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FIESTAS DE GRACIA El silencio triste de las fiestas de Gràcia

Se ha suspendido la programación de las fiestas, que celebraban su bicentenario, y las calles del barrio reciben muy pocos visitantes. En 200 años no se había suspendido nunca esta fiesta mayor, ni el año de la Guerra Civil.

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Una calle de Gracia la noche del viernes, prácticamente vacía. FOTO: Elena Parreño

La noche del viernes, el día después del atentado de La Rambla, muchas calles de Gràcia estaban prácticamente vacías. Este año la fiesta mayor celebraba su bicentenario, con una programación con cientos de actividades y unas calles engalanadas que los vecinos han estado preparando durante todo el año. Hasta la noche anterior al atentado, en las calles de Gracia no cabía ni un alfiler. Fueron dos días de fiesta, martes y miércoles. Después silencio. La tarde del atentado, las calles engalanadas, las guirnaldas y las luces de colores se fueron quedando solas.

El sonido intermitente de los helicópteros ha sustituido a las canciones y los equipos de música no se usan

A través de texturas y colores, en la calle Verdi los vecinos han recreado diferentes atmósferas habitadas por animales salvajes. "Hoy sábado ha empezado a venir más gente, pero la calle ha estado vacía; lo entendemos, es horrible lo que ha pasado y tenemos mucha tristeza", dice Manel Rodes, que lleva 40 años en la calle Verdi. Este año, como los anteriores, ha trabajado en la decoración de la calle. "Nunca se habían suspendido las fiestas, en 1936 hubo fiesta mayor y este año era el del bicentenario", lamenta Manel.

La Generalitat ha decretado tres días de luto y se han suspendido todas las actividades. "Sólo mantenemos algunas actividades de día y dentro de la calle", explica Manel. En ningún sitio suena música. El sonido intermitente de los helicópteros han sustituido a las canciones y los equipos de música no se utilizan. Tampoco se han entregado los premios a las calles adornadas. "El día 21, el último día de fiestas, ya no habrá luto oficial pero tampoco tenemos ganas de hacer nada", dice Manel.

Las atracciones infantiles instaladas en Jardinets de Gràcia estan cerradas desde el atentado. FOTO: Elena Parreño

Las comisiones de fiestas pueden quedar endeudadas

Más allá de la tristeza, muchas comisiones de fiestas pueden quedar endeudadas después de estas fiestas. Los gastos por los equipos de música alquilados y los materiales para los decorados quedarán en deuda si las calles no ingresan el dinero que esperaban, proveniente de la venta de bebida y comida en la calle o de productos como camisetas y vasos. "Cuando se acaba la fiesta mayor tienes que terminar a cero y ahora tenemos una deuda pendiente", dice Manel. Esta deuda podría afectar a los decorados u organización de actividades del año que viene.

"Aunque no nos gustan los ruidos que no nos dejan dormir, sabemos que este silencio no es natural"

En Gracia es habitual ver mensajes de los vecinos en los balcones pidiendo silencio y respeto por su descanso. Marta Gala, vecina de la calle Martínez de la Rosa, lo tenía todo organizado para dormir fuera de casa durante las fiestas. "La noche antes del atentado no dormí en casa porque la música y la fiesta se alargan hasta muy tarde". Le entristece el contraste de la noche del 16 a la del 17.

"La noche del miércoles 16 estuve en la calle Mozart viendo una peli en la calle con mucha gente", dice, "da mucha pena porque, aunque no nos gustan los ruidos que no nos dejan dormir, sabemos que este silencio no es natural ". Muchas calles han incorporado en sus decorados crespones negros y mensajes tras el atentado, como un gran "Sin miedo" en la calle Sant Pere Màrtir. La entrada de la calle Puigmartí está presidida por un gran crespón negro y allí los visitantes dejan mensajes de condolencia y ánimos.

Un gran crespón negro preside la entrada a la calle Puigmartí. Foto: Elena Parreño

Hay zonas de Gracia que notan menos la falta de afluencia de gente, sobre todo las plazas, donde todas las terrazas están llenas. "La única diferencia aquí es que no hay música, pero seguimos trabajando mucho", dice un camarero de la plaça de la Vila. "La noche del atentado tuvimos la terraza llena, y sobre todo eran turistas", dice, y añade, "es muy triste todo lo que ha pasado, pero supongo que la gente quiere seguir viviendo".

A medida que pasan las horas, las calles adornadas de Gracia van recibiendo visitantes, entre ellos muchos turistas. A ratos parece que todo sea como los años anteriores, pero el silencio triste de algunos rincones y espacios recuerda enseguida que este año el barrio no puede celebrar su fiesta ni salir a bailar.