Público
Público

Juana Doña Una calle para Juana Doña, última presa política condenada a muerte en España

El Ayuntamiento de Madrid inaugura este martes la vía que sustituye la que antes honraba a la Batalla de Belchite, fruto de la renovación de un callejero que no quebrante la ley de memoria histórica. Alexis, hijo de la dirigente comunista por la que medió Eva Perón para retirarle la pena capital, rescata momentos familiares con su icónica madre, fallecida en 2003.

Publicidad
Media: 4.60
Votos: 15

Juana Doña fue candidata para el Partido Comunista en las primeras elecciones democráticas/Patricia Campelo

El día que cumplía 9 años la policía irrumpió en su casa, una corrala del madrileño barrio de Lavapiés, y se llevó a su madre, a la que no volvió a ver en libertad hasta 14 años después. Fue así como a Alexis Mesón Doña (Madrid, 1938) la vida se le llenó de horas de espera, trenes interminables a cárceles franquistas, besos, cartas y despedidas.

Él es uno de los colaboradores del acto de homenaje con el que este martes el Ayuntamiento de Madrid inaugura de manera oficial la calle dedicada a la dirigente comunista, escritora, sindicalista y fundadora del Movimiento por la Liberación e Igualdad de la Mujer, Juana Doña (Madrid, 1918- Barcelona, 2003).

La placa con su nombre ya luce en el distrito de Arganzuela, en sustitución de la que antes recordaba a la batalla de Belchite de la Guerra Civil española, y que hace esquina con Juan de Vera, calle donde residió cerca de tres décadas, en el número 5. “Ahí mismo también está la antigua cárcel de mujeres de Yeserías, por donde pasaban todas las presas republicanas, también mi madre”, detalla Alexis.

La prisión fue una de las cicatrices de Juana Doña, el lugar por el que transcurrieron 16 años de su vida en dos fases, de 1939 a 1941 y del 47 al 61. La primera vez fue privada de libertad acusada de participar en la reorganización del Partido Comunista y de estar implicada en la muerte, nunca aclarada, del comandante Gabaldón.

Fue torturada por la policía franquista con palizas y descargas eléctricas hasta el desmayo, y conducida a la cárcel de Ventas, de donde salió el 28 de mayo de 1941, poco antes del fusilamiento de su marido, Eugenio Mesón, ante las tapias del cementerio del Este [hoy, de la Almudena]. Esta pérdida tatuó en su piel otra profunda cicatriz. “Yo tenía 3 años cuando mataron a mi padre pero en casa siempre se hablaba de él y aún hoy seguimos llevando a su tumba claveles rojos”, anota Alexis.

Uno meses antes de morir, Juana Doña publicó Querido Eugenio (Lumen, 2003), con el testimonio y cartas desde prisión de su marido, dirigente de la Juventud Socialista Unificada, entre ellas, la misiva de capilla, escrita horas antes de ser ejecutado: “Muero con la tranquilidad de haber cumplido mi deber revolucionario, de haber sido feliz contigo y de haber permanecido siempre fiel a tu cariño (…). No quiero lágrimas. ¡Acción, acción y acción! Es lo que necesita la juventud y la clase obrera (...)”.

Una vida en más de 5.000 cartas

Juana Doña en la cárcel

El género epistolar constituyó el cable a tierra de la vida carcelaria de Juana Doña. A lo largo de 192 meses, la militante comunista recibió más de 5.200 cartas de su hermana Valia: una por cada jornada de presidio. “Cada día del año de su vida, ya fuera fiesta o sábado o domingo", escribió a su hermana Juana. Aunque fuera un folio o un párrafo de 4 o 5 líneas. Con detalles del día a día, contando las cosas cotidianas. Valia tenía la necesidad de que el vínculo de mi madre con su familia fuera diario, como "ayuda para sobrellevar la cárcel”, detalla Alexis. “Fue un hito en prisión que una persona durante tantos años recibiera una carta diaria”.

Y si las palabras de Valia le devolvían la cotidianidad robada, fue otra misiva, firmada por su hijo, la que le restituyó la vida. La condena a muerte llegó en mayo de 1947 y, un mes después, la argentina Eva Perón realizaba una visita oficial a España. Por entonces, Valia Doña trabajaba en una compañía argentina de revista, cuya directora era pariente de la dirigente política. "Se les ocurrió hacer una carta escrita con mi puño y letra pero dictada por ellas". Me acuerdo muy bien de aquello y hace 70 años. La carta decía: 'Señora Eva Perón, hace 8 años que han fusilado a mi padre y ahora van a fusilar a mi madre’. Así empezaba”, rememora Alexis.

"Señora Eva Perón, hace 8 años que han fusilado a mi padre y ahora van a fusilar a mi madre"

“Fuimos a la embajada mi abuela y yo para hacerla llegar. Recorrimos todos los estamentos y yo nunca vi a Eva Perón, pero la carta llegó”.

Durante ese año y el siguiente, Argentina había comprometido a la dictadura española la llegada de 700 mil toneladas de cereales, además de otros acuerdos comerciales y crediticios. Alexis intuye que ante la mediación de Eva Perón, el dictador no pudo negarse pues “no le quedó más remedio”. Hace algunos años, este madrileño afincado en Barcelona escribió a la embajada argentina en España para recuperar aquella famosa misiva que inspiró al cineasta Agustí Villaronga la miniserie ‘Carta a Eva’ (2013), sobre este episodio de su vida. “Me habría gustado recuperarla pero no lo pude conseguir”, lamenta.

Los ‘mil’ besos de las presas republicanas

Pese a una infancia atravesada por los encuentros fugaces y las despedidas dolorosas, Alexis guarda de esta etapa algunos de los mejores momentos con su madre, como las tardes de cine en Lavapiés, “la válvula de escape de la época”, y los paseos que concluían con castañas asadas regadas con café con leche. “Fueron ratos fantásticos; me inundaba de cariño, algo de lo que fui consciente después”.

"No me han dado más besos en mi vida que en esos días. Venían unas 30 señoras maravillosas, republicanas, alegres a besarte cada medio segundo”,

“Ella había perdido una hija antes de nacer yo; también a su marido y volcó todo su amor en mí y en toda su familia”. Así, cierta alegría tiñe aún hoy los recuerdos que este jubilado de 80 años guarda sobre sus visitas a prisión. “Los niños sólo podíamos entrar a la cárcel el día de La Merced y el de Reyes. Íbamos desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Y éramos la alegría de la reclusión. No me han dado más besos en mi vida que en esos días. Venían unas 30 señoras maravillosas, republicanas, alegres a besarte cada medio segundo”, describe. “Lo malo era cuando tenías que irte. Pero los 9 años de la posguerra no son los de ahora. Madurabas a una velocidad de miedo”.

Con el tiempo estos encuentros se volvían “más necesarios”, aunque el trabajo y la distancia colocaban trabas en el camino. “Nos tuvimos que ir a Barcelona. Yo empecé a trabajar a los 13 años y ya sólo podíamos ir a verla en los 10 o 12 días de vacaciones que daban al año. Y los trenes de Barcelona a Madrid tardaban trece horas”. Cada cierto tiempo cambiaban a su madre de prisión. Segovia, Málaga, Alcalá o la prisión de castigo de Guadalajara, lugares donde su familia redirigía sus pasos. “Por entonces ya tenía plena conciencia de la historia familiar”, afirma Alexis, heredero de las ideas y el empuje de su madre. “He estado separado de ella físicamente pero no me ha faltado su figura. Y ella desde la cárcel dirigía para que me educaran como quería”.

Madre e hijo, compañeros de causa política

Juana Doña salió de prisión en agosto de 1961. Volvió “a la vida”, como escribía Marcos Ana, otro ex preso político con un récord de años de reclusión, 23. Arrancaba su adaptación a un país que, en los años 60, comenzaba a recibir turistas y a ver coches por sus carreteras, todo, bajo la sombra del franquismo, que seguía fusilando a quien consideraba adversario político.

“Mi madre quedó anclada 16 años atrás, como le sucedió a Marcos Ana, Mari Salvo y tantos y tantas que se sintieron con los pies fuera del tiesto. Fue un choque y necesitó un año de adaptación a la realidad social, política y familiar. Yo me di cuenta y me volqué con ella para atender sus necesidades y explicarle”. Esta es otra de las etapas que el hijo de la dirigente política destaca como un de las de mayor unión. “Encontró en mí a un hijo y al compañero que la ayudó a salir de ese descuadre temporal”.

Juana Doña con su hijo

Después llegaron los años en París y la conexión con el feminismo. Según decía la propia Juana Doña “estaba mal apoyada, me faltaba una pata”. Así emergió su lucha por la puesta en marcha de movimientos sociales basados en la reivindicación de la igualdad. “Trató de llevar al seno del partido [PCE] el convencimiento que era tan revolucionario luchar por la emancipación de la mujer como hacerlo por las clases obreras trabajadoras; que era equiparable y que había que llevarlo a cabo dentro del partido”. En esa línea, lideró la organización de mujeres del PCE hasta que fundó el Movimiento por la Liberación e Igualdad de la Mujer.

La trayectoria política de Juana Doña continuó como candidata al senado por el Partido Comunista durante la Transición; trabajó para Comisiones Obreras e integró el comité central del Partido Comunista, donde militó desde los 14 años hasta los 84, cuando falleció en Barcelona, horas antes que el periodista y amigo suyo Manuel Vázquez Montalbán, quien se refería a ella como “la segunda dama del comunismo en España”, detrás de Dolores Ibárruri, Pasionaria, y prolongó sus últimos dos libros.

"Siempre reivindicó verdad, justicia y reparación, y denunció los sufrimientos del pueblo español bajo la represión franquista"

Preguntado sobre si su madre sintió alguna vez reparadas sus heridas, Alexis no titubea: "Siempre reivindicó verdad, justicia y reparación, y denunció los sufrimientos del pueblo español bajo la represión franquista. Nunca se sintió recompensada". Ahora, con la calle a su nombre en un barrio que ya la recuerda con una placa en la casa donde vivió y un centro municipal denominado como ella, Juana Doña viene a interpelar la curiosidad de quienes transiten por este castizo barrio y aún no la conozcan. “Es una manera de consolidar su memoria y legado histórico. Mientras viva en el recuerdo de alguien, familiar o no, la gente no se muere del todo”.

*Inauguración de la placa y acto de homenaje, este martes 29 de mayo a las 19.00, en la calle Juana Doña esquina con Juan de Vera (Madrid).