Publicado: 26.08.2015 12:35 |Actualizado: 26.08.2015 13:18

La Tomatina: todo comenzó con una pelea cerca de un puesto de verduras

Este año se celebra el 70 aniversario de una fiesta que durante más de diez años estuvo prohibida y cuyos participantes se arriesgaban a penas de cárcel

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Imagen de la celebración de La Tomatina de este año 2015. EFE

Imagen de la celebración de La Tomatina de este año 2015. EFE

MADRID.- La Tomatina de Buñol es, sin duda, una de las fiestas más conocidas de España. Cada último miércoles de agosto, miles de personas se congregan en esta localidad valenciana para tirarse tomates unos a otros. Una fiesta teñida de rojo que este 2015 cumple 70 años con récord histórico de 150.000 kilos de tomates y para la que se han vendido 22.000 entradas a un precio de diez euros (los residentes en Buñol, para los que se reserva un cupo de entradas, pagan una cantidad menor).

La versión más extendida sitúa el origen de esta fiesta popular y veraniega en el último miércoles de agosto de 1945, día en que se celebraba el tradicional desfile de gigantes y cabezudos. Según recoge la web tomatina.es, un par de jóvenes decidieron inmiscuirse en la comitiva, con tal ímpetu que provocaron la caída de uno de los participantes.

Este afectado, enfurecido, la emprendió a golpes con todo lo que hallaba a su paso, y en seguida se armó la pelea. Por casualidad había por allí un puesto de verduras, con lo que se utilizaron los tomates como proyectiles, y así la batalla campal se convirtió en la primera tomatina (aún no con este nombre) de la historia. Fueron las fuerzas del orden quienes tuvieron que poner fin a la gresca.



Al año siguiente, el último miércoles de agosto de 1946, los jóvenes repitieron la batalla de forma voluntaria, llevando los tomates desde su casa. La policía local tuve que ponerle fin por segunda vez, pero la mecha de la tomatina ya había prendido.

Aunque en los años sucesivos el intercambio de tomatazos fue prohibido por las autoridades locales en diversas ocasiones, la fiesta terminó por imponerse y abrirse paso en la historia. A pesar de las continuas prohibiciones y cortapisas la tomatina ganaba simpatizantes y militantes.

El entierro del tomate de 1957

Una fecha clave en esta lucha fue 1957, cuando, ante la nueva cancelación de la tomatada (con amenazas de sanciones e incluso prisión para quienes tomaran parte en ella), los buñolenses representaron el entierro del tomate, una manifestación en la que los vecinos cargaron con un ataúd con un gran tomate dentro, secundados por una banda de música que interpretaba marchas fúnebres.

El éxito de este entierro fue total y supuso un antes y un después para la legalización de la tomatina, permitida e instaurada como fiesta oficial a partir de 1959.

En 1975 la fiesta pasó a organizarse por parte de los Clavarios de San Luis Bertrán, el patrón del pueblo, encargándose de aportar los tomates que hasta entonces cada buñolero traía de su casa. Cinco años más tarde, en 1980, el Ayuntamiento decidió hacerse cargo de la organización y promoción de la fiesta. Por aquella época los tomates llegaban ya en camiones, en cantidad de unos 100.000 kilos procedentes de la cooperativa de la población castellonense de Chilches.

De Buñol al resto de España y del mundo

Uno de los hechos clave para la popularización de la fiesta en el resto de España fue un reportaje para el programa Informe Semanal de TVE, realizado por Javier Basilio en 1983

Desde entonces, cada vez acuden a Buñol por estas fechas más personas y procedentes de lugares más distantes. Prueba de ello es que en la actual edición los batalladores serán españoles (18%), británicos (14%), japoneses (10%), indios (9%), australianos (6%) o americanos (5,%), entre otras nacionalidades. No en vano, en 2002 la fiesta fue declarada de Interés Turístico Internacional.