Publicado: 08.10.2015 13:39 |Actualizado: 08.10.2015 14:38

Medio centenar de municipios españoles se unen a las protestas europeas contra el TTIP

Los activistas de la Campaña No al TTIP han recogido más de 3 millones de firmas contra el polémico tratado. "Sólo obedece a los intereses de las multinacionales", denuncian.

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Manifestación contra TTIP.- AFP.

Manifestación contra TTIP.- AFP.

MADRID.- Hace un año, la Comisión Europea pasó por alto un millón de firmas contra el TTIP y otros tratados comerciales; este miércoles, el número de apoyos logrados por cientos de organizaciones sociales subió hasta los 3.263.920. Pero la respuesta de Bruselas sigue siendo la misma: silencio.

"Es la respuesta habitual de la Comisiónen lo que respecta al TTIP", asegura Luis Rico, portavoz de Ecologistas en Acción y presente este miércoles en la entrega de firmas en la sede de la Comisión. Denuncia que el Ejecutivo Comunitario dice estar dispuesto a "recibir propuestas de todo el mundo", pero luego obvia estas manifestaciones.



Por eso, más de cincuenta ciudades españolas y otras tantas decenas de ciudades europeas acogerán protestas contra estos polémicos tratados comerciales entre el 10 y el 17 de octubre, para pedir la paralización de las negociaciones y exigir que los próximos acuerdos se subordinen a los derechos humanos.

Alianza Española Contra la Pobreza y la Campaña No al TTIP -que engloba a más de 300 organizaciones- han presentado este jueves las actividades de la Semana de Acciones contra los Tratados de Libre Comercio y la Semana de Lucha contra la Pobreza, que culminarán con una manifestación en el centro de Madrid el próximo sábado 17 de octubre, a partir de las 18:00 horas.

La semana contra los tratados como el TTIP (UE-EEUU), el TiSA (acuerdo de servicios entre medio centenar de países entre los que se incluye la UE), el CETA (UE-Canadá) o el TPP, el acuerdo entre Estados Unidos y varios países sudamericanos, que ya está pendiente de ratificación. Cada uno tiene sus particularidades, pero todos han cosechado críticas por la falta de transparencia de las negociaciones, y por el temor del creciente número de colectivos contrarios a estos acuerdos de que supongan el golpe definitivo para imponer políticas neoliberales.

Sánchez: "Tratados como el TTIP nunca van solos, van en grupo, y forman parte de la ofensiva neoliberal, que va por encima de los derechos humanos”

Sol Sánchez, coordinadora de ATTAC España, explica que la buena sintonía con la campaña contra la pobreza y el hecho de que los representantes de más de 1.000 asociaciones se unan en esta presentación conjunta obedece a que estos tratados representan una de las causas de que aumenten la pobreza y la desigualdad.

Pablo Martínez, portavoz de Alianza Española Contra la Pobreza, explica que una de sus reivindicaciones en la semana que entra será precisamente “que se detengan las negociaciones de tratados de libre comercio, en particular el TTIP” ya que estos acuerdos “sólo responden a los intereses de los grandes capitales, de las multinacionales”.

Su lema es claro: “Las personas y el planeta por encima de las multinacionales: No a la desigualdad y la pobreza. No al TTIP”, y sus reivindicaciones van desde la exigencia de parar los acuerdos políticos “que no pongan por delante a las personas”, pasando por impulsar presupuestos públicos que antepongan los derechos sociales, hasta la exigencia de medidas concretas contra los paraísos fiscales. Pero, según Martínez, se sintetizan en una idea:

La "ofensiva neoliberal" de los tratados

A juicio de Sánchez, portavoz de la Campaña No al TTIP, acuerdos como el Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP), “nunca van solos, van en grupo, y forman parte de la ofensiva neoliberal, que va por encima de los derechos humanos”.

Sánchez advierte de los peligros ocultos en los recovecos del opaco tratado que Washington y Bruselas comenzaron a negociar a mediados de 2013, y que supondría la creación de un comité de cooperación reguladora, que permitiría que las leyes europeas, de los parlamentos nacionales y de las administraciones territoriales y municipales, se vieran “subordinadas a los lobbies de las grandes industrias, que tendrían el derecho de paralizar las leyes antes de que fueran aprobadas en los parlamentos”. “Ya no nos encontraríamos en casos como el de Volkswagen”, afirma, porque las multinacionales “ya no tendrían que trucar motores”, “podrían trucar las leyes”.

La coordinadora de la Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana (ATTAC) mete en el mismo saco el polémico mecanismo de resolución de disputas que blinda a las multinacionales, el ISDS (Investor State Dispute Settlement) que la Comisión ha tenido que remodelar, ante el rechazo de organizaciones civiles y partidos políticos hacia este mecanismo.

Bruselas ha presentado un nuevo mecanismo –está por ver si EEUU lo acepta- denominado ICS (Investor Court System), que en la práctica sustituye los paneles de árbitros por una suerte de pool de árbitros con las cualificaciones propias de los jueces, pero que deben regir su acción por las normas que estipula el propio tratado. “Es lamentable”, valora Sánchez. “No solamente no rebaja los efectos negativos [del ISDS], sino que además viene a añadir más problemas sobre la mesa", apunta.

El número de organizaciones y partidos contrarios al acuerdo crece, pero aparentemente la Comisión no toma nota. Rectificó presentando un nuevo mecanismo de resolución de disputas después de que un 97% de los 150.000 ciudadanos europeos que participaron en una consulta pública dieran un rotundo no al ISDS, pero no dio opción a rechazar el TTIP. Tampoco aceptó el millón de firmas de ciudadanos de 13 países europeos contra el TTIP, a pesar de que superaban el baremo que marca la normativa para presentar una Iniciativa Ciudadana Europea (ICE). La contestación de Bruselas, según Sánchez, fue que esta iniciativa “estaba fuera de sus competencias”, y la no respuesta de la Comisión ante la entrega simbólica de más de 3.000.000 de firmas este miércoles, “es una falta de respeto a esos 3.263.920 europeos", y “habla muy claramente de los valores democráticos que rigen en la UE”, zanja.