Publicado: 05.11.2016 23:53 |Actualizado: 05.11.2016 23:53

Parejas de psicópatas

Los mensajes entre Patrick Gouveia, cuádruple asesino de su familia en Pioz (Guadalajara), y Marvin Henriques muestran dos personalidades psicopáticas que se retroalimentan para cumplir siniestras fantasías. No es lo habitual, pero hay más casos en la historia del crimen.

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Patrick Nogueira, asesino confeso de Pioz, y Marvin Henriques Correira.

Patrick Nogueira, asesino confeso de Pioz, y Marvin Henriques Correira.

@patricialopezl

MADRID-. Patrick Gouveia y Marvin Henriques compartían un deseo: matar por placer, superar sus límites y hacer realidad sus fantasías más macabras. En Pioz (Guadalajara) el primero cumplió la quimera de ambos y, aunque les separaba más de un océano, hizo partícipe de la experiencia a su amigo incluso pidiéndole consejo vía whatsapp. 

El juzgado manchego que instruye la causa ya ha enviado una comisión rogatoria a Brasil para que le traslade una copia del volcado del móvil de Marvin Henriques y así consolidar las pruebas que los investigadores de la Guardia Civil tienen contra el cuádruple asesino de sus tíos Marcos Campos y Janaina Santos y sus primos de uno y cuatro años.



Dos horas y media de conversación en la que emocionados compartieron los pormenores de los tres primeros crímenes -el de la mujer y los niños-, mientras ideaban cómo sería el asesinato de Marcos. El tráfico de mensajes cesó durante 9 minutos y tras acabar con su cuarta víctima, Patrick le envío las fotos del crimen a Marvin. 

A sangre fría

Son la versión moderna de Richard Eugene (Dick) Hickock y Perry Edward Smith, los asesinos de la familia Clutter en Holcomb (Kansas) y que Truman Capote describió en A sangre fría. "El crimen de Pioz como el de los Clutter sólo tenía sentido en la cabeza de ambos psicópatas, pero no lo tiene para el resto de los ciudadanos. No son enfermos mentales, sólo carecen de empatía. Sabían lo que hacían, recibieron una satisfacción con el resultado y no han mostrado ningún síntoma de arrepentimiento. Que uno sea el autor material y el otro no puede marcar diferencias desde el punto de vista legal, pero no desde el psicológico", explica el criminólogo Vicente Garrido Genovés

Hace unas horas la justicia brasileña ha puesto en libertad a Marvin por no participar en el crimen y consideran que "no existen elementos" para concluir que supiera "con anticipación" los planes del asesino"; tampoco aprecian "interés o participación directa en los hechos".  La fiscalía sin embargo ha recurrido la decisión al entender que actuó como cómplice al no denunciar el asesinato y guardar en su teléfono información relevante para el esclarecimiento.

En España tenemos como antecedente el crimen del Rol. El 30 de abril de 1994, Carlos Moreno, de 52 años, fue asesinado en Madrid en una parada de autobús de la calle Bacares del barrio de Manoteras. Los autores fueron Javier Rosado y Félix Martínez, que habían seguido las instrucciones de un juego ideado por Rosado y que consistía en buscar a alguien de determinadas características para asesinarle.

Aunque ambos fueron condenados, la justicia hizo una distinción en las condenas. Consideró que Javier Rosado era el autor intelectual además de material y le puso una pena de 42 años de prisión, mientras que la de Félix Martínez fue de 12 al aplicarle el atenuante por ser menor de edad y entender que había sido manipulado por su amigo.  

Pero en Pioz los mensajes no dejan claro quien llevaba la voz cantante. Para expertos policiales consultados por Público, "Patrick le pide ayuda a Marvin. Tiene la necesidad de que este le reconozca la hazaña y además le pide consejo. Marvin deja claro en sus mensajes que aprueba la acción, incluso le tranquiliza y le dice cómo tiene que salir al día siguiente de la casa para no despertar sospechas; y Patrick le hace caso". 

Relaciones de poder

Hace apenas un mes en Reino Unido dos menores fueron juzgados por matar a cuchillazos de Elizabeth Edwards, de 49 años, trabajadora en el comedor de su escuela, y a su hija Katie, de 13 años. Según la sentencia, la pareja adolescente ideó el asesinato "a sangre fría, planificado y cruel".  Según la declaración del menor: "Todo empezó como un juego cuando ella -la menor asesina- dijo que le gustaría matar a la señora Edwards y yo dije que a mí también me gustaría hacerlo".

"No es fácil que se junten dos personas con las mismas características psicopáticas, pero cuando esto ocurre tiene que haber elementos complementarios entre ellos. Ambos desarrollan una fantasía compartida y retroalimentada. Quizá uno tenga más disposición para ejecutar el crimen, pero seguramente el autor material necesita el refuerzo del otro para llevarlo a cabo. Hay casos en que este patrón no se da y uno de ellos arrastra por la vía del sometimiento o la amenaza al otro a hacerlo. Pero en el crimen de Pioz parece que estaríamos ante el primer caso, dos siniestras almas gemelas cuyos caminos se han cruzado", reflexiona Vicente Garrido. 

Fantasía común

Otro ejemplo de esta fantasía común sería el asesinato de Beatriz Agredano a manos de Ángel Antonio Belinchón Castro y Antonio Sánchez López, alias Juanito. Hace 20 años esta pareja de amigos se envalentonaron para llevar a cabo una fantasía que habían compartido en muchas de sus borracheras: que a la primera chica sola que se apeara del tren la violarían y matarían.

Ese 27 de noviembre de 1996, tras beber en la cantina de la estación de cercanías de Vicálvaro, centraron su objetivo en la joven intérprete de inglés de 21 años, a quien destrozaron la cabeza con una piedra tras violarla y la abandonaron en el descampado conocido como cerro de Almodóvar. El alegato inicial en el juicio del abogado de la familia Agredano describió perfectamente el funcionar de estas parejas de psicópatas: "Los hechos que van a enjuiciar son espantosos, pero son así. Hoy ha sido Beatriz Agredano, pero mañana podríamos ser cualquiera de nosotros. Lo único que Belinchón y Juanito dejaron al azar fue la víctima, todo lo demás lo llevaban planeado". 

En el caso de Pioz tampoco había unos especiales motivos de odio de Patrick hacia su familia y seguramente, indica Vicente Garrido, "podrían haber escogido otras víctimas en caso de que el deseo de matar se convirtiera en irrefrenable. Él pensaba que no le iban a coger, es decir, podía haber matado a Marcos y Janaina y a los niños o a otra familia, pero aquí tenía la oportunidad de que sabía que le abrirían la puerta, estarían con la guardia baja y además conocía los horarios".