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Stalin vive en India y es ambientalista

Algunos padres indios deciden que sus descendientes lleven consigo el nombre de algún líder histórico como Adolf Hitler, Jhim Carter o Kennedy. Según los historiadores, teniendo presente el pasado colonial de este país, entre algunos habitantes cristianos se desarrolla cierta atracción por nombres exóticos alejados de su propia cultura

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Stalin Dayanand. YOUTUBE

No todos los días se puede escribir un email para solicitar una entrevista empezando con un “Querido Stalin”. Ni todas las peticiones de amistad en Facebook se envían mientras te ronda en la cabeza una considerable duda existencial (“¿Realmente quieres ser amigo de Saddam Hussein?”). Pero en un país como la India, con 1.300 millones de habitantes, uno tiene que estar dispuesto a encontrarse de todo. Y en cuestión de nombres no podía ser menos.

Entre los tradicionales Rahul, Ankit, Amit o Deepak, algunos padres indios se salen de la norma que suelen marcar las creencias religiosas y deciden que sus descendientes lleven consigo el nombre de algún líder histórico. Personas corrientes que se llaman igual que personalidades mundialmente conocidas pero cuya reputación no es ni mucho menos unánime. Nombres que, aunque son una copia del original, les vuelve en únicos en su entorno.

Stalin Dayanand es un activista de 54 años que lucha por la preservación del medio ambiente con su ONG Vanashakti, ubicada en la ciudad de Bombay. Para explicar el origen de su nombre, Stalin nos habla primero del ambiente religioso en el que vivían sus progenitores. Su padre, comunista y ateo, nació en el seno de una familia hindú, mientras que la familia materna era musulmana. Un combo letal para una sociedad profundamente conservadora como la india.

Su padre, comunista y ateo, nació en el seno de una familia hindú, mientras que la familia materna era musulmana

“Mis padres se casaron en 1963. En aquella época un matrimonio entre religiones no estaba muy bien visto, era poco común. Así que quisieron elegir un nombre neutral que no estuviese asociado ni con el islam ni con el hinduismo”. Stalin, un nombre neutral. “También querían que yo fuese un hombre fuerte y pensaron que una buena opción era Stalin por cómo sonaba”. Es decir, neutral, pero con presencia, que sugiriese firmeza. Se ve que la mano dura que usó el líder soviético Joseph Stalin, fallecido una década antes, les sirvió de inspiración.

A Stalin, el indio, le gusta su nombre. “Me encanta, estoy orgulloso. Me dan igual los episodios oscuros alrededor de lo que hizo el dictador ruso Stalin, el hecho es que siempre será recordado como aquel que combatió a Hitler y le venció. Eso cambió la Historia”, afirma el activista, refiriéndose a la toma de Berlín a manos del Ejército Rojo en 1945.

No obstante, reconoce que llevar ese peso en su identidad no le está saliendo gratis. “Todavía hoy sigo teniendo problemas con mi nombre porque, como soy activista, hay personas que creen que soy un agente que conspira contra el gobierno o que soy de la guerrilla maoísta, y muchos de estos prejuicios a veces son un impedimento”. En cualquier caso, dice, no cambiaría su excepcionalidad por nada del mundo. “Es un gran nombre porque es el nombre de alguien histórico, importante, es un nombre único, no hay muchos Stalin, y eso me hace feliz”.

Lo cierto es que en el sur de la India hay otro Stalin mucho más afamado. Mathuvel Karunanidhi Stalin, habitualmente resumido en M. K. Stalin y conocido como Stalin a secas, un político de Tamil Nadu que llegó a ser jefe de gobierno de ese estado y que ahora lidera la oposición.

Este Stalin nació en la ciudad de Madrás (actual Chennai) el 1 de marzo de 1953, mientras en Moscú, a 6.000 kilómetros, otro Stalin empezaba a despedirse de la vida tras sufrir un derrame cerebral. En esos días de agonía, M. Karunanidhi (padre) decidió que, como homenaje, su recién nacido llevaría siempre el nombre del líder ruso, en lugar de Ayyadurai, que era su idea inicial. Un Stalin se iba, otro llegaba, y así la cadena no se veía interrumpida.

Curiosamente, hace pocos meses M. K. Stalin pidió a sus seguidores que utilizaran nombres tamiles para llamar a sus hijos como forma de reivindicar la cultural local y de paso frenar el avance nacional del hindi.

Hitler gana en las urnas

Otro que tampoco falta a su cita con las urnas, por raro que suene, es Adolf Hitler. Concretamente, Adolf Lu Hitler. Hitler es padre de tres hijos, se acerca a los 60 años y ha ganado su asiento parlamentario en los comicios locales del estado de Meghalaya, al noreste, al menos en tres ocasiones. El argumento definitivo para quienes esgrimen que Hitler ganaba elecciones. Asegura que ni su nombre ni su bigote nunca fueron un problema para conseguir el afecto de sus votantes.

Nos hubiera encantado pode reunir al Stalin de Bombay con el Hitler de Meghalaya para rememorar el pacto Ribbentrop-Mólotov, pero no ha sido posible.

Hace un tiempo, Hitler le explicaba a AP que su padre luchó junto a los británicos en la Segunda Guerra Mundial pero que, a pesar de estar en el bando contrario, contrajo cierta fascinación con el líder de origen austriaco, hasta el punto de llamar igual a su primogénito. “Soy consciente de que en su momento Adolf Hitler era la persona más odiada de la Tierra por el genocidio de judíos. Pero mi padre añadió un ‘Lu’ entre medias y por eso soy diferente”, le dijo a la agencia estadounidense. Un pequeño pero importante detalle, sin duda.

Hitler asegura estar contento con su nombre, aunque señala que ha tenido problemas en las aduanas de algunos aeropuertos cuando la autoridad de turno miraba sus documentos y dudaba por un momento de su autenticidad.

La fascinación en India por la figura de Hitler (el original) es cuanto menos curiosa

En realidad la fascinación en India por la figura de Hitler (el original) es cuanto menos curiosa. Su libro, Mein Kampf, es un éxito de ventas que se puede encontrar en librerías, estaciones de tren y aeropuertos. Obras con su rostro en la portada posan junto a otras con la cara de Gandhi, Obama o Bill Gates. Cómo olvidar las películas Hero Hitler in Love y Dear Friend Hitler, la telenovela Hitler didi o la tienda de ropa en la ciudad de Ahmedabad que llevaba el mismo nombre que el genocida alemán.

En todo caso Adolf Lu Hitler no es el único político con un nombre inusual que se presenta a las elecciones en Meghalaya, un estado de mayoría cristiana en el que abundan nombres de célebres personalidades de origen occidental. Así, tenemos al candidato independiente Jhim Carter M. Sangma, al incombustible Kennedy C. Khyriem, que se presenta bajo las siglas del Partido del Congreso, al hinduista Billykid Sangma, del BJP, o al no menos peculiar Frankenstein W. Momin. Fuera de la política, llama la atención el oficial de policía J.F.K. Marak, quien seguramente nunca se haya tenido que enfrentarse a un reto tan grande como la crisis de los misiles.

La explicación del origen de esta costumbre no es ni mucho menos rotunda. Teniendo presente el pasado colonial de este país, los historiadores sostienen que entre algunos habitantes, sobre todo cristianos, se desarrolla cierta atracción por nombres exóticos alejados de su propia cultura, cosa que no suele suceder entre hindúes y musulmanes. Es el sonido al pronunciar la palabra, más que el verdadero currículum de estos personajes históricos, lo que inspira a padres y madres a la hora de darle un nombre a sus hijos.

Arafat contra Israel

El doctor Yasser Arafath Pothukandiyil nos recibe en su despacho de la Universidad de Delhi. El historiador indio no lleva puesta la emblemática kufiya que vestía el fallecido líder palestino Yasir Arafat, pero sí una sonrisa similar a las que mostraba el ex presidente de la ANP tras sus victorias políticas.

“A mí me gusta mucho mi nombre porque conozco la historia de Yasir Arafat, por eso me siento orgulloso”, afirma Yasser Arafath

“A mí me gusta mucho mi nombre porque conozco la historia de Yasir Arafat, por eso me siento orgulloso”, explica el profesor, de 39 años. Su padre, cuenta, estuvo trabajando en Catar en la década de los 60 y volvió de aquel país árabe fascinado con el líder palestino y su constante lucha contra Israel. “Antes de que mi madre diese a luz, es decir, antes de saber si yo iba a ser chico o chica, mi nombre ya estaba decidido. Mi padre tenía claro que su bebé se iba a llamar como Yasir Arafat. Menos mal que nací chico”.

Arafath recuerda que, siendo estudiante, en el primer día de clase, un profesor pensó que el joven le estaba vacilando al pasar lista. Tras comprobar que el nombre era real, el maestro le advirtió con una sonrisa: “no vayas al departamento de antropología porque ahí hay uno llamado Israel y no me veo capaz de negociar entre ambos”. Arafath cuenta que, por una cosa o por otra, acabó yendo a aquel despacho y, ante todo pronóstico, se hizo amigo de Israel.

“En zonas de India donde el comunismo ha sido o es fuerte encontrarás a muchos llamados Lenin o Stalin. Y en áreas de musulmanes del norte hay personas mayores, de unos 60 o 70 años, que se llaman Hassan Al-Banna, como uno de los mayores ideólogos del islam en Egipto”, afirma el historiador, que cita al creador de los Hermanos Musulmanes. “Afortunadamente mi padre estaba fascinado con Yasir Arafat, pero me preocupa pensar en si le hubiese impresionado Osama Bin Laden”, bromea.

“Saddam sonaba bien”

Saddam Hussein murió ejecutado en una horca iraquí en diciembre de 2006, tras la invasión liderada por Estados Unidos.

Saddam Hussain tiene 22 años, vive en la ciudad de Faridabad y estudia física en la universidad.

En India muchos habitantes que nacen en zonas de mayoría musulmana portan el nombre del difunto mandatario iraquí. Eso sí, en algunas ocasiones, con una ligera diferencia de pronunciación (Hussain en lugar de Hussein).

“Nací después de la Guerra del Golfo pero mi nombre no es por el líder iraquí”, explica Saddam Hussain

“Nací después de la Guerra del Golfo pero mi nombre no es por el líder iraquí, aunque no tengo muy claro el origen”, afirma el joven a este diario. “Creo que mis padres me llamaron Saddam porque les sonaba bien y Hussain es mi segundo nombre”. A él también le suena bien, está contento con la decisión de sus padres. “Me parece puro y cariñoso, estoy orgulloso de tener un nombre tan bonito”.

A la pregunta de si ha sufrido algún problema por la inevitable relación entre su nombre y el del dictador iraquí, Saddam contesta que no, pero que todavía es estudiante y que no se ha tenido que enfrentar a buscar trabajo o encontrar pareja, misiones, ambas, obligatorias en la sociedad india. “No tengo ni idea de qué me pasará en el futuro”, reconoce.

Para no asustarle, evitamos mostrarle la historia de otro Saddam Hussain, residente en el estado indio de Jharkhand. Saddam es un ingeniero que, después de haber sido rechazado en 40 trabajos, llegó a la conclusión de que su nombre era un lastre, el motivo de su calvario laboral. “La gente tiene miedo de contratarme”, afirmó abatido al periódico Hindustan Times. “Acabé preguntando en los departamentos de recursos humanos de las empresas y algunos me dijeron que el problema era mi nombre”.

Saddam decidió comenzar los trámites legales para cambiárselo, con el fin de ser un hombre nuevo de cara a las entrevistas. Ahora es Sajid. Pero tras quitarse la carga de un nombre con una pésima reputación, se está enfrentando a un desafío mayor: la burocracia india y las correspondientes trabas para que ese cambio sea una realidad.