual sólo pagan entrada los varones". En cuanto al arraigo, sí puede considerarse costumbre, pero lo cierto es que no ocurre solo en bailes populares ni en una única parte del charco.

"¿Nos están usando a las chicas como cebo?"

En Colombia se encuentran muchos bares y discotecas con un cartel en la puerta: 'Mujeres no cover'. "A mí me parece muy fuerte y nunca entro a estos lugares", lanza el colombiano Juan David Reina. En Inglaterra, las ladies nights se pusieron de moda antes que en España. Por aquí es una práctica extendida, lo es y lo fue, sobre todo entre los años noventa y dos mil. "Hasta que llegué a Madrid no sabía que eso existía", recuerda María Fernández, una vasca afincada en la capital.

"Con 20 años y sin pasta me parecía bien que tuviéramos la entrada gratis en algunos locales; hace unos años, hice unas pruebas para trabajar en la sala Penélope. El curro era ir a la discoteca, a llenarla. Te pagaban por ir, por hacer bulto. Entonces pensé, ¿nos están usando a las chicas como cebo?". Como María, muchas mujeres llegaron a la conclusión de que no hay nada gratis. El coste de la entrada deja de hacerse en dinero para pagarse con el cuerpo: "Somos un reclamo fácil para los tíos. Es denigrante y asqueroso". 

En Brasil son muy comunes los ofrecimientos de entradas gratis para mujer até meia-noite, hasta media noche. El periodista Adriano Feitosa opina: "Me parece claro que es machista, denigrante ya no. Son fiestas más populares en general. Ya que existe, si la mujer se siente bien y le gusta el ambiente, creo que no hay problema en que se aproveche de esa ventaja". Pero, ¿realmente es una ventaja?

"Esto refleja una práctica muy heteronormativa y sexista de nuestra sociedad" REUTERS/Nacho Doce

"Ocurre igual que con los piropos", vuelve a la carga la profesora Sonia Núñez Puente. ¿Por qué nos vamos a quejar de que nos digan frases bonitas o nos dejen entrar gratis a las discotecas? "Porque refuerza la idea del neoliberalismo sexual. No es una gratificación sin coste porque ahonda la idea de concebir a la mujer como objeto de reclamo". Es obvio que el cartel de chicas gratis busca, precisamente, que la afluencia masiva del ganado masculino ante un supuesto apetecible panorama plagado de féminas genere más beneficios incluso que si chicos y chicas pagaran lo mismo por su entrada.

"Con esto se nos enseña a las mujeres, desde bien jóvenes, a sacar rédito de nuestro capital erótico, que es nuestro cuerpo", sigue Sonia. "Es una especie de falso consentimiento: nadie te obliga pero sabes que cuanto más guapa estés, cuanto más te depiles,  cuanto más te maquilles, más ventajas tendrás". Y te ahorrarás problemas y comentarios indeseados

El coste de la entrada deja de hacerse en dinero para pagarse con el cuerpo: "Somos un reclamo fácil para los tíos"

Es obvio también que esto no es algo aleatorio: no entran gratis a los bares de copas los chicos que llevan corbata y zapatos a juego ni invitan a chupitos a las y los jóvenes con ojos azules y pelo rubio natural.

"Esto de cobrar solo a los varones puede originar que algunos se sientan con el derecho a ser invasivos -para algo son los que han pagado la entrada- y a estar cómodos en una condición de 'hombre rico' que se ofende si no aceptas el cubata que te paga y cree que lo menos que podrías hacer sería, tú, como mujer invitada, darle un beso". Es la reflexión de la profesora e investigadora Patricia Anette, de 25 años. "Esto refleja una práctica muy heteronormativa y sexista de nuestra sociedad: el hombre proveedor se identifica como un símbolo positivo". Además, vuelve a recordar que cuando un género paga por entrar a un local nocturno y el otro no, se está considerando al segundo mercancía: "Es la parte oculta de lo que te cuesta esa entrada".

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