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Pensiones Los mayores LGTBI también protestan por la situación de sus pensiones

Las personas mayores LGTBI se suman a la protesta de los pensionistas para visibilizar su precariedad económica, que se suma a la soledad y la exclusión

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Encuentro de jubilados en la Fundación 26 de diciembre.

Ahogado por el ambiente represivo del franquismo, Antonio Sánchez se fue a vivir a París a mediados de 1968. A su vuelta, con Franco agonizante, trabajó de manera intermitente en sectores como la hostelería o la seguridad hasta que encontró empleo como portero de finca. De veinte años de cotización le han quedado poco más de 800 euros de pensión. Más de la mitad se le va en los gastos de alquiler, comida, teléfono y transporte. La luz y la calefacción son cuestión aparte: "En invierno estoy con un anorak en casa, y como mucho pongo el radiador un rato por la tarde. Está carísimo. Cualquier gasto extra, como un viaje, que es lo que más me gusta, desequilibra el mes y repercute en los meses posteriores. Cuando me hablan de economía, yo digo que el máster de economía lo hacemos los jubilados todos los días".

Antonio Sánchez.

Sánchez forma parte del colectivo de hombres y mujeres mayores cuyas vidas quedaron marcadas por el clima represivo de la dictadura, que les forzó a ocultar su sexualidad y les impidió disponer de las mismas posibilidades laborales del resto de la población. "Para quienes nacimos en los años 40 y 50, la imposibilidad de ejercer determinadas profesiones, incluso vetadas por ley, limitó nuestras posibilidades de desarrollo personal; parte de aquella generación se quedó en el camino por el azote del SIDA, pero los que hemos llegado hasta aquí lo hemos hecho en condiciones muy dispares", explica Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de diciembre, quien cifra en varias decenas de miles los mayores LGTBI que residen en la Comunidad de Madrid; "una parte muy importante -y hablo de miles de personas- vive de forma precaria, con pensiones muy pequeñas o pensiones no contributivas; tienen una pensión razonable los que lograron tener un trabajo estable, la mayoría de las veces escondiendo su orientación sexual; pero los que trabajaron como peluqueros, modistos, comerciales, profesiones así, lo están pasando muy mal". Antonio Sánchez se considera un privilegiado, en comparación con otros mayores LGTBI: "Tengo conocidos que viven con 400, 600 euros. Apenas salen de casa, o como mucho van a comer al centro de mayores, porque pagan menos de un euro, y por supuesto ni compran ropa ni tienen ningún tipo de ocio". Peor aún es la situación de los y las mayores transexuales, que se ganaron la vida en sectores como el del espectáculo, y que no tuvieron ni continuidad laboral ni posibilidad de cotizar a la Seguridad Social. 

"¿Subida de la pensión? ¿Qué subida? A un amigo le dije el otro día: Te invito a una cerveza, pero una al año, porque esto no da para más”

"Sabíamos perfectamente a lo que íbamos cuando el gobierno anunció sus planes", señala Pepe Satoca, profesor de secundaria jubilado en Valencia, quien considera irrisoria la subida del 0’25%; "¿Subida de la pensión? ¿Qué subida? A un amigo le dije el otro día: Te invito a una cerveza, pero una al año, porque esto no da para más”. En opinión de Joaquín Pérez, del grupo de mayores del Colectivo Gay de Madrid (COGAM) -que frecuenta de manera estable un centenar de personas-, “tenemos las mismas dificultades para llegar a fin de mes que el resto de jubilados, pero lo nuestro es más complicado porque nos enfrentamos a otros problemas, como la soledad y la homofobia interiorizada". Efectivamente, la precariedad vital derivada de la crisis económica ha sido como lluvia sobre suelo mojado para un colectivo vulnerable, tan abandonado por la sociedad mayoritaria como, en ocasiones, por el propio mundo LGTBI. Son personas que se enfrentan al deterioro físico o a situaciones de dependencia en absoluta soledad, sin pareja que les sirva como apoyo y arrastrando durante décadas un ignominioso rechazo familiar. "Las personas mayores LGTBI tenemos, desde luego, inquietud por la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones, pero nos preocupa más la atención, porque hay muchas personas solas y en situación de exclusión", enfatiza Federico Armenteros. Es un colectivo que sufre una cuádruple discriminación: en la sociedad en general, por razón de edad, por un lado, y por pertenecer a una minoría sexual, por otro; en el segmento de la tercera edad, por ser homosexuales o transexuales; dentro de la comunidad LGTBI, de nuevo por razón de edad. 

Joaquín Pérez Arroyo.

Aunque esa situación de soledad les ha eximido de la obligación de sostener con su paga a familiares directos en paro, la moneda tiene un reverso: "Es cierto que, al no tener familiares a su cargo, han podido administrar mejor su pensión, pero también es cierto que, de pronto, las mismas personas que te han rechazado por ser homosexual se acuerdan de ti cuando vienen mal dadas" explica Joaquín Pérez, profesor jubilado, sinólogo y traductor de "Los cuatro libros" de Confucio. Por su parte, Antonio Sánchez añade: “Como saben que algunos gozan de un cierto bienestar, a muchos amigos les han aparecido parientes que se habían olvidado de ellos; o sea, el rechazo por ser gay es ahora intermitente, según está su bolsillo; se acuerdan de ti por la pensión que percibes o por el piso que tienes, y con frecuencia retoman el contacto porque les interesa el piso donde vives o una futura herencia”.

Tenemos que exigir que se nos respete como lo que somos, ciudadanos, personas.

"Por eso muchos preferimos las familias elegidas, como la gente de la Fundación 26 de diciembre, aquí nos apoyamos, nos acompañamos", explica Kike Poveda, que gasta en medicamentos y atención especializada buena parte de la paga que le quedó de sus tiempos de celador en un centro de salud. Como él, muchos mayores piensan que ni la mejor pensión imaginable podría compensar el peaje de la soledad que sienten.

Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de diciembre.

Tal ha sido y es el grado de aislamiento y desatención que vienen arrastrando las personas mayores LGTBI, que ni siquiera se creen en posesión de los derechos básicos. Según Federico Armenteros, "muchos piensan que no son nada, que no va a servir de nada levantar la voz o sumarse a las protestas de estos días". No obstante, de la subida del 0’25% y de las movilizaciones de estos días se habla, y mucho, en las reuniones de asociaciones y colectivos. José Fernández, profesor jubilado y miembro del Col.lectiu Lambda de Valencia, considera imprescindible hacer visible esta realidad en las manifestaciones organizadas por las asociaciones de pensionistas de toda España: “A los mayores LGTBI que piensan que esta lucha por pensiones dignas no va con ellos, yo les digo: A ver, no somos tres amigas que nos reunimos en un local a contarnos historias del pasado, tenemos que exigir que se nos respete como lo que somos, ciudadanos, personas. Si no vais y no os sumáis, nunca sabrán que existís”.