Publicado: 25.11.2015 01:58 |Actualizado: 25.11.2015 19:57

El melómano que montó una tienda de vinilos y libros en plena crisis

Fernando Velasco no dudó en colgar la chaqueta y la corbata para abrir un bar de rock. Cuando se cansó de la noche, cambió la barra por el mostrador. Pese a que el sector discográfico y editorial languidecían, él ha conseguido vivir de la música y la literatura

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Fernando Velasco, rodeado de libros y vinilos en la tienda Bajo el volcán. / HENRIQUE MARIÑO

Fernando Velasco, rodeado de libros y vinilos en la tienda Bajo el volcán. / HENRIQUE MARIÑO

Cuando la crisis económica comenzó a pisarle los talones a la crisis discográfica y editorial, Fernando Velasco (Madrid, 1971) echó el freno y decidió cambiar de vida laboral. Era la segunda vez que lo hacía. Años atrás, con el comienzo del nuevo siglo, colgó la chaqueta y la corbata para abrir un bar en Lavapiés que aunaba tostas y rock and roll. Luego se cansó de la noche y, hace un lustro, decidió montar una tienda de discos.

Sus colegas pensaron que estaba loco. Promusicae, que defiende los intereses de los productores musicales, alertaba entonces: “Las cifras de venta se encogieron durante 2010 hasta extremos desoladores. Este indicador ha venido menguando de forma ininterrumpida desde 2001, concretamente un 80%, pero en su décimo año consecutivo de caídas desciende un 21,12% respecto a 2009, cuando ya las cifras eran raquíticas”.

Velasco, en cambio, no dudó en traspasar La Aguja, un lúgubre bar donde sólo pinchaba vinilos. Cruzó a la acera izquierda de la calle Ave María e inauguró Bajo el volcán, cuyo nombre rinde homenaje a la novela de Malcolm Lowry protagonizada por un antiguo diplomático con querencia por el alcohol en caída libre vital. “Ahora mismo no me queda ningún ejemplar porque justo lo vendí ayer, pero ya lo he vuelto a pedir”, explica mientras despacha a un cliente The Velvet Underground & Nico, el disco del plátano.

Fernando también vende libros, sobre todo narrativa americana y, claro, musicales. De hecho, la tienda comenzó siendo una librería delicatessen con una isleta de vinilos, pero estos fueron colonizando el establecimiento como una especie invasora, hasta el punto de que hoy se han hecho fuertes en el sótano, que debió reformar para hacerles sitio. “Es por el revival del formato”, reconoce este madrileño de Moratalaz, que recibe a ciegas mercancía de Estados Unidos entre la que se cuela alguna joya. También vende novedades y reediciones, aunque sobre el plato giran rarezas a modo de anzuelo.



La esperanza de vida de las librerías tampoco invitaba a dejarlo todo. Según el INE, los puntos de venta pasaron de 7.074 en 2008 a 5.864 en 2013. La Confederación de Gremios y Asociaciones de Libreros, en su Observatorio de la Librería 2014, afina más: en España hay 3.650 librerías independientes, el 17% de ellas en Madrid, después de que echasen el cierre 912 y sólo se inaugurasen 226 durante el último año. “Desde que abrí he visto cómo surgían una decena en el barrio, pero algunas ya han cerrado”. Son, más que establecimientos al uso, librerías y algo más: cafés, copas, conferencias, actuaciones…

“De hecho, yo monté Bajo el volcán como una extensión del salón de mi casa, al igual que hice en su momento con La Aguja, que era un lugar adonde venían mis amigos a tomarse unas cervezas y escuchar mi música favorita”, explica Velasco. “Son elecciones personales”. Licenciado en Ciencias Políticas, la suya consistió en dejar atrás un trabajo estable como jefe de compras en una compañía de seguros para abrevar a la parroquia roquera de Lavapiés. “Tenía un buen puesto y curraba casi de yuppie, aunque no me decía absolutamente nada. Levantar esto fue muy duro, pero es la mejor decisión que he tomado en mi vida”.

Finalmente, ha logrado vivir de sus aficiones: escuchar discos y leer libros, que luego recomienda y vende. Sus clientes van desde el coleccionista hasta el neófito. “Jóvenes que han pasado de la descarga al vinilo, saltándose el cedé. A lo mejor lo han escuchado mil veces, pero quieren tener el objeto”, afirma Fernando, quien reconoce los esfuerzos para sacar adelante el negocio, que ha ido creciendo al tiempo que algunas históricas tiendas de discos desaparecían.

“Al principio, me daba pena vender algunos elepés que me gustaban, pero necesitaba el dinero y no me quedaba otro remedio. Ahora ya procuro quedármelos”, confiesa mientras le da la vuelta al Chapter VII de Buddy Miles, batería de Jimi Hendrix. “Éste no lo vendo, es mío”, sonríe. “Yo soy mi mejor cliente”.

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