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"Los jóvenes miden su masculinidad por la aceptación de su manada particular"

El psicólogo Marc Ruiz analiza cómo la pornografía ha sustituido a la educación sexual con la irrupción de las nuevas tecnologías y desgrana los efectos que esta tendencia genera sobre las relaciones afectivo-sexuales de los adolescentes.

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Un grupo de jóvenes utilizando móviles /APM

Este fin de semana se cumplen dos años desde que cinco jóvenes, autodenominados como 'La Manada', agredieron sexualmente a una joven de 18 años en Pamplona durante la fiesta de San Fermín. Desde ese funesto punto de partida, se registraron 27 agresiones sexuales múltiples en España en el lapso de un año, según la base de datos del proyecto Geoviolencia Sexual. Y ahí no termina el drama. Solo en la primera mitad del 2018 se han alcanzado los 24 casos, lo que supone una cifra cercana al total de todas las agresiones múltiples detectadas el año anterior.  Dos de cada tres de estas agresiones sexuales fueron violaciones.

El hecho de que tras la libertad de La Manada -hace tan solo tres semanas- se produjesen hasta tres violaciones múltiples denunciadas (una en Gran Canaria, otra en Barcelona y una tercera en Mazarrón, Murcia, durante la noche de San Juan) hizo que Twitter se llenase de comentarios que alertaban de que la sentencia hubiese provocado un "efecto llamada".


"No se trata de crear alarma social ni de transmitir la idea de que todos los jóvenes son violadores en potencia, pero la aparición de estos 'replicantes' en Gran Canaria refleja como imperan unos modelos de masculinidad altamente perniciosos", opina Marc Ruiz, director y Coordinador del Máster de Psicología Infanto-Juvenil de la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual en Euskadi.

Para este psicólogo otra de las claves cabe en la palma de la mano. "El consumo de pornografía condiciona la manera de ver el sexo que tienen los adolescentes. Entienden que esa referencia que les llega por smartphone es el ideal de lo que tendrían que ser sus relaciones sexuales: coitocentrista, dominante y con la penetración en la cúspide del placer masculino", añade.

Efecto distorsionador de la pornografía

Las últimas cifras de la web PornHub confirman que España se encuentra en el top 20 de consumo mundial de estos contenidos. Nuestro país ocupa el puesto 13 del ranking de tráfico de esta página por tercer año consecutivo. Entre los consumidores, hay cada vez más menores.

"En 2009 llegó a mi consulta el primer caso infantil en el que observé una relación clara con las nuevas tecnologías y la pornografía. Se trataba de un niño de siete años con ansiedad y dificultades de concentración", recuerda. "El menor pasaba mucho tiempo jugando con el móvil de su madre. Nos habló de que veía vídeos pornográficos y que, desde que comenzó a consumirlos, cada vez que veía el trasero o el pecho de su madre, pensaba que era una prostituta", narra Ruiz. 

Este ejemplo sirve al psicólogo para explicitar cómo la pornografía ha sustituido en algunos casos a la educación sexual y las consecuencias que eso conlleva. "Todo nuestro entorno está hipersexualizado. El sexo se utiliza como reclamo publicitario, está en todos los chistes y funciona como mecanismo de aceptación. Por eso todos los adolescentes creen que saben mucho de sexo y, lo que no saben, se lo imaginan", expone. "Sin embargo, a esa edad muy pocos cuentan con los recursos suficientes para afrontar sus inseguridades y acaban siendo víctimas de los estereotipos", lamenta.  

El grupo diluye la culpa

Google no siempre ofrece las respuestas más adecuadas para sus dudas y menos aún 'su manada'. "El ser humano es un ser social. Nuestra conducta se ve modificada cuando pasamos a formar parte de un grupo o actuamos en su nombre, es lo que se le conoce como efecto de discontinuidad individual-grupo", indica este psicólogo. "Por eso, los jóvenes miden su masculinidad por la aceptación de su manada particular. Un chico reafirma su masculinidad en función de lo que le devuelve el grupo al que pertenece. Eso se traduce en que tratará de demostrar su hombría según los cánones establecidos: agresividad, dureza, competitividad y dominación de la mujer", detalla.

El consumo de prostitución puede ser el siguiente paso. Según la última encuesta del INE sobre salud y hábitos sexuales, el 27% de los varones españoles de 18 a 49 años reconoce haber recurrido alguna vez a los servicios de una prostituta.

"Los jóvenes ven que 'irse putas' puede ser una oportunidad para reafirmarse delante de sus iguales. Además, sienten cómo se diluye la responsabilidad y hasta la vergüenza si no lo hacen solos", declara Ruiz, que ve un peligroso caldo de cultivo en este comportamiento grupal. "La mayoría permanece en la sombra y trata de ocultarlo a su entorno más cercano porque en el fondo se sienten culpables, pero algunos rompen esa barrera, terminan por jactarse delante de todos y eliminan cualquier freno de respeto hacia la mujer. Ahí tenemos un potencial agresor", diagnostica.

En opinión de este psicólogo, la única manera de reconducir estos casos es que la sociedad haga de dique de contención. "Es importante también que los padres no tengan tapujos a la hora de hablar de sexo con sus hijos, que puedan naturalizar sus dudas pero, sobre todo, los jóvenes necesitan que otros sean valientes, que les afeen comportamientos violentos o machistas. A nadie le gusta ser señalado", concluye.