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Jóvenes agricultores a punto de arruinar sus cosechas por unas ayudas que no llegan

Dos mil jóvenes agricultores andaluces se encuentran desesperados a la espera de cobrar la ayuda de Primera Instalación de la Unión Europea y la Junta para continuar con un negocio que los iba a sacar de la crisis. 

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Laura en su campo de Jaén / MARÍA SERRANO

Laura en su campo de Jaén / MARÍA SERRANO

SEVILLA. - Blas no puede recoger su aceituna y Laura sigue esperando recibir las ayudas para continuar la labranza de unas tierras sembradas de almendros en Sierra Morena (Jaén). ¿Cuál es el problema? El impago por parte de la Unión Europea y la Junta Andalucía para abonar las ayudas prometidas a finales de año y que no han llegado.

Sin esa inyección económica los más de dos mil jóvenes andaluces afectados que se han metido a la agricultura en medio de la complicada crisis no pueden sacarle partido a sus tierras ni cultivos. Miguel del Moral, responsable del asociación agraria ASAJA Joven, señala a Público que “estos agricultores que se acogieron en 2015 a las Ayudas de Primera Instalación en la Agricultura (medio millar en Jaén y 1.500 en toda Andalucía) ahora están pasando serias dificultades. El retraso en las ayudas a jóvenes, así como en el Pago Básico o Pago Verde, entre otras, les ha dejado sin liquidez para pagar jornales o solventar el resto de gastos que requiere la campaña”.

Los agricultores noveles tendrían una ayuda media de subvención de 70.000 euros, abonada por la Unión Europea (noventa por ciento) y la Junta de Andalucía (diez por ciento. Fuentes consultadas a la Consejería de Agricultura de la Junta, responsables de este impago, afirman con rotundidad que “están en proceso de abonar el pago a todos los beneficiarios”, pero el producto de estos jóvenes emprendedores es perecedero y no pueden esperar mucho más la cuantía necesaria para no echar a perder su negocio

Blas espera no arruinar su primera cosecha de aceitunas

Blas Delgado es uno de los jóvenes agricultores que vive la temida espera. Está a punto de hacerle perder la cosecha pendiente en sus 23 hectáreas de olivar. “El autónomo, la gasolina, el sueldo de los jornaleros que puede llegar a siete mil euros es una cuantía demasiado alta que yo solo no me puedo permitir”, aclara. Mientras tanto, las ayudas familiares pueden aliviar la dura situación de este joven de 33 años que se ha dedicado al campo toda la vida. “El contrato de arrendamiento que tengo de las tierras es de más de ocho mil euros anuales y la misma cantidad cuesta la recogida”. Si Blas espera, la aceituna puede caer ya del árbol y perder gran parte de su valor. “Eso las administraciones no lo tienen en cuenta y necesitamos las ayudas para subsistir".

Blas en sus tierras de olivos / MARÍA SERRANO

Blas en sus tierras de olivos / MARÍA SERRANO


La pérdida de la calidad del aceite pasaría de ser Virgen o Virgen extra a convertirse en un aceite lampante de muy poca cuantía en el mercado”, afirma. La conocida subvención a la primera instalación le puede proporcionar a Delgado 35.000 euros en el primer pago. “Cuando llegue la renta agraria recibimos la otra parte pero ya con el primer pago se puede hacer frente a muchos gastos”. El otro gran inconveniente es la maquinaria. Blas tiene la gran suerte de contar con todo el material agrícola que posee su familia de tantos años en el sector. “Muchos nos hemos metido al campo por el tema de la crisis y también para buscarnos un futuro. No lo pueden poner tan difícil”, señala este agricultor.

El servicio de información de Consejería de Agricultura andaluza afirma a Público que “los adjudicatarios pueden contar con esa garantía de la recepción de la ayuda al cien por cien”. “El compromiso es fuerte pero vamos viendo los requisitos paso a paso”, aclaran. La administración andaluza solo abona un diez por ciento de la cantidad global, dependiente casi en su totalidad de Bruselas.

Pidiendo préstamos para no perder sus tierras

Desde el colectivo agrario ASAJA afirman, en un comunicado, las dificultades que están pasando la mayoría de los nuevos agricultores. “Los jóvenes están pidiendo préstamos personales al banco o pidiendo ayuda de sus padres, los que pueden, para financiar el importante coste que supone la recogida de aceituna”. Luis Carlos Valero, gerente y portavoz de ASAJA-Jaén recuerda a los políticos la necesidad de continuar sumando nuevas generaciones al sector primario. “Muchos están retrasando al máximo la recogida, porque no tienen cómo pagarla, pero ya no pueden esperar más”, añade.

“No me pueden quitar la ilusión”

Laura Torres invirtió casi 50.000 euros en unas tierras prácticamente abandonadas, gracias a una herencia recibida. “Mi vida es el campo y yo siempre he querido trabajar en este sector”, apunta la joven de 38 años con entusiasmo. En 2014 compraría una tierra en todo el epicentro de Sierra Morena. Un pequeño pueblo conocido como Aldeaquemada. “Intentamos sacar adelante los olivos del anterior propietario, pero era imposible”, apunta. Dos años más tarde, a la espera algunas de las ayudas para los emprendedores rurales, Laura se siente desesperada. “Tengo que vivir con lo justo. En mi tierra hay sembrada ahora almendros pero tardan tres años en crecer y poder tener productividad”. Su familia, formada junto a su marido y cuatro hijos, viven con lo justo a la espera de resultados y la ansiada subvención que permite a los nuevos propietarios no llegar a la asfixia económica.

“Sería capaz de ir a Sevilla a hablar con esa gente de la Junta porque no me pueden quitar la ilusión. No pueden hacer que abandone mi proyecto de vida”. Indignada solo espera que la ayuda se le conceda en algunas de las convocatorias. “Me la rechazaron en 2015 y ahora estoy a la espera de volver de nuevo a ver los requisitos que me han dicho que cumplo de sobra”. A pesar de los malos tiempos, Laura poda a diario los almendros que van cogiendo forma poco a poco y que puede ser el futuro de los suyos. “Queríamos dejarle a mis hijos una tierra que diera almendras para envasarla, crear en los alrededores una casa rural. Espero que no trunquen mi proyecto”, sentencia.