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Una investigadora muestra la invisibilidad de las embarazadas en el transporte público

Natalia Martín-María es psicóloga y ha documentado las veces que la gente le cedía el sitio en el metro, cercanías y autobús durante los últimos meses de su embarazo.

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Imagen de archivo de un vagón de metro de la línea 9 de Madrid / EFE

Ceder el asiento a las personas mayores y las mujeres embarazadas en el transporte público es una de las muestras de educación más básicas,¿pero realmente se hace? 

Esta pregunta es la que animó a Natalia Martín-María, psicóloga e investigadora en la Universidad Autónoma de Madrid, a realizar un estudio empírico de las veces que le cedían el sitio en el metro, cercanías y autobús en sus últimos meses de embarazo. "Quería comprobar que había de mito y de realidad en lo de ceder el asiento a las embarazadas", comenta a Público esta joven de 28 años y mamá primeriza de Luca.

Desde el lunes dos de noviembre de 2015 hasta el jueves 28 de enero de 2016, tan solo ocho días antes de dar a luz, Natalia documentó las veces que le cedieron el sitio. 

Notas de Natalia cuando realizaba la investigación

En total, Natalia utilizó 248 veces el transporte público: 169, metro; 71, cercanías y ocho veces el autobús urbano. De todas esas veces, 164 había sitio, por lo que pudo sentarse sin problema. "Influye la hora a la que cojo el transporte y la zona. Vivo en la zona de la Gavia, al sur de Madrid, que está a las afueras y es el comienzo de los trayectos", explica la investigadora.

De los 84 viajes que hizo Natalia cuando no había sitios libres, 55 veces le dejaron y 29 la vieron y no le dejaron. "Había situaciones que eran especialmente evidentes y mis compañeros de trabajo se quedaban boquiabiertos. Por ejemplo, estar de pie y que unas chicas jóvenes estén viéndome y ni siquiera preguntar, cuando mi estado era bastante avanzado", relata esta psicóloga.  

Mujer menor de 40 años

De las personas que ofrecieron a Natalia el asiento, 35 eran mujeres y 23 hombres. Además, según la investigadora, la mayoría (33) eran también menores de 40, aproximadamente. 

Por otra parte, 14 de las 58 personas que le dejaron sitio eran extranjeras. "Me llamó también mucho la atención que dos niños de más o menos 12 años me dejaron el sitio. Un gesto que me sorprendió y agradecí viniendo de gente tan joven", cuenta Natalia. 

Un ejercicio de empatía

"Es verdad que los resultados no son malos, al fin y al cabo dos tercios me cedieron el sitio, pero es sorprendente que la gente te ignore cuando cuando estás en un estado tan avanzado de gestación", concluye Natalia. Además, indica que al comentar la situación con amigas que también habían sido madres hace poco tiempo, se mostraron totalmente identificadas. 

Notas de Natalia cuando realizaba la investigación

Esta madrileña decidió no pedir el asiento, sino que quería comprobar la voluntad de la gente. Además, señala que esta situación de las embarazadas es extrapolable al caso de las personas mayores.

"Creo que sería necesario hacer un ejercicio de empatía y fijarnos de verdad quién va en el metro. Es verdad que yo no me vi en casos de urgencia, pero se agradece la consideración. Yo me senté todas las veces que me lo ofrecieron porque se nota", reflexiona esta investigadora. El día a día, el ir todo el tiempo mirando el móvil o leyendo sin ver, o sin querer ver, lo que pasa alrededor son prácticas habituales que Natalia pide cambiar o, al menor, ser conscientes de ello. 

Para esta psicóloga, y para compañeros de trabajo y amigos, quizá una buena fórmula sería señalar con pegatinas los asientos en la parte superior, para que la gente fuera consciente de que las personas mayores y las embarazadas tienen preferencia.