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Violencia machista "Vivimos en una sociedad machista que lanza mensajes aleccionadores para producir terror sexual en las mujeres"

La politóloga y doctora en Feminismos y Género publica su libro 'Microfísica sexista del poder: el caso de Alcàsser y la construcción del terror sexual'. La autora cree que el suceso "no fue un caso excepcional, no deja de suceder en nuestro día a día".

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Nerea Barjola, autora del libro 'Microfísica sexista del poder: el caso de Alcàsser y la construcción del terror sexua'. IÑIGO AZKONA / ARGIA

26 años han transcurrido de aquellos terribles crímenes perpetuados contra tres jóvenes de la localidad de Alcàsser que acudían, como otra noche cualquiera, a una discoteca del municipio aledaño de Picassent utilizando la forma más repetida en aquella época de recurrir al autostop. Aquellos sucesos, de los que solo fue declarado culpable Miguel Ricart, aparecieron repetidamente en las televisiones y convirtieron el caso en una telenovela a la que los espectadores asistían en primicia a los testimonios de los testigos, incluso antes de acudir a dar su versión en el juicio.

Nerea Barjola (Santurce, 1980) disecciona en Microfísica sexista del poder: el caso de Alcàsser y la construcción del terror sexual el relato que inscribieron los medios, así como la sociedad de la época, de culpabilizar a las víctimas y poner en tela de juicio la libertad de la que empezaban a disfrutar las mujeres de la época. Para Barjola, el único juicio que tuvo lugar sobre el crimen de Alcàsser fue el que responsabilizó a las mujeres de lo ocurrido, dejando libres ante la opinión pública a los culpables. A partir del caso Alcàsser, cuenta la politóloga y doctora en Feminismos y Género por la Universidad del País Vasco, se extendió en aquella generación el peligro sobre el terror sexual que podían sufrir las mujeres.

Lejos de quedar en la memoria cómo un caso anecdótico, la culpabilización de las víctimas y sentencias de la época que denigraban a la mujer, poniendo en tela de juicio la resistencia que hubiera podido oponer la víctima, evocan directamente a la reciente sentencia del juicio contra 'La Manada'. Aprovechamos la publicación de la obra para hablar con la autora de las secuelas que dejó el caso Alcàsser y el momento que vive el feminismo en España con movimientos como #YoSiTeCreo.

¿Qué te ha llevado a reconstruir el relato y los crímenes de Alcàsser? ¿Por qué es tan importante a la hora de hablar del terror sexual de las mujeres?

"Alcásser no fue un caso excepcional, no deja de suceder en nuestro día a día y han pasado varias décadas"

En mi caso, Alcásser fue el primer relato sobre peligro sexual que yo recuerdo, que me produjo muchísimo terror y me puso en contacto por primera vez con la violencia sexual y con lo que me podía ocurrir por el hecho de ser mujer. En su momento, no lo definía como relato sobre el peligro sexual, cuando defino el objeto de estudio me interesaba mucho la idea de ver cómo las representaciones que existen sobre peligro sexual determinan las prácticas de las mujeres. Obviamente, apareció la construcción del relato Alcàsser, cómo se contó el crimen sexual y cómo marcó a toda una generación de mujeres jóvenes. La idea era reasignarnos el relato desde el feminismo y romper su variable terrorífica situándolo en el centro mismo de la cotidianidad social. Alcásser no fue un caso excepcional, no deja de suceder en nuestro día a día y han pasado varias décadas.

Según los testimonios que ha podido recopilar, Alcàsser fue la puerta de entrada al horror para las mujeres. ¿Hasta dónde llegan las secuelas para las mujeres de todo lo que rodeó al caso Alcàsser?

A partir de una hipótesis personal, según fui ahondando en la investigación, caí en la cuenta de que había una herida colectiva de un montón de mujeres para las que Alcàsser supuso una relación política muy fuerte. Fundamentalmente, la manera en la que tuvieron de construir el relato: se vieron todos los detalles de las torturas sexuales, se publicaron fotos y se hizo una recreación de todo el camino transcurrido desde que las chicas salen de su casa y hacen autostop. Es una vivencia en la que muchas mujeres de la época se van a sentir identificadas porque era muy común hacer autostop y, a partir de ahí, todo lo que no deberían de haber hecho para que no sucediera lo mismo que a las chicas de Alcàsser.

En la obra subraya que la banalización y el escarnio público de los medios de comunicación de la época fue una advertencia sobre la libertad que empezaban a tener las mujeres de la época. ¿Fue algo premeditado por parte de los medios de comunicación?

Portada del libro 'Microfísica sexista del poder: el caso de Alcàsser y la construcción del terror sexual', de la autora Nerea Barjola. VIRUS EDITORIAL

Fue un relato estructuralmente premeditado porque la violencia sexual es algo estructural por parte de un conjunto social machista y misógino, del cual forma parte los medios de comunicación. Los medios van a lanzar constantemente señales porque las personas que están en los medios de comunicación forman parte del cuerpo social, vivimos en una sociedad machista que siempre va a estar lanzando mensajes aleccionadores que van a producir terror sexual en las mujeres.

¿Tuvo efecto ese aviso sobre “los peligros que provocaban la libertad de las mujeres”?

Fundamentalmente, supuso una advertencia y un intento de negar las libertades ganadas por el movimiento feminista. La lucha del movimiento feminista venía a situar el crimen de Alcàsser en un clima político de cambio en el que las mujeres empiezan a tomar espacios reservados para los hombres y a ser conscientes de su libertad. En ese sentido, también fue un relato de resistencia las mujeres y de no ceder los espacios gratuitamente. Muchas de las mujeres que sintieron el impacto o que tuvieron que vivirlo han resignificado ese terror desde el feminismo.

¿Qué entendemos por “microfísica sexista del poder” y cómo se evidencia en el caso Alcàsser?

La microfísica del poder es un concepto de Foucault y plantea que el poder hay que estudiarlo en cadena. Es un poder difuso que no se sabe bien quién tiene la titularidad, pero que todos lo ejercemos. Me pareció interesante añadirle la variable sexista, como una categoría analítica y política, para visibilizar que el poder que el conjunto social ejerce es sexista. En el caso Alcàsser, fue la sociedad en su conjunto la que construyó un relato de peligro sexual para toda una generación de mujeres jóvenes.

La victima de 'La Manada' ha tenido que afrontar el cuestionamiento de su testimonio con un voto particular que insinuaba el goce de la víctima o pasando por alto la intimidación que supone que cinco “hombres” te acorralen y te metan en un portal. ¿Se han reproducido los mismos patrones que tuvieron que afrontar las niñas de Alcàsser?

"Las formas del patriarcado son idénticas construyendo un relato de culpabilización de la víctima"

Aunque son dos casos que tienen sus diferencias el relato, las formas del patriarcado son idénticas construyendo un relato de culpabilización de la víctima al igual que ocurrió en Alcàsser. Me gustaría que no olvidásemos que, aparte de ese voto particular, hay otros dos magistrados que entendieron que no había sido violación sino abuso sexual. Parece más una técnica de despiste de solo fijarnos en el voto particular y olvidarnos de lo que significa que otros dos magistrados haya sentenciado que fue abuso y no violación. Si lo han visto así es porque no saben lo que es el consentimiento, lo cual haría pensar que son hasta peligrosos porque perpetúan y amparan al violador.

En los años 80 hubo sentencias que denigraban a la mujer y que ponían en duda la resistencia que hubiera podido oponer la agredida. ¿Ha cambiado realmente la justicia en los últimos cuarenta años respecto a la indefensión de la mujer?

En la reforma del Código Penal de 1989 se consiguió cambiar lo que hasta ese momento se llamaban delitos contra la honestidad. Significaba que el delito no se cometía contra la libertad sexual de la mujer, sino contra el honor del padre, del novio o del hermano. El cambio más importante de la lucha del movimiento feminista en aquellos años fue conseguir cambiar ese título por el de delitos contra la libertad sexual de las mujeres. Si comparas las sentencias de los años 80 con la de ahora en el fondo hay bastantes similitudes. Pueden cambiar las leyes, pero la libre interpretación de los magistrados está sujeta a una justicia patriarcal y la sentencia es un claro reflejo. Los patriarcas se defienden, de ahí todas las reacciones de las asociaciones de jueces pidiendo que no se señale a la judicatura.

En el prólogo, Federici advierte de que en 1992 “las feministas no consiguieron hacer oír su voz y proveer a la sociedad de una contranarrativa frente a las manipulaciones de los medios”. ¿Esto ha cambiado con casos como el de 'La Manada' y la rápida reacción de la sociedad?

Las feministas de los 90 también salieron a la calle y llenaron los periódicos de artículos de opinión, pero las personas jóvenes de la época no leían tanto los artículos de opinión e interiorizaron todo lo que salía en televisión. Ahora contamos con una herramienta que antes no teníamos, las redes sociales se han convertido en la vía más importante de divulgación feminista con una contestación feminista muy potente e instantánea. También aprovecho para agradecer la valentía de muchas feministas que son acosadas y amenazadas en las redes sociales por su militancia.

¿El movimiento #YoSiTeCreo puede convertirse en ese gran hito de reivindicación que dé la vuelta al relato?

Lo creo firmemente, igual que Alcàsser este movimiento generará un antes y un después. Es un movimiento histórico que viene precedido por la huelga del 8 de marzo con una energía feminista brutal y, contextualizando con lo que ocurrió en Alcàsser, nos vuelven a lanzar avisos de que no hay razones para la indignación con una condena por abuso y no por violación. Aquí estamos y no nos vamos a callar, hemos sacado los dientes más unidas que nunca respondiendo a sus narrativas y representaciones patriarcales.