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Fuego fraterno para avivar la comunidad global

El Common Action Forum reúne en Madrid a medio centenar de profesionales de África, América del Sur, Centro y Norte, Oriente Medio y Europa para debatir sobre 'Los límites de la desigualdad y el horizonte de una sociedad sostenible'.

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Wadah Khanfar, Antonio Escohotado y Arlene Clemesha. CLARA BELLÉS

Asamblea de ciudadanos comprometidos. Medio centenar de personas llegadas a Madrid desde Gran Bretaña, Holanda, Estonia, Serbia, Estados Unidos, Canadá, pero también Brasil, México, Puerto Rico, Argentina, Sudáfrica y Nigeria. Con españoles y un palestino, radicado en Qatar, el promotor del Common Action Forum, ex director general de la cadena Al Jazeera, Wadah Khanfar. El pensador más influyente en 2011 por la revista Foreign Policy, desde su salida de TV hace cinco años, está volcado en promover la convivencia intercultural desde su think tank, Al Sharq/El Oriente. En citas como esta, que parecía un híbrido de esa Asamblea de Naciones Unidas ideada tras la II Guerra Mundial, el holocausto y la bomba nuclear y las del 15-M en España, La Nuit Debout en Francia, o la primavera árabe, que Al Jazeera cubrió con gran despliegue en Siria, Túnez, Libia o Egipto.

Límites de la desigualdad: hacia una sociedad sostenible era el tema que concitó, el fin de semana, en este CAF, co-creado y dirigido por el geógrafo brasileño Rafael Heiber, a políticos como el exministro brasileño de Exteriores Celso Amorín, la exdiputada estonia Liia Hänni o el exgobernador de México D.F. Marcelo Ebrad, juristas como la nigeriana Ayo Obe o el argentino Eduardo Barcesat, pasando por el economista post-keynesiano Steve Keen o el anarquista Bob Black; académicos de Historia Árabe, Comunicación o Psicología social; periodistas -un destacado grupo de Al Jazeera-; productores teatrales; filósofos; eco-feministas; y otras personalidades como el director en España de la Organización Internacional del Trabajo, Joaquín Nieto Sainz, la co-creadora, con Jimmy Wales de Wikipedia, del medio WikiTribune, Orit Kopel, y el presidente emérito del PEN Internacional, John Ralston Saul.

En cuatro sesiones temáticas debatieron sobre pobreza y equidad, libertad e igualdad, alternativa a la destrucción y precarización del empleo por la mecanización y robotización, el desafío de las fake-news en redes sociales, racismo, islamofobia, discriminación, eurocentrismo, posibilidades y riesgos de la biotecnología e inteligencia artificial y finalmente, la búsqueda de vías para alumbrar un nuevo sistema, cosmopolita, superador del Estado nación y el capitalismo extractivo ultracompetitivo hoy desbordado por el reto medioambiental y el de la convivencia mundial.

La propuesta más unánimemente respaldada fue la renta básica. “Prefiero llamarlo protección social universal incluyendo educación y sanidad”, dijo Joaquin Nieto de OIT-E. “En el mundo hay 200 millones de desempleados y 74 millones son menores de 25 años”, señaló. “El 50 por ciento de habitantes de planeta no tiene sistema de protección y otro 30 uno precario. El nuevo contrato social debe amparar a los sin empleo, en un mundo con 152 millones de niños trabajando”.

Desde Eduardo Suplicy, senador veinte años en Brasil, al economista post-keynesiano Steve Keen o el anarquista Bob Black -“con mala conciencia de aportar porque no creo que ningún Gobierno haga nada bueno”- respaldaron una renta para toda persona por existir. “¿Quién debe pagarlo?”, preguntó Nieto. “Los beneficios de esta revolución tecnológica que reduce empleos pero multiplicará la productividad como jamás imaginamos. Si las élites acaparan las ganancias, la multitud excluida será ingobernable”.

El Foro empezó de modo desconcertante. La inauguración se planteaba como diálogo abierto, en Casa América, entre Wadah Khanfar y el filósofo español Antonio Escohotado, sobre desigualdad. El primero habló de la “escandalosa aceptación de la brecha Norte-Sur”, del distinto trato en medios de atentados como el atropello en Manhattan con ocho muertos y el de Mogadiscio con 300, la “decepción de que ningún líder occidental se solidarizara con las primaveras árabes”, y el riesgo de que la inteligencia artificial y biotecnología “cree súperhumanos e infrahumanos”. Pero Escohotado, también en inglés, empezó cuestionando que “sea deseable ninguna igualdad, de género o material, cuando en cada familia los hermanos son distintos”, para señalar enseguida que “los musulmanes se victimizan”, llevan “durmiendo desde la época de Averroes”, “sin asumir la competitividad, frente a gente como los holandeses que prosperan sin necesidad de explotar a gente de Ghana o Nigeria porque para desarrollarse la clave está aquí”, señalándose la cabeza. “¿Budismo, taoísmo, hinduismo tienen el programa de expansión del Islam?” preguntó. “Ahora habéis llegado al límite, horrorizan los atentados fanáticos que matan a millones y como aquí se dice -pasó al español: “Paguen justos por pecadores”.

"Fraternidad", la palabra más usada

Tal imprecación y las siguientes descalificaciones al Corán, acusaciones de machismo y ablación de clítoris generalizada, aunque respondidas por Khanfar y asistentes, cayeron como agua fría sobre los congregados, de todo género, religión y procedencia nacional, étnica o racial. Pero en los días siguientes parecieron servir de acicate en la búsqueda de un modelo alternativo al eurocentrismo que el académico personificó. “Fraternidad” fue la palabra más usada. “Encarnada en logros concretos”, alentó el exgobernador de México D.F. Marcelo Ebrad. “En mi país, con 52 millones de pobres sobre una población de 128 ser conservador es inmoral”, e informó del sistema pensionario introducido por López Obrador, las becas de estudios “y el cambio cultural para que la sociedad de tradición católica aceptara el matrimonio LGTBI, interrupción legal embarazo, muerte asistida”. La activista sudafricana Cheryl Carolus aportó su experiencia de la transición a la democracia junto al líder Nelson Mandela, así como la exdiputada estonia Liia Hänni, la más cauta ante la renta básica por su experiencia del régimen soviético.

La productora teatral serbia Ivana Nenadovic, miembro del Democracy in Europe Movement 2025 (DiEM’25), denunció “un bloqueo sistematizado en los medios tradicionales ante iniciativas ciudadanas o escándalos de corrupción política y económica que sólo las redes sociales permiten sortear”. Y alrededor del tema informativo se vivió un debate en que Orit Kopel presentó WikiTribune, el economista Steve Keen apuntó “tres novedosos sistemas de suscripción en que el usuario puede apoyar a los creadores de contenido, también informativo, con pagos por clics: Inkl, Flattr y Patreon”, en que Keen participa. Pero sobre el futuro de los medios, se apuntó tanto a Google y Facebook como acaparadores del mercado, como la opción BBC de empresas públicas fuertes al servicio de la ciudadanía y no del gobierno de turno, subrayado sin idealizarlo, por el profesor de Leicester Peter Lunt, “y formas híbridas e imaginativas”, en palabras de Khanfar, “con startups de pequeña estructura, que abaratan costes, dedicadas al periodismo de investigación y contextual, muy especializado”.

“En Occidente estamos desesperados”, aseguró el presidente emérito del PEN, John Ralston Saul, “encerrados por las vallas que levantamos para protegernos” y eso que su país, Canadá, fue puesto de ejemplo por su acogida de refugiados y migrantes. “Tenemos 150 años de experiencia en un sistema que, sin ser perfecto, une a Gobierno y ciudadanía, en la idea de que los llegados han de convertirse cuanto antes en ciudadanos para evitar la clandestinidad y marginalidad. El objetivo ahora es acoger a 350.000 al año. ¿Cómo Europa, tras 75 años recibiendo a migrantes, no tiene Ministerios de Ciudadanía y Migración, como los de Exteriores, Interior o Defensa?”

José Olives en el Common Action Forum.

En la última sesión, centrada en "Alternativas cosmopolitas", José Olives, quien fuera decano de Humanidades de la Universidad Internacional de Catalunya, encendió una vela en el centro de la sala octogonal declamando con la pasión de un aedo: “Cosmopolita tiene en su corazón la idea de polis y en la polis, como en los primeros poblados de negros de África y los de esquimales, el centro era el fuego. Las sacerdotisas cuidaban de que no se apagara pues sin él no hay comunidad. Tucídides dice que la polis somos nosotros, los vivientes. ¿Y el fuego? Luz, visión, conciencia. Como también calor humano, afecto, amor... Fraternidad. La idea de polis se ha perdido en el Estado moderno, muy productivo, sí, pero maquinista. Y el mundo no se rige con un esquema de ingeniería, ¡porque es un sistema animal viviente! El viejo Diplodocus del Estado se está desintegrando. Confluyamos en esta llama, intersección de izquierda-derecha, arriba-abajo, poderosos-desheredados para trascender y afrontar juntos lo que aún ignoramos”.

Tras lo cual, Wadah Khanfar alentó al foro a convertir la tormenta de “ideas en un plan de acción” e “implicar sobre todo a la juventud”, como ya había animado a hacerlo la joven periodista y cineasta holandesa, la judía Natasha van Weezel autora del libro Conociendo al enemigo. Los presentes, después, se disgregaron. Khanfar rumbo a la Web Summit de Lisboa donde mañana intervendrá hablando de “Tecnología, medios y política”. Aunque pronto volverá a España, pues el jueves 30 participa en el foro El Mediterráneo como escenario de la potencial Guerra Fría entre Rusia y EE.UU, organizado por la Fundación Tres Culturas, en Sevilla.