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Juan Clavero "No tendría que ser necesario que detuvieran a un ecologista para que los políticos se concienciaran de una ley"

Juan Clavero, el ecologista al que los trabajadores de una finca trataron de inculpan falsamente en un delito de tráfico de drogas, responde a Público en una entrevista tras la investigación que ha concluido con la imputación de cuatro personas.

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Clavero, de verde, sostiene una pancarta en una manifestación por la defensa de los caminos públicos. JORGE CABEZAS

A Juan Clavero, un histórico ecologista andaluz, le tendieron una trampa para intentar inculparle en un delito de narcontráfico como venganza por su defensa de los caminos públicos, pero la trama salió mal. Ahora, una exhaustiva investigación de la Guardia Civil se ha cerrado con la imputación de cuatro personas, tres de ellas trabajadores de una de las mayores fincas privadas de la Sierra de Grazalema, en Cádiz. Unos días después de conocerse el auto, Clavero habla con Público sobre el caso.

¿Qué revela el informe de la policía judicial de la Guardia Civil?

Lo que revela ese informe es cómo se han producido los hechos y quién estaba detrás de esta trama. En mi primera declaración el juez me preguntó cuáles eran mis sospechas y se lo dije. Todo el mundo en los pueblos de la Sierra de Cádiz sabía quién era capaz de organizar una cosa así. El informe de la Guardia Civil es muy claro. Acusa a tres responsables de la sociedad Breña del Agua, que es la mayor propietaria de las fincas de Grazalema. Tienen más de dos mil hectáreas y es propiedad de un magnate belga, Galle Marnix. El administrador es el principal responsable de la finca después del dueño. Hay al menos otros dos capataces implicados. Uno de ellos fue el que hizo la llamada diciendo que llevaba droga en el coche. Y luego está el que actuó como infiltrado, el que introdujo la droga en el coche. Es una persona de Jerez que tiene conexión con ellos.

¿Qué se sabe de esta persona?

Sabemos que es de Jerez, una persona que está en una situación económica complicada. Gracias a la colaboración ciudadana pudimos localizarle. Teníamos una foto de la ruta que habíamos hecho y en la que él había participado. Se difundió por las redes sociales y al momento lo localizaron en Jerez. Es una persona que recibe ayuda de los servicios sociales. Es muy amigo de un capataz e incluso pasaba los fines de semana en su casa de la finca.

"El cabo de la Guardia Civil sabía perfectamente quienes estaban detrás de todo esto"

¿No sospechó nada de él el día de la marcha?

Me pareció raro, pero en principio nada más. Como dice el auto, se ganó nuestra confianza. Me pidió si le podía acercar al pueblo. Luego montó el número de las gafas. Me dijo que se le habían caído en el coche y abrió la puerta de detrás con el pretexto de buscarlas, momento en el que introdujo la droga debajo del asiento del copiloto. Luego cambió de planes y me dijo que le dejara en la venta de Julián que allí le iba a recoger un cuñado. Iba llamando por teléfono, hablando como en clave, diciendo: "sí, vale, voy para allá" y cosas así. El caso es que después de dejarle donde él me dijo me topé con un control de la Guardia Civil 200 metros más abajo, en un sitio muy extraño para establecer controles.

¿Cuál fue el papel del cabo de la Guardia Civil que dirigía el control?

El papel fue lamentable. Este señor me detiene y como revela la investigación, había tenido reuniones previas con el administrador de la finca ese mismo día. Cuando me paran me dice que me aleje del coche, me dice que llevaba drogas, mucha cantidad y empiezan a registrar el coche. Pero no encuentran nada. Entonces se aleja unos metros, hace una llamada y le vuelven a responder que mire detrás del asiento del copiloto y que borre el mensaje. Él tenía entonces evidencias claras de que me habían montado una trampa. Resulta que me detiene y en el informe que manda al juzgado no dice absolutamente nada de todo esto. Todo se ha sabido después, cuando le han llamado a declarar y han visto las llamadas realizadas a través de su móvil corporativo. Ahí aparecen llamadas cruzadas con el administrador de la finca.

Es curioso que a pesar de que el informe de la policía judicial es bastante honesto en cuanto al desarrollo de los hechos, exculpan al cabo, afirmando que se aprovecharon de su confianza e ignorando la trampa en la que le metían…

Sí, es así. Quizás por corporativismo. Nosotros hemos pedido que declare como investigado. Como mínimo ha cometido un delito de falsedad documental y probablemente otros. En su atestado, que sirvió para imputarme, él dice que recibió una llamada anónima advirtiéndole que había un coche con droga y por eso pone un control. Y cuando ha declarado ante sus compañeros reconoce, sin embargo, que la información le venía directamente del gerente de la empresa. También en su atestado oculta el mensaje que recibió para mirar detrás del asiento del copiloto. En vez de detenerme, su obligación era advertirme de que me habían tendido una trampa. Él sabía perfectamente quiénes estaban detrás de todo esto. Pero tuvo un comportamiento mafioso antes que de Guardia Civil.

Gran parte de esta investigación la ha desarrollado la colaboración ciudadana…

Sí, la gente se ha volcado. Gracias a ello pudimos saber que los administradores y el cabo de la Guardia Civil se habían reunido en un bar alrededor de las tres de la tarde de aquel día. Se lo dijimos al juzgado y el juzgado a la Guardia Civil. En el vídeo del establecimiento se ve claramente que están los tres responsables de la empresa. Llega el cabo y le da un abrazo al administrador. En fin, un ambiente demasiado familiar.

¿Cómo fueron los momentos posteriores a su detención?

El cabo me trató muy mal. Me pusieron unos grilletes medievales. Me llevaron al calabozo de la policía municipal. Yo me temía lo peor. Una de mis preocupaciones era saber si había cámaras allí. No las había. Me metieron en un zulo. Sin ninguna luz exterior. La única luz era la de un fluorescente encendido toda la noche. Me quitaron el reloj, las gafas. Yo no hacía más que darle vueltas a la cabeza. Pierdes el sentido del tiempo. No tenía referencia horaria alguna. Aquella noche fue eterna. A las nueve de la mañana me vinieron a buscar y no sabía dónde estaba. La señora de la limpieza me dio un poco de jabón de los propios policías para que me pudiera asear. Después llegó el cabo y se chuleó de mí, me dijo que me habían cogido, que iba a ir a la cárcel, por supuesto por tráfico de drogas. Yo le dije que todo esto era un montaje, que me hicieran la prueba de cocaína. "Tú has visto muchas películas", me respondió. El cabo mide dos metros. De la manera en la que me trataba pensé que era mejor mantener la calma, porque me podía esperar cualquier cosa. Afortunadamente llegó un teniente con el que pude hablar con más tranquilidad. El cabo tenía la bolsa de droga en sus manos. Yo les dije que registran mi casa, que verían cómo no iban a encontrar nada, aunque eso sí, con testigos. El teniente accedió. Lo único que encontraron fue una balanza de cocina. El cabo se empeñó en que era una balanza de precisión para pesar droga. Se la llevaron y aún no me la han devuelto.

Afortunadamente el juez de guardia le tomó declaración al día siguiente, que era sábado, y no se creyó mucho la versión policial

Sí, el juez me puso en libertad con cargos porque había una denuncia de la Guardia Civil. Yo soy bastante conocido en la zona, no sólo por mi actividad ecologista. Soy catedrático de instituto. Pasó una cosa curiosa en la declaración. Abajo en la calle se habían concentrado muchos compañeros míos para protestar por mi detención. El juez me preguntó si entre esas personas había alguien que hubiese asistido a la marcha. Le dije que sí, que al menos reconocía a uno. Finalmente subieron dos. El juez me mandó al calabozo mientras tomaba declaración de improviso a esos dos testigos. Y dijeron exactamente lo mismo que había declarado yo. Era imposible que me hubiese podido poner de acuerdo con ellos. Fue una de mis bazas para que el juez decretara mi libertad.

Y el dueño de la finca, ¿no se ha puesto en contacto con usted, no le ha pedido disculpas?

Tengo que presumir de momento que el dueño de la finca, el belga, no sabía nada. Es una persona muy importante en Bélgica, uno de los mayores empresarios inmobiliarios del país, junto con su esposa. Su padre es ministro. Gente muy potente. Pero no han dicho ni pío. Y me extraña. Al menos espero una nota de disculpa. Todos los implicados son trabajadores suyos y no trabajadores cualesquiera. Son administradores y capataces. Utilizan los coches de la empresa para hacer la primera llamada desde una cabina. No es de recibo que este señor se quede callado. Lo único que ha trascendido en el pueblo es que los investigados han sido despedidos. Pero nosotros exigimos una nota de este señor en el que se desmarque de estos hechos.

Han intentado arruinarle su vida y su prestigio. No es la primera vez que sufre amenazas y coacciones. ¿Tiene algo positivo lo que le ha sucedido?

Bueno, si miramos el lado positivo, esto va a servir para defender los caminos públicos con más ahínco. Los partidos políticos se acaban de comprometer a tramitar una ley para que nos devuelvan todos esos caminos que nos han robado a los ciudadanos. No tendría que ser necesario que detuvieran a un ecologista para que se concienciaran de que esa ley es necesaria. Pero bueno, bienvenidos sean. Hay que recordar que el camino por el que se originaron estos hechos, Benamahoma-Zahara, es de titularidad municipal y encima hay una sentencia firme del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que reconoce esa titularidad. Y sin embargo, aún sigue cerrado y eso que la corporación la gobierna el PSOE. No han hecho nada para hacer cumplir esa sentencia. Ya estamos preparando una marcha en Navidad para exigir que nos devuelvan lo que nos han usurpado a todos.

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