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28 hombres sin escudo

Reflexiones de algunos de los futbolistas que han vestido las camisetas del Madrid y el Barcelona

ALFREDO VARONA

"Yo creo que uno no pelea frente a sus sentimientos. En todo caso, lo hace ante sus orígenes", declara Alfonso, uno de los 28 futbolistas que han vestido de blanco y de azulgrana. Criado en el Madrid desde los 13 años, jugó dos temporadas en el Barcelona (2000-2002). "A esas alturas, ya sabía que puede pasar de todo", recuerda con naturalidad. Lo mismo le pasó a Milla, quien, después de educarse en La Masia, destinó siete años de su vida al Madrid: "Abandoné el Barça por razones que ahora no voy a recordar". Radomir Antic también consiente esta vieja pregunta. Doce años después de dirigir al Madrid, en la temporada 91-92, "en la que Hierro hizo 34 goles", entrenó al Barça, donde dio la alternativa a Víctor Valdés, Iniesta, probó con Xavi como medio de ataque y pasó a Puyol de lateral a central. Y no hubo sentimientos que comprometiesen esta amistad. "Yo nunca fui hincha de nadie", justifica. "Soy un enamorado del fútbol al que le interesa más el contenido que el resultado".

La historia acepta a ese futbolista que ha defendido los dos escudos. Sucedió incluso en la década de los treinta, cuando el fútbol era una afición y no un negocio, con Samitier, García Puerta e Hilario. Luego aparecen nombres importantísimos como Lucién Muller, Schuster, Laudrup, Luis Enrique, Ronaldo o Figo, a quien el Camp Nou respondió en su regreso tirándole una cabeza de cochinillo

"Tras perder la Copa de Europa en el 61, el Barça me echó", recuerda Tejada

A Justo Tejada, sin embargo, no le ocurrió esto en los sesenta. "Pero, claro, yo no me fui por dinero". El día que regresó al Camp Nou con el uniforme del Madrid fue recibido con sinceridad y sin hostilidad. Tejada, de 78 años, fue un extremo que se crió en el amateur del Barça, "donde jugaba los preliminares en Les Corts" y que jamás pensó que, a los 28 años, marcharía al Madrid. "Después de perder la final de la Copa de Europa frente al Benfica (1961), el Barça hizo una renovación y nos echaron a Czibor, a Kubala, a Ramallets y a mí. Y como Di Stéfano me conocía, fiché por el Madrid". Costó medio millón de pesetas y, por encima de la añoranza, recuerda su reivindicación futbolística: "Tenía 28 años y demostré que no estaba acabado".

Alfonso maduró en esa la ciudad deportiva blanca que dirigía Del Bosque. Sus sueños tenían motivo y se acostumbró a escuchar que algún día sucedería a Butragueño. "De hecho, debuté a los 18 años". Pero a los 69 minutos de una noche de noviembre de 2000, en un Barça-Madrid, el destino escribía otra formula. Alfonso sustituyó entonces a Luis Enrique y defendía el escudo del Barça en el Camp Nou, porque "Serra Ferrer, que me había entrenado en el Barça, me ofreció irme con él". Y, de repente, negoció en el césped frente a una parte de su vida e, incluso, frente al carnet de identidad de sus padres, "que eran socios del Real Madrid". Pero Alfonso nunca se sintió un fugitivo. "Sólo estaba donde debía estar". Su corazón se lo demostraba. "En el fútbol debes aprender a buscarte la vida".

Milla: "En los dos clubes tienes la misma exigencia, sólo vale ganar"

Esa misma noche Dani fue titular hasta que Frank De Boer le sustituyó para perder tiempo. Él, efectivamente, era otro madridista de cuna desde los 15 años. Manejaba sueños altos, una familiaridad entre su fútbol y el de Van Basten, que pareció hacerse adulta "cuando debuté con el primer equipo, junto a Morales, en un día frente al Depor en el que no había delanteros". El futuro, sin embargo, no le consintió tantas cosas. Si Alfonso tropezó con "Raúl o Zamorano", Dani encontró, "además de Raúl", a Mijatovic, Suker, Morientes" y se fue al Mallorca, donde fue un delantero tan importante que Van Gaal aconsejó su fichaje por 2.500 millones de pesetas. Dani marchó al Camp Nou, "porque no se puede ser cobarde".

Lopetegui podría quejarse, pero han pasado tantos años que ya no lo hace. Criado en el Madrid, apostó por abrirse paso en el Logroñés, donde se postuló, o lo postularon, como sucesor de Zubizarreta en la portería del Barcelona tras el Mundial de Estados Unidos 94. Pero casi nunca jugó y, es más, todos sus recuerdos de los clásicos proceden desde el banquillo: "No jugué ninguno". Pero son las cosas que demuestran lo que dice Alfonso: "No veo grandes diferencias entre ambos y sí una igualdad: es tan difícil triunfar en uno como en otro club". Y Milla lo acepta. "En los dos sitios te encuentras con la misma exigencia, sólo vale ganar y eso lo marca todo".

Milla fue el primero de esa colección de cuatros que inauguró Cruyff y recuerda de su primer clásico con el uniforme del Barça (año 88) "los nervios del día antes". En 1990, emigró voluntariamente al Madrid de Toshack. Allí jamás olvidó al muchacho que fue "En La Masia, no sólo me formaron como futbolista, también como persona", pero eso no le equivocó: "Una cosa es la memoria y otra, la realidad. Jugué siete años en el Madrid en los que el hecho de enfrentarme al Barça ya no significaba nada especial. Sólo era algo que iba dentro de mi trabajo". Por eso vivió "el 5-0 en el año de Valdano" con la misma tristeza que lo encajó en el Camp Nou un año antes, ese año en el que Romario hizo tantas diabluras con Alkorta.

La mayoría de argumentos viajan por la misma carretera. "El escenario mediático es muy parecido". Y la pregunta que circula en el cerebro de los implicados la expone con sabiduría Radomir Antic: "¿Seré capaz de hacer frente a la grandeza de este club?" Finalmente, "si se acepta que el fútbol es una profesión que dura pocos años", la declaración de Alfonso representa a este extraño gremio: "Hay poca gente que tenga nuestro privilegio de jugar en los dos grandes. ¿Cómo no se va a considerar uno un afortunado?", se pregunta hoy a los 38 años con el título de entrenador nacional bajo el brazo.

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