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autogestión energética Errekaleor instala placas solares frente a las amenazas de derribo

El barrio autogestionado más grande del Estado se convertirá en una “isla energética” gracias a la solidaridad popular. Mientras tanto, el ayuntamiento sigue con sus planes para tratar de acabar con este proyecto.

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Instalan placas solares en el barrio de Errekaleor. / D.A

Cuando las excavadoras entren al barrio autogestionado de Errekaleor, ya no se encontrarán únicamente con edificios rehabilitados y calles pintadas. También tendrán enfrente un ejército de 270 placas solares, compradas gracias a una cuestación popular en la que han participado alrededor de 1.200 personas. En un plazo de 50 días, los vecinos de esta antigua zona obrera de Vitoria han sido capaces de reunir 108 mil euros para seguir avanzando hacia su sueño: convertirse en la “primera isla energética autosuficiente” del Estado español.

Paradójicamente, nada de esto hubiese sido posible sin la intervención de la Ertzaintza. Durante la lluviosa mañana del 18 de mayo pasado, los Antidisturbios de la Policía Autonómica Vasca tomaron el barrio para facilitar el trabajo de los técnicos de Iberdrola, quienes a su vez habían sido llamados por el Departamento de Industria del Gobierno Vasco. Todos compartían una misma misión: dejar a Errekaleor a oscuras.  

En medio de cargas policiales, el ya conocido como el mayor barrio okupa y autogestionado del Estado se quedó sin luz. También esa mañana, el periodista de la radio Hala Bedi Mikel Saenz de Buruaga se quedó sin móvil: los ertzainas se encargaron de romperlo para evitar que siguiera grabando la intervención. Además, Saenz de Buruaga recibió posteriormente una multa de 602 euros, aplicada gracias a la Ley Mordaza. Su caso fue recogido por la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información, que presentó una queja ante el Defensor del Pueblo. También hubo repercusiones en el Parlamento Vasco, donde EH Bildu pidió explicaciones a la consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia.  

Mientras tanto, las familias de Errekaleor seguían pensando cómo volver a la normalidad. Si las empresas energéticas no les daban lo que necesitaban, serían ellas y ellos quienes lo conseguirían. ¿Cómo? Mediante el apoyo popular en Internet. Léase crowdfunding. Léase solidaridad desde distintos rincones del Estado, y también desde el exterior. “Necesitábamos un mínimo de 100 mil euros para poder autoabastecernos con placas solares. Parecía una meta difícil, pero al final hemos conseguido superarla”, comenta Jon Hidalgo, uno de los portavoces habituales del colectivo Errakeleor Bizirik. O Errekaleor Vivo, si lo prefiere en castellano.  

Instalan placas solares en el barrio de Errekaleor. / D.A

Amenaza viva

Los trabajos han empezado bajo este inusual calor de octubre. “Estamos poniendo las primeras placas en la pared sur del frontón, y luego irán otras en el techo del centro social”, cuenta este joven. Una vez acabada la instalación, el barrio dispondrá de un sistema “totalmente autónomo, sin conexión con la red eléctrica general”. “Vamos a tener luz en las casas y en los espacios comunes”, afirma Hidalgo. No obstante, asegura que todo esto irá acompañado por un cambio de costumbres. “También nos tendremos que replantear nuestro modelo de consumo energético, porque va a ser distinto”, remarcó.  

Las placas entrarían en funcionamiento dentro de aproximadamente un mes y medio. Para entonces ya estaría redactado el proyecto que ha concedido el ayuntamiento de Vitoria (gobernado por el PNV en coalición con el PSE) a una empresa de esta ciudad. Su objetivo: diseñar el derribo de este barrio, donde el gobierno municipal pretende levantar una “zona verde”. En realidad, el plan inicial –elaborado cuando esta ciudad se encontraba en manos del PP- hablaba de un proyecto urbanístico de importantes proporciones, pero la caída en desgracia del ladrillazo obligó a cambiar de planes.  

La pregunta se encuentra ya sobre la mesa: ¿llegará antes la energía solar o las excavadoras? Aún no está del todo claro, pero parece que primero habrá luz y luego leña. “Aún tienen que abrir un proceso judicial para hacer posibles los desalojos, y el propio alcalde, Gorka Urtaran, ha admitido que pueden ser semanas o meses”, explicó el integrante del colectivo vecinal. Mientras tanto, la vida en el barrio okupa no se detiene. “¿Quiere un ejemplo? Aquí tiene uno bastante claro: estamos colgando 100 mil euros de la pared sur del frontón”, dice este vecino mientras contempla esas placas solares financiadas por crowdfunding. Errekaleor es diferente.