Publicado: 23.07.2015 18:19 |Actualizado: 26.07.2015 22:00

Ramón Grosfoguel: "El capital financiero alemán necesita una periferia laboral en Europa"

El sociólogo de la Universidad de Berkeley afirma que está empobreciendo los países del Sur con la política de austeridad para obtener mano de obra barata y competir con China.

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Ramón Grosfoguel, sociólogo de la Universidad de Berkeley, en Barcelona. / CORINA TULBURE

Ramón Grosfoguel, sociólogo de la Universidad de Berkeley, en Barcelona. / CORINA TULBURE

BARCELONA.- Ramón Grosfoguel, sociólogo de la Universidad de Berkeley, afirma que el capital financiero alemán está empobreciendo el Sur de Europa mediante la política de austeridad para obtener mano de obra barata y poder competir con China. Autor de varios libros donde expone su pensamiento decolonial, advierte de que "la extrema derecha española está en el Partido Popular" y denuncia que "el racismo siempre es institucional".

Bajo la dirección de Alemania, ¿estamos viviendo un enfrentamiento entre el Norte y el Sur de Europa?

Sí, eso ha quedado claro estos días. Pero esta división lleva produciéndose desde el siglo XVII, cuando el Sur de Europa estaba visto como un lugar inferior justo después de la guerra de los Treinta Años, cuando Ámsterdam desplaza a España y a la península Ibérica del centro del sistema-mundo creado a partir de la expansión colonial en 1492. El Sur vive una especie de alienación mental: por un lado están subordinados a los poderes del Norte, y por otro ejercen de Norte poderoso en relación a otros lugares del planeta. Se ven a ellos mismos como parte del Norte, aunque con muchas contradicciones. Incluso después de veinte años de ilusión de la Unión Europea, el Norte de Europa no mira al Sur como un igual.

"O el Sur se descoloniza, planteándose otro proyecto geopolítico y económico más allá del capitalismo imperialista occidental, o va a seguir arrodillado dentro de Europa"

En el Norte utilizan términos como PIGS y dicen que la causa de la crisis son los países del Sur, porque son vagos, perezosos y corruptos. Como si en el Norte no existiera la corrupción, como si la corrupción fuera un atributo del Sur europeo. No reconocen que la causa de la crisis es el pillaje del capital financiero internacional. Pero no es nada nuevo. Es el mismo discurso que ha empleado Occidente para explicar la pobreza en África, América Latina y Asia.

Es un discurso totalmente racista que ha estado siempre ahí desde hace cuatrocientos años, y que vuelve a emerger ahora con fuerza a partir de la crisis. O el Sur de Europa se descoloniza y se asume como Sur de una vez por todas, planteándose otro proyecto geopolítico y económico más allá del capitalismo imperialista occidental, o va a seguir arrodillado dentro de Europa.

¿Por qué dentro de la misma UE tenemos tres Europas con un nivel de vida muy diferente? Me refiero a Europa del Norte, Europa del Sur y Europa del Este…

El capital financiero alemán de cara al siglo XXI necesita periferia. Alemania siempre fue un imperio que perdió la batalla de las periferias en África, Asia y América Latina. Por eso mira hacia el Este de Europa, que es su periferia histórica, y al Sur de Europa como su nueva periferia de cara al siglo XXI. Sin periferias no tienen como competir frente al ascenso de China y frente a los Estados Unidos. ¿Y qué pasa? El Sur de Europa en los últimos veinte años “se ha hecho muy caro” en sus costes de producción y en su mano de obra frente a la competencia del capital financiero alemán en relación con China. De ahí la política de austeridad del capital financiero alemán vía la troika para pauperizar el Sur de Europa y así producir mano de obra barata. En las actuales negociaciones, Grecia cede y aún así los alemanes le ponen más restricciones, porque lo que se quiere en el fondo es que acaben de salir.



En el último referéndum de Grecia, las opciones de la papeleta eran NO-SÍ, pero dentro de la UE.

Lo que me parece increíble es que los líderes griegos hayan ido a una negociación con la troika sin saber que la agenda alemana es sacarlos del euro y, peor aún, sin una hoja de ruta de salida del euro como plan B ante el fracaso de quedarse dentro de la eurozona en condiciones dignas. Al menos esto es lo que Varoufakis ha reconocido públicamente. Lo que ocurrió muestra que si vas a luchar contra la troika, tienes que tener una hoja de ruta de salida del euro y de reinsertar tu país en otros bloques económicos y geopolíticos en el mundo. No es posible, después de la imposición alemana sobre Grecia y la claudicación de Tsipras, pensar en una política de izquierda que no tenga como agenda una hoja de ruta para salir del euro. Dentro del euro y de la Unión Europea, no es posible una política fuera de las lógicas austericidas de la troika. Ese es el mensaje que han impuesto y que no piensan modificar. Dado el ascenso de la derecha y la extrema derecha en el Norte, una política de izquierda antitroika y antineoliberal tiene que asumir la salida del euro; y esto solamente se logra si se hace un giro descolonial, asumiéndote como parte del Sur y dejando la ilusión europea de una vez por todas.

En Europa del Este llevan décadas de austeridad. Los trabajadores ganan 300 euros al mes… ¿Se les considera menos europeos?

Por supuesto, ya tienen conquistada Europa del Este. Ahora toca el Sur. ¿Por qué? Porque de cara al desafío que representa China, el capital financiero alemán necesita una periferia laboral en Europa, reproducir las condiciones laborales de China en Europa.

Has hablado del racismo del Norte contra el Sur. En Europa aumentan los partidos de extrema derecha. En España no hay una Marie Le Pen, ¿crees que hay menos racismo?

Eso es una falacia. La extrema derecha española está en el Partido Popular. En el PP están todos los discursos de Marie Le Pen, pero camuflados, como si fuera la derecha clásica. Y si hay dudas, solo hace falta echar un vistazo a las políticas aplicadas en los últimos cuatro años. Ellos son la extrema derecha en la práctica; en sus políticas tienes racismo, austeridad, lógicas neoliberales salvajes, lo tienes todo. El PP camufla la extrema derecha y, en este sentido, es peor que los partidos de extrema derecha, cuyo discurso es directo.

¿Entonces cómo se manifiesta el racismo en la vida cotidiana de uno?

El racismo es siempre institucional. En las actuales sociedades, cuando se define el racismo, se piensa que es un problema de prejuicios y estereotipos. La idea de que el racismo se limita a un grupo de personas con prejuicios es muy problemática, porque reduce todo a unos extremistas minoritarios en la sociedad. De este modo, lo que hay que hacer es educar a estos extremistas para que cambien, pero el resto de la sociedad está bien. Y eso no es así.

"El racismo es un cáncer terminal de la civilización occidental, porque está organizando desde dentro y de forma transversal todas las formas de dominación de la existencia humana"

El racismo es una práctica institucional. Es decir, para que haya racismo no basta con que haya gente con prejuicios, tiene que haber instituciones que lleven a la práctica estos prejuicios. Cojamos por ejemplo a la policía: si hacen un examen de tolerancia, tal vez muchos policías pasen este examen. Pero cuando se aborda el funcionamiento de la policía como institución, uno detecta que, en función del barrio, utiliza distintos métodos de actuación.

El problema no es el extremista con prejuicios sino que las propias instituciones normativas de las sociedades occidentalizadas están construidas sobre prácticas racistas hacia inmigrantes o minorías. Estas prácticas las encuentras en el mercado de trabajo, en la ausencia de derechos ciudadanos, en la falta de acceso a recursos, etc. El racismo es un cáncer terminal de la civilización occidental, porque está organizando desde dentro y de forma transversal todas las formas de dominación de la existencia humana.

¿Cuáles son los marcadores del racismo?

El racismo tiene muchos marcadores. El color de la piel, la identidad religiosa, étnica, nacional... El color de la piel es el más habitual debido a la historia del secuestro masivo de africanos por parte de los imperios europeos y su desplazamiento forzado a las Américas para ser esclavizados. Pero el racismo no se relaciona solo con el color. Los grupos que padecen racismo institucional están sujetos en cualquier momento a la violencia o a políticas de despojo de recursos. La opresión de clase se vive también de forma diferente si se pertenece a un grupo afectado por el racismo o no. En una compañía de aviones de Estados Unidos o de Francia, un obrero gana unos 150 euros a la hora, trabaja ocho horas al día y, si hay un conflicto con la compañía, puede acudir a un Tribunal u organizar una marcha en la calle, y sabe que esa noche regresará a casa vivo a dormir. En cambio, los obreras de un grupo que sufre opresión racial, y digo obreras porque el 90% del proletariado mundial son mujeres del Tercer Mundo, ganan uno o dos dólares al día. Y no trabajan ocho, sino catorce o dieciséis horas al día. Estas mujeres, si intentan hacer una huelga o llevar a esta compañía a un Tribunal, saben que se juegan la vida porque en las “zonas del no-ser” el sistema gestiona los conflictos con violencia y desposesión. Por ejemplo, las maquiladoras en Estados Unidos o en Asia. Pero eso no pasa solo en México, en Marruecos o en el llamado Tercer Mundo. Eso pasa dentro del mundo occidental, en sus ciudades globales, donde hay zonas de manufactura con mano de obra migrante que intenta reproducir los costes de China.

Consideras que la Universidad occidentalizada y el pensamiento que produce y difunde es racista, sexista y eurocéntrico…

Mi pregunta es: ¿cómo es posible que solo el pensamiento de hombres de cinco países, como Francia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos e Italia constituya la base del pensamiento actual? No se dio por un proceso natural sino que se basa en cuatro genocidios-epistemicidios: la conquista del Al Ándalus, la conquista de las Américas contra los indígenas americanos, la conquista de África y la esclavización masiva de africanos, y la quema de brujas. Estos cuatro genocidios-epistemicidios son constitutivos a la estructura racista y sexista del mundo moderno occidental. En el momento en que Descartes dice “yo pienso, luego existo”, ese “yo” no podía ser un judío, un musulmán, un africano, ni un indígena. Y, tras la quema de brujas, tampoco podía ser una mujer. El “yo pienso, luego existo” está precedido por 150 años de “yo conquisto, luego existo”, mediado por el “yo extermino, luego existo”. No es solo “yo conquisto” e impongo una estructura de poder, es que además “yo extermino” a personas y conocimientos, destruyo a seres humanos y los conocimientos de estos para destruir su memoria y erigirme como la única autoridad de pensamiento.