Público
Público

Felgtb mujeres La presión social silencia a las mujeres lesbianas y trans del mundo rural

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales denuncia la presión social y religiosa que recibe el colectivo en los pueblos en el marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales. 

Una mujer trabajando en el campo / Instituto Andaluz de la Mujer

Olivia Alonso (EFE)

A pesar de vivir en una ciudad donde "hace su vida", cuando Pilar regresa al pueblo tiene la sensación de "encerrarse en el armario" para "pasar desapercibida" como les sucede a otras mujeres Lesbianas, Trans y Bisexuales (LTB) a las que la presión social y religiosa aboca a vivir su realidad en silencio.

Es una situación que denuncia la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (Felgtb) coincidiendo con la celebración este martes del Día Internacional de las Mujeres Rurales, un ámbito en el que las mujeres LTB "perpetúan su invisibilidad histórica" por miedo al estigma y al rechazo que sufren al no responder "al estereotipo de esposa y madre".

Según la Felgtb, el peso social de no cumplir con las expectativas impuestas por los roles de género es mucho mayor en entornos "más pequeños, tradicionales y familiares", una idea que confirma a Efe Pilar Milanés, nacida hace 36 años en Don Álvaro, un pueblo extremeño de 700 habitantes del que salió para estudiar en la Universidad de Cáceres.

Milanés: "Siempre hay unas expectativas con una hija que en mi caso no se cumplieron, mientras mis amigas iban teniendo novio y casándose"

"Siempre hay unas expectativas con una hija que en mi caso no se cumplieron, mientras mis amigas iban teniendo novio y casándose", explica Milanés, que relata que creció sin ningún tipo de referente" y no recuerda haber escuchado "el concepto lesbiana u homosexual" hasta llegar a la universidad, "cuando todo fue descubrir".

Comenta como a través de un equipo de fútbol sala se fue fraguando un grupo de amigas en la época de universidad en el que, con el tiempo, "la gran mayoría éramos lesbianas o bisexuales y veníamos de pueblos pequeños".

Según la Felgtb, las mujeres LTB más jóvenes (menores de 26 años) empiezan a visibilizar "con normalidad" su orientación sexual o identidad de género, lo que no sucede con la franja de entre 26 y 50 años.

En este sentido, Pilar Milánes, dice que "públicamente" no conoce mujeres lesbianas mayores de su pueblo, al que sí se han ido a vivir algunas parejas de jóvenes.

Respecto a su situación, reconoce tener la sensación de "encerrarse en el armario" cuando regresa al pueblo donde retoma sus "rutinas de allí" y omite mucho de su vida en Cáceres, lo que también, asegura, que le sucede a muchas de sus amigas "al volver a casa".

Milanés: "Es muy duro afrontar comentarios cuando no se está preparado"

Procedente de una familia muy religiosa que "sigue sin ver normal que un niño tenga dos mamás", explica que oculta cosas de su vida "para no entrar en choques" en un día a día en el pueblo con "comentarios lgtbfóbicos y las típicas bromas de cuñados".

Y señala que en un pueblo pequeño el proceso de salir del armario implica necesariamente a la familia para la que, subraya, es "muy duro afrontar comentarios cuando no se está preparado".

A juicio de Milanés, la situación puede cambiar en un par de generaciones debido a que hay "otros modelos y referentes", pero lamenta que en la actualidad muchas mujeres LTB sigan abandonando los pueblos porque "la vida no es cómoda".

La Felgt subraya que esta situación afecta especialmente a las mujeres trans para huir de los juicios de valor, lo que, afortunadamente, no le sucede a Vanessa, quien a sus 24 años reside en Villacañas (Toledo), donde "son más abiertos que en el resto de la zona", según comenta a Efe.

Aun así, reconoce que es increpada de vez en cuando por "unos idiotas" y revela que no salió "completamente del armario" hasta los 21 años, ya que antes "creía que era gay".

Para Vanessa, su familia la ha aceptado "fenomenal" tras "dar por muerto a un hijo que ahora es una hija"

Tras vivir durante dos años un proceso "en el que tenía todo patas arriba", a los 23 retomó su vida y volvió a estudiar a las aulas donde fue tratada "como una mujer" y se sintió "muy cómoda".

Por ello no quiere abandonar este pueblo, con más de 9.000 habitantes, aunque reconoce que no rechazaría una oferta laboral en una ciudad porque "la gente es más abierta y no te mira nadie".

Añade que su familia más cercana, superado el "shock" inicial de "dar por muerto a un hijo que ahora es una hija", la ha aceptado "fenomenal", e insiste en que vive una situación "excepcional" con el reconocimiento de sus vecinos por su "valentía".

Pero advierte de que conoce a otras mujeres trans que han tenido que abandonar sus pueblos porque les "hacían la vida imposible".

¿Te ha resultado interesante esta noticia?

Más noticias