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53 reformas en 32 años

La Fundación Primero de Mayo analiza los cambios en el Estatuto de los Trabajadores desde su aprobación

A.R.A

En menos de un mes, el Estatuto de los Trabajadores cumplirá 32 años de vida. Una existencia ajetreada si se tiene en cuenta que se ha modificado en nada menos que 53 ocasiones, es decir, que ha habido algo más de una reforma y media al año, según un estudio de la Fundación Primero de Mayo, adscrita al sindicato CCOO. La última, hace menos de dos semanas, perpetrada por el Gobierno de Mariano Rajoy y azuzada por organismos internacionales, desde el Fondo Monetario Internacional hasta la canciller alemana, Angela Merkel.

Ninguna de ellas ha conseguido que, cuando España entra en crisis, el mercado laboral no caiga en picado. "Las crisis económicas no tienen sus causas ni sus respuestas en la regulación del mercado de trabajo, sino que el mercado de trabajo termina reflejando alguna de las consecuencias y efectos de la crisis, especialmente en forma de destrucción de empleo y de precarización del mismo", señala una de las conclusiones del estudio, que repasa las modificaciones legales más importantes y sus consecuencias en el mercado laboral. Subraya también que la mayoría de cambios se hicieron sin que hubiera un acuerdo entre los agentes sociales y el Gobierno de turno.

"Las crisis no tienen sus causas ni sus respuestas en la regulación del mercado de trabajo"

Contra el manido argumento de que la destrucción de empleo en nuestro país es consecuencia de la rigidez de las instituciones y políticas laborales, la Fundación Primero de Mayo contrapone la evolución del mercado de trabajo en los últimos años. "En la etapa expansiva del último ciclo económico, entre los años 1995 y 2007, se creó un importante volumen de empleo, por lo que no parece coherente defender que la misma regulación laboral que no frenó este crecimiento sea la principal causa de la crisis", dice. El estudio subraya también que la misma regulación laboral no impide que existan enormes diferencias entre comunidades autónomas: mientras que en Andalucía o Canarias la tasa de paro supera el 30%, en el País Vasco y Navarra es del 12,6% y del 13,8%, respectivamente (la media española es del 22,8%). De esta forma, el centro de estudios destaca el papel del modelo productivo y de sus debilidades (excesiva especialización en la producción, poca innovación, etc.) en el desencadenamiento de la crisis y la masiva destrucción de empleo.

Hacia la temporalidad

En 1984 se produjo el "punto de inflexión" que permitió el crecimiento de la temporalidad

El informe señala que las primeras reformas laborales, especialmente a partir de la aprobada en 1984, supusieron "el punto de inflexión" hacia la temporalidad. "Viran hacia un mayor protagonismo de la temporalidad en la contratación y de la contratación a tiempo parcial, sin incidir en elementos clave de la economía española", subraya. Aquella reforma fomentó el uso del contrato temporal "descausalizado", casi al arbitrio del empresario. Para la Fundación Primero de Mayo, ese el origen de los principales males del mercado laboral español: la llamada dualización (con una parte de la población trabajadora muy desprotegida en cuanto a derechos y condiciones de trabajo) y de la excesiva rotación en la contratación (unos trabajadores son sustituidos por otros para desempeñar el mismo empleo en lugar de promover la permanencia en el mismo).

La nuevas normas ampliaron la duración máxima de los contratos en prácticas y formación, y disminuyeron la parte de la jornada dedicada a formación. Intentaron potenciar también la contratación a tiempo parcial. "Durante la segunda mitad de los años 80 se registra un notable incremento de la contratación temporal, en paralelo a una progresiva segmentación del mercado de trabajo, consolidándose así un modelo característico organizado en torno a facilitar la contratación temporal no causal, que se ha configurado como uno de los rasgos estructurales de mercado laboral español", reza el informe.

Es en ese contexto cuando tuvo lugar la huelga general del 14 de diciembre de 1988, que paralizó el país y supuso un mazazo a las políticas de Felipe González.

Las últimas reformas "ni frenaron la destrucción de empleo ni atajaron la segmentación"

Más precarización

La primera parte de los años 90 fue intensa en cuanto a modificaciones del Estatuto de los Trabajadores. La Fundación califica esta etapa de "era dorada" de la contratación temporal: se crearon 1,8 millones de empleos de duración determinada y la tasa de temporalidad se situó en el 32%, tres veces más que la media europea. Un fenómeno que se cebó, sobre todo, en las mujeres, cuya precariedad creció por encima de la de los hombres. Y es que, en la reforma de año 1992, se elevó la duración de este tipo de contratos, al mismo tiempo que aumentó el periodo mínimo cotizado para acceder a una prestación de desempleo.

En 1994 se legalizaron la empresas de trabajo temporal y trató de acotarse la precariedad. Sin embargo, el estudio pone de manifiesto que los cambios no tuvieron gran impacto en la temporalidad, "que experimentó un ligero incremento que continuaría en los dos años siguientes".

Expansión y recesión

La expansión económica que se produjo entre 1995 y 2007 trajo consigo un crecimiento del empleo hasta alcanzar los 20 millones de ocupados. Eso sí, con "notable protagonismo" de la construcción, aunque también gracias al aumento de la población activa debido, sobre todo, a la sostenida incorporación de las mujeres y los inmigrantes al mercado de trabajo. En 2002, el decretazo' de Aznar abarató el coste del despido y ocasionó otra huelga general. Poco después, el entonces ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, salió del Gobierno.

En 2006, los agentes sociales y el Ejecutivo de Zapatero pactaron algunos cambios para tratar, una vez más, de ponerle coto a la temporalidad, aunque la inminencia de la crisis hizo que su incidencia fuera escasa. Desde el colapso de la economía en 2008 y hasta 2012 se han destruido cerca de 2,5 millones de empleos (la mayoría, temporales), el 71% ocupados por jóvenes. Las reformas aprobadas estos años, "ni han logrado frenar la destrucción de empleo ni se ha atajado la segmentación del mercado de trabajo".

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