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Igualdad El sexismo en la Eurocámara, reflejo de una sociedad machista

Iratxe García (PSOE) y Marina Albiol (IU) reconocen que los comentarios sexistas en el pleno no son habituales, aunque sí hay casos particulares, especialmente entre los políticos de extrema derecha.

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Un cartel en una mesa del Parlamento Europeo con el hastag #metoo que denuncia el abuso sexual. /REUTERS

Janusz Korwin-Mikke, eurodiputado polaco independiente, lo ha vuelto a hacer. El pasado lunes, durante un debate sobre el uso de los fondos estructurales para luchar contra la despoblación en determinadas regiones de Europa, Korwin-Mikke culpó a las mujeres de este fenómeno por haberse incorporado al mercado laboral. Es la enésima provocación del polaco, habitual de los comentarios machistas, xenófobos y racistas en la Eurocámara, por los que suma ya unas cuantas multas y suspensiones. Medidas, sin embargo, que no parecen haberle frenado.

Pero las intervenciones de Janusz Korwin-Mikke y otros comportamientos y comentarios en la Eurocámara, entienden las eurodiputadas consultadas por Público, no es son más que el reflejo de una sociedad machista.

Iratxe García (PSOE) y Marina Albiol (IU) reconocen que los comentarios sexistas en el pleno no son habituales, aunque sí hay casos particulares, especialmente entre los políticos de extrema derecha. “No diría que es algo generalizado”, asegura García. Sin embargo, Albiol sí denuncia comportamientos machistas en la institución. “Como tienen más poder, probablemente hay una mayor actitud de dominación. Pero por otra parte, también hay mucha más visibilidad y muchos más recursos a la hora de afrontarlo”, recuerda la eurodiputada de IU.

Iratxe García: “Si las mujeres feministas no hubieran trabajado y reivindicado la lucha por la igualdad, yo no tendría la posibilidad de estar aquí defendiendo mis ideas en el Parlamento”

Terry Reintke, eurodiputada alemana por los Verdes y miembro de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género en la Eurocámara, va un paso más allá y asegura que en los últimos meses los comentarios sexistas se han hecho particularmente habituales en la institución. 

“Hay otras formas de comportamiento sexista, no necesariamente en el Pleno, pero sí en las reuniones de las comisiones, en otras reuniones en el Parlamento Europeo, donde hay comentarios despectivos respecto a las mujeres; donde las mujeres han sido reducidas a su apariencia o se hacen referencias sexuales”, denuncia Reintke. “El problema”, en cualquier caso, “es mucho más profundo que simplemente lo que se dice en el Pleno del Parlamento Europeo”, asegura la eurodiputada alemana.

Marina Albiol, representante de Izquierda Unida, defiende que el machismo en la Eurocámara no es ni más ni menos que el reflejo de la sociedad heteropatriarcal en la que vivimos. “El machismo está en todos los ámbitos de nuestra sociedad y, por tanto, también está en las instituciones y concretamente en el Parlamento Europeo”, explica Albiol. Por eso, insiste la portavoz de IU, es esencial denunciar los comentarios y actitudes sexistas dentro de la institución, sin olvidar que este fenómeno es mucho más grave fuera de él.

Subraya la eurodiputada de la izquierda que los representantes públicos tienen la responsabilidad de denunciar y sancionar estos comportamientos “pero hay otros espacios donde la violencia es mucho mayor, donde el machismo se demuestra de una forma mucho más cruel y es ahí donde tenemos que poner el foco”.

El silencio cómplice

Aunque a veces, el silencio es también cómplice. La escasa participación de eurodiputados en los debates sobre la brecha de género o el acoso sexual en la Eurocámara ha sido duramente criticada tanto desde centro de la institución como desde la sociedad civil.

García, así y todo, prefiere ser positiva y celebrar que la implicación en el trabajo por la igualdad que es cada vez mayor por parte de los hombres. “Necesitamos hombres feministas que sean capaces de reivindicar con los mismos argumentos y con la misma intensidad lo que estamos reivindicando”, asegura, “ese trabajo que nos queda por hacer debe ser compartido también por los hombres”.

Terry Reintke es muy dura respecto al papel de los hombres en este asunto. “Me gustaría que en casos menos extremos también hubiera gente que alzara la voz”, insiste la eurodiputada de los Verdes que llama sus colegas hombres a no callarse cuando presencien comentarios sexistas, ya sea en reuniones oficiales o en privado.

Imagen del Parlamento Europeo. REUTERS

Marina Albiol también echa en falta la participación de los eurodiputados en los debates sobre la igualdad pero hay otro silencio que le duele más que este. “Lo que me preocupa es el silencio de aquellos que saben que su amigo, su compañero de trabajo es un maltratador, es un acosador o que maltrata a su mujer todos los días y callan; de los vecinos y las vecinas que oyen las palizas y callan; del compañero de trabajo que ve un comportamiento del jefe hacia su compañera pero calla.

"Todo ese silencio es el que se está produciendo en la sociedad, una sociedad patriarcal que es cómplice de los comportamientos machistas y de violencia de género”, denuncia Albiol con contundencia. “Y ese mismo silencio”, subraya, “de alguna manera, también se reproduce en el Parlamento”.

¿Dar publicidad a Korwin-Mikke?

Korwin-Mikke se alimenta de la polémica y ha hecho del Parlamento Europeo su escenario. Pero esto, asegura Iraxte Gracía, no puede desviarnos del problema fundamental: si Korwin-Mikke está ahí es porque le han votado y quienes lo han hecho probablemente piensan como él.

“Lo que nos debería preocupar es que en la Europa del siglo XXI todavía pueda haber personas que defiendan que las mujeres son más débiles, que son menos inteligentes, que lo que deberían hacer es quedarse en sus casas y tener hijos, que es lo que nos ha dicho hoy”, denuncia la socialista. Debería inquietarnos, asevera García, “que él está donde está y le han elegido por pensar así y por hacer ostentación de ello”.

Respecto al eterno debate sobre hasta qué punto hay que dar publicidad a los comentarios de Korwin-Mikke, Iratxe Gracía entiende que, de algún modo, tiene el deber de responder a estos ataques. “Posiblemente si mujeres feministas no hubieran trabajado y reivindicado la lucha por la igualdad, yo no tendría la posibilidad de estar aquí defendiendo mis ideas en el Parlamento”, defiende la socialista.

Marina Albiol considera que hay que buscar un punto intermedio entre denunciar el discurso del polaco sin darle publicidad pero que ignorarlo no es una opción.

Marina Albiol: “Me preocupa es el silencio de aquellos que saben que su amigo, su compañero de trabajo es un maltratador o es un acosador y callan" 

Terry Reintke, que se niega a reproducir el odio que Korwin-Mikke desprende pero también a permanecer en silencio, ha encontrado su propia fórmula. “No quiero darle un escenario así que no repito lo que él dice sino lo que la mayoría de mis mayoritariamente colegas femeninas dicen en respuesta a eso. Ese es el mensaje que quiero hacer pasar”, asegura la alemana que considera que permanecer callada solo ayuda a normalizar el machismo.

Para Marina Albiol además, las sanciones no siempre son suficientes y en algunos casos, sencillamente no existen. “Debería tratarse como lo que son, discursos de odio que no deberían tener cabida en ningún espacio de la sociedad pero por supuesto, tampoco en el Parlamento Europeo”, sentencia.

En cualquier caso, de poco servirán las sanciones mientras haya un electorado detrás de quienes defienden ideas machistas y, subraya Iratxe García, “lo fundamental para cambiar estas ideas es la educación en igualdad”.

Reintke coincide y asegura que si de verdad queremos cambiar las cosas, hay que declarar claramente “que es inaceptable que este tipo de comentarios se hagan”. El siguiente paso, asegura la representante de los Verdes, debe ser abordar este tipo de comportamientos tanto en el sistema educativo como en los medios pero no únicamente.

“Porque solo viviremos en sociedad igualitarias si luchamos contra la violencia contra las mujeres, un fenómeno ampliamente extendido; solo viviremos en sociedades igualitarias si las mujeres consiguen finalmente el mismo sueldo por el mismo trabajo; y solo viviremos en sociedades igualitarias si las mujeres tienen los mismos puestos, por ejemplo, a la cabeza de las empresas”, sentencia Reintke.