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Aquel verano de 1931… la aparición de una Virgen que 'vaticinó' la guerra civil

'Público' saca a la luz este 14 de abril, día de la proclamación de la Segunda República y a su vez viernes santo, un conjunto de revelaciones marianas, que ocurrieron en el verano de 1931 y que en su momento conmocionaron a la opinión pública. Las revelaciones de la virgen en el municipio vasco de Ezquioga anunciaban una cruenta guerra civil cinco años más tarde.

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Visionarios de Ezquioga fotografiados por los periodistas de la época

¿Una aparición mariana en la recién instaurada Segunda República? El fervor anticlerical que corría durante durante el verano de 1931 no impidió a dos niños pastores Antonia y Andrés, con apenas diez años en la localidad guipuzcoana de Ezquioga estar en boca de todos los vecinos de su propia localidad. Los medios se hicieron eco de una supuesta aparición de una virgen que intentaría borrarse del imaginario popular por parte de las nuevas autoridades de la Segunda República. Nadie quiso recordar aquellos acontecimientos. Ni las procesiones, ni a la incrédulos visionarios que aquel verano se transformaban y perdían la mirada ante la aparición atónita de una imagen luminosa que todos decían que portaba un extraño mensaje.

En ese mismo verano un suceso similar ocurrió supuestamente en la localidad alavesa de Espejo. José Luis Barrio cuidaba a los nueve años como pastor a un rebaño de cabras. Según su testimonio, el joven al coger una pequeña flor, observó que una figura lo miraba desde los más alto. El niño relacionó aquella rara imagen con una virgen que le hablaba a lo lejos. Aquel fenómeno provocó la alucinación de muchos vecinos que realizaban procesiones hasta la zona por el culto de aquella imagen.

En Torralba de Aragón (Huesca) siguieron las inciertas apariciones. Cuatro niñas aseguraron haber visto a una mujer extraña en una iglesia que desapareció de repente. En Mendogorría, un pueblo de Navarra, en el verano de 1931, trece niños comentaron en todo el pueblo la visión de una mujer de un aspecto parecido a una virgen en una iglesia cercana.

Después de 86 años, y sin apenas documentación que pueda demostrar alguna certeza, las visiones de aquel verano de 1931 han quedado archivadas en la memoria oculta de la Segunda República Española.

Niños de Ezquioga en el verano de 1931

“Una guerra civil entre católicos y no católicos”

El suceso que aquel verano conmocionó a toda la opinión pública y que trascendió fuera de las fronteras fue, sin duda, el de la aparición en Ezquioga y una virgen sangrienta. La leyenda de los que vieron la imagen revelaba a los visionarios una cruenta guerra civil entre españoles y hermanos.

Entre los mensajes de los visionarios que lo medios recogían sin parar se repetía una clara revelación que resultó increíblemente cierta: “Dentro de cinco años justos se iniciaría una guerra, y que un Ángel Salvador sería el destructor de la República”, con una clara referencia a Francisco Franco.

La “aparición” se hizo enormemente popular en pocas semanas a través de los medios de comunicación. Escritores y periodistas que acudían a ver aquellos extraños sucesos inmortalizaban con instantáneas el hipotético trance de los fieles con la mirada perdida y los ojos vueltos. Y no son pocos los nonagenarios que a día de hoy en el municipio de Ezquioga, hoy conocido como Ezquioga- Itsaso (desde 1965), afirman una parte de “realidad” de aquellos hechos. Sin embargo a pesar de las últimas y escasas investigaciones realizadas nadie se atreve hablar de aquel suceso, ocurrido el 30 de junio de 1931 que con tanta dureza taparon las autoridades civiles de la Segunda República.

Antonia y Andrés, protagonistas de las 'revelaciones de Ezquioga'.

La historia de los jóvenes pastores

Pero ¿cómo se desencadenó aquella historia? Dos hermanos pastores, Andrés y Antonia Bereciartua, de ocho y once años, subían cada noche a por leche en un caserío situado en la ladera del monte Anduaga. En la noche del 30 de junio de 1931, los dos niños bajaban por la montaña cuando, tal y como ellos narrarían a los vecinos, vieron delante de sus cabezas un resplandor y la imagen de aquella figura negra.

La temida “revelación” no solo fue creída por los jóvenes. Al correr el testimonio, muchos habitantes del pueblo comenzaron a decir que les había llegado la revelación de una guerra, incluso un concejal de Ezquioga. Fue tal el fenómeno masivo que cientos de personas comenzaron a peregrinar sin descanso hasta el monte Anduaga. Todos los días la prensa contaba las novedades de aquella extraña historia que se desarrollaba en aquel pequeño municipio que tenía en vilo a toda España.

Los cortes en las manos y las falsas alucinaciones que realizaban muchos de aquellos fieles frente a la extraña imagen mariana fue el detonante para que las autoridades republicanas acabarán con el caso en Ezquioga. El descampado fue cercado y se prohibió el acceso. Las detenciones llevaron a muchos de aquellos jóvenes y mayores hasta el sanatorio de Mondragón para que la opinión pública olvidara aquel extraño fenómeno.

Fue tal el ocultamiento de la historia que el miedo de los vecinos dura a día de hoy. Nunca más se volvió a hablar de aquellas apariciones.

Los sucesos de Ezquiga recogidos en la prensa de la época

Baroja y Marañón hablaron de lo ocurrido en Ezquioga

Lo ocurrido en Ezquioga no dejó indiferente a muchos intelectuales de la época como fue el caso de Pío Baroja que recogería parte de la historia de su trilogía “La selva oscura”, publicado en 1932 donde uno de los libro se titularía “Los visionarios”, donde analiza los sucesos de Ezquioga, con fuentes y testigos para destacar la veracidad que las revelaciones podían tener en algunos casos.

Gregorio Marañón, médico ilustre, defendió la supuesta autenticidad a los visionarios, y revelaría a los medios de la época la falta de “competencias” para sacar conclusiones sobre una relevación tan masiva a una pequeña población.