En pleno golfo de Bengala, en el océano Indico, se encuentra la isla de Sri Lanka, una pequeña joya también conocida como la lágrima de India, o la de Buda, según se mire. Un país espectacular que cada vez acoge más viajeros desde que acabó su cruenta y larga guerra civil entre cingaleses y tamiles. Y en la costa del sur podremos observar un sistema de pesca tradicional único en el mundo, me refiero a los pescadores zancudos o sticky fishermen.

A unos pocos metros de la orilla, los pescadores cingaleses clavan unas estacas llamadas riti panna que llegan a tener una altura de dos o tres metros sobre el nivel del mar, y arriba de esas estacas se encuentra la petta, un diminuto e incómodo trozo de madera que utilizan como asiento. Con una mano se agarran y sostienen en el poste, con la otra manejan desde la altura su caña de pescar mientras intentan capturar pequeños arenques o caballas a base de los movimientos que hacen con sus anzuelos sin utilizar ningún cebo. Nunca utilizan ningún tipo de redes para la pesca, si lo hicieran es muy probable que los peces se asustarían y buscarían otros lugares más tranquilos.

Pescadores Zanco de Sri Lanka - Foto de Oscar Presilla
Pescadores Zanco de Sri Lanka – Foto de Oscar Presilla

Practican este curioso método un par de veces al día, al amanecer y a última hora de la tarde, cuando el sol no aprieta demasiado, y al estar sentados a esa altura los peces se acercan a la orilla y a los corales sin percibir su presencia. Tras una dura jornada las capturas suelen ser escasas, apenas llega para acompañar el arroz que diariamente consumen sus familias. A veces, en un buen día, les sobra algo para vender en el mercado y sacar algunas rupias. En los últimos años y con la llegada del turismo obtienen un dinero extra pidiendo una propina a la gente que se acerca a sus aldeas para tomar algunas fotos.

Existen dudas sobre el origen de esta tradición y nadie sabe a ciencia en que época comenzó. Hay quien dice que fue a finales de la segunda guerra mundial, cuando los pescadores locales aprovecharon el material de hierro que había quedado abandonado como restos de armamento bélico. Sin embargo, otros aseguran que viene de mucho antes, cuando tras mucho pensar intentaron inventar algo para no tener que salir mar adentro, era una difícil tarea atravesar en sus pequeños barcos los arrecifes de coral donde rompían grandes olas o sufrir los monzones del suroeste y los temporales de la estación de lluvias.

Tras el fatídico tsunami de diciembre de 2004 que devastó la costa del sur y el este de la isla desapareció esta tradición, pero poco a poco fueron instalando nuevas estacas y los pescadores zancudos cingaleses resurgieron de nuevo. Si alguien se acerca a este maravilloso país que no dude en hacer una visita a sus pescadores locales, los encontrarán en cualquier lugar entre Galle y Kirinda, y estarán encantados de charlar un rato bajo la sombra de una palmera y mostrar y explicar su curiosa tradición.


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Nómada del siglo XXI, sin residencia permanente, vivo viajando, viajo viviendo.

2 Comentarios

  1. Oscar Presilla, teniendo más de 60 años, es fácil. Si tienes de 20 a 50, te arriesgas mucho. Te felicito, por ser valiente. La vida dura poco y hay que hacer lo que realmente nos guste.

  2. Hola Juan, tienes mucha razón. Yo tomé esta decisión con 45 años, hasta ese momento digamos que me lo había currado o había conseguido la forma perfecta para hacerlo, cierto colchón económico y sobre todo irme sin deudas. Mucha gente me pide consejos sobre cómo cambiar su estilo de vida de una forma radical, y yo siempre les digo que lo más importante es no quemar todas las naves que dejamos en nuestro lugar de origen y no empezar otra vida sin nada, con una mano delante y otra detrás, es fundamental que podamos poner marcha atrás si surge ese momento o las cosas no salen como habíamos imaginado. Un saludo y muchas gracias por tu comentario.

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