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Migración La chapuza migratoria de la UE: la compra de fronteras estimula a las mafias del sur

Las redes cambian las rutas e intensifican los flujos mientras se asientan en Argelia y en el este de Marruecos tras los acuerdos económicos de la UE con Turquía, Libia y el país alauita para estrangular las rutas clandestinas que conectan África con Europa.

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Un buque de rescate atraca en el puerto de Málaga con un grupo de migrantes que viajaban en tres pateras en el Mediterráneo. REUTERS / Jon Nazca

No es casual que la mitad de los migrantes de Aquarius haya optado por pedir el pase a Francia, ni tampoco que haya arreciado hacia Almería el flujo de pateras tras el fin del ramadán: son síntomas del fracaso de la política de blindaje exterior de las fronteras que aplica la UE, cuyos acuerdos con Turquía, Libia y Marruecos han hecho que las mafias desplacen sus bases de operaciones hacia la zona oriental de este último país y que comiencen a asentarse en Argelia, un país con una creciente apariencia de Estado fallido.

La política de blindaje de fronteras en el norte de África, con la que la UE compra el endurecimiento de los controles a cambio de acuerdos económicos y comerciales, está teniendo como principal efecto visible la reubicación de las organizaciones que fletan barcos y pateras, mientras el flujo desde África central se intensifica y al mismo tiempo que se mantiene, por el oeste, la ruta de los cayucos hacia Canarias.

El fracaso de esa política comunitaria es más que patente en el caso de España, donde el número de migrantes localizados en las costas se ha multiplicado por seis en cinco años: de 3.804 en 2012 a 20.032 en 2017, con sendos saltos consecutivos de casi el 100% en los dos últimos ejercicios (5.312 en 2015, 10.200 en 2016). El aumento de los menores de edad ha sido más intenso todavía, al octuplicarse (de 275 a 2.177) en el lustro y cuadruplicarse el año pasado tras los 588 detectados en 2016. “Ese dato no dice mucho, porque habla de los detectados al desembarcar, aunque indica que está pasando un gran número de gente”, anota Gimeno.

El blindaje formal que estimuló a las redes clandestinas

El cierre de fronteras en el sur ha acabado por estimular a las organizaciones dedicadas a la migración, cada vez más especializadas y con mayor capacidad de maniobra, mientras los volúmenes de migración organizada, como la que llevan años aplicando algunas organizaciones agrarias, no acaban de superar el rango de anécdota.

“Se están abriendo flujos desde países como Argelia”, explica el sociólogo e investigador de la Universidad de Zaragoza Chabier Gimeno, que lleva años investigando los movimientos migratorios y está especializado en el fenómeno de los Menas (Menores Extranjeros No Acompañados). “Argelia lleva años en guerra con los islamistas del sur –añade-. Eso hace que se debiliten las estructuras del Estado y que los traficantes, que operan desde Mali y Níger, estén cómodos allí”, a donde han llegado desde Marruecos y Libia.

“Los lanzamientos se hacen ahora desde Nador”, la ciudad marroquí situada al sureste de Melilla, y desde Argelia, con la que hace frontera, explica.

Y basta con mirar un mapa de rutas marinas para comprender cómo ese desplazamiento de las bases de operaciones de las mafias ha situado a las costas de Almería y de Granada, situadas a menos de 200 kilómetros, como los principales puntos de destino en detrimento de otras más habituales hasta ahora como las de Cádiz o Málaga, aunque sin que lleguen cesar los flujos hacia estas.

Bilbao y Ventimiglia, puertas hacia Francia

Sin embargo, las costas del sur y el norte del Mediterráneo no son más que etapas de un viaje de más de mil kilómetros que suele comenzar en la franja central de África y se prolonga habitualmente hasta Francia, punto de destino mayoritario de los migrantes. Dos indicios avalan esta tesis, que sitúa a España e Italia, principales receptores europeos de embarcaciones con migrantes, como puntos de paso.

Por un lado, la reciente afluencia a Euskadi de jóvenes africanos de paso hacia el norte, tan intensa que se ha situado como la cuarta comunidad por número de Menas, solo por detrás de Andalucía, Ceuta y Melilla, y como la segunda en ‘fugas’ de muchachos que abandonan los centros de tutelaje para proseguir su viaje, según revela un informe de Save The Children. “El punto neurálgico de las redes está ahora en Bilbao”, para organizar desde allí los pases a Francia, anota Gimeno.

Y, por otro, el hecho de que las rutas a pie a través de los Alpes se hayan convertido para los africanos en una alternativa a Ventimiglia para cruzar la frontera entre Italia y Francia después de que la Gendarmería ejecutara devoluciones en tren y a pesar del riesgo que entraña para la seguridad personal la presencia de brigadas ultraderechistas en las faldas francesas de la cordillera.

La tragedia de las mujeres migrantes

¿Qué lleva a un joven a dejar atrás su país para emprender un viaje incierto hacia lo desconocido? “Conseguir su regularización, ingresos y una vida autónoma que les permita ayudar a sus familias” serían las causas principales, señala Esther Torrado, socióloga de la universidad de La Laguna (Tenerife), experta en migraciones y una de las pocas estudiosas que aplica a este tema una perspectiva de género.

El pasaje del Aquarius resulta indicativo de dos de los fenómenos que caracterizan las migraciones: entre sus 583 ocupantes identificados (de 629) había 68 menores de edad, 46 de ellos no acompañados (uno de cada doce pasajeros), además de siete mujeres embarazadas, ocho que habían dado a luz en la travesía y otras once con hijos de corta edad que suponen una de cada 25 viajeros); en todos los casos, tras un viaje de varios meses, quizás años, que comenzó en el África subsahariana.

Tanto en un caso como en otro conviven los perfiles de quien huye, ya sea de situaciones familiares difíciles, matrimonios forzados, maltrato o falta de autonomía, de quien ha sido expulsado de su comunidad por motivos de supervivencia y de quien deja África mediante “migraciones no autónomas, que precisan de una organización” en contacto con las redes de tráfico y contrabando de seres humanos y con apoyo familiar.

El coste del pasaje: trabajo o prostitución

“El coste del viaje se financia en metálico o en especia”, en el caso de las mujeres principalmente mediante dos tipos de pago: “Atender las labores de intendencia en los trayectos o ser prostituidas”.

En este sentido, destaca el caso de las “petites bones”, que son “niñas de 5 a 15 años de procedencia rural utilizadas por familiares y redes de compatriotas en el país de destino, para trabajar en situaciones de explotación laboral o sexual” tras ser reclutadas en la comunidad de origen “mediante coacción o engaño, ofreciendo trabajo y ayuda familiar, o por el contacto con las mafias de tráfico de seres humanos en trayectos intrafronterizos”. El 22% de las mujeres entrevistadas por la ONG Womens Link Wide en su estudio de 2008 en las fronteras marroquíes encajaban en ese perfil.

Torrado llama la atención sobre un dato estremecedor: la ONU estima que “más del 90% de las mujeres en situación de prostitución son de procedencia extranjera en situación irregular”, proporción que en España, según documentó la Guardia Civil en 2009, se eleva a 20.000 mujeres extranjeras frente a 250 españolas. “La mayor parte de esas mujeres presentan una situación de vulnerabilidad desde el país de origen o que se acentúan en el país de recepción, puesto que se encuentran en situaciones de explotación, extorsión y privación de libertad”, explica.

“Más de mil jóvenes duermen en parques”

La llegada de menores extranjeros no acompañados a Francia ha desbordado los servicios sociales de ese país, en el que los trámites para determinar la edad de los jóvenes llegan a durar más de un año, y a resolver que han cumplido los 18 en el 80% de los casos, lo que les deja fuera del sistema de acogida.

“Hay más de mil menores extranjeros durmiendo en parques en París”, explica Gimeno, que llama la atención sobre cómo se ha duplicado la afluencia documentada de Menas a Francia, Italia y España: de 8.054 a 14.908 en el primer país en los dos últimos años y de 11.921 a 18.302 en el segundo entre 2015 y 2017, a los que se suman los 6.414 contabilizados por las comunidades autónomas.

Esa situación ha dado lugar en Francia a la creación de redes informales de apoyo en las que los Menas reciben el apoyo de los vecinos para subsistir en las casas que okupan y en las que profesores y estudiantes de carreras sociales se organizan para darles clases.