Público
Público

La abstención pone a prueba a Rajoy y Zapatero

Los socialistas asumen el riesgo de una derrota pero esperan que sea mínima. Los críticos del PP se volverán de nuevo contra Rajoy si el partido no consigue una victoria clara.

FERNANDO VARELA

El reparto de los escaños que corresponden a España en el Parlamento Europeo tendrá a partir del lunes consecuencias mucho más importantes en la política interior que en Estrasburgo. La primera cita con las urnas después de las elecciones en Galicia y en Euskadi -que se saldaron de manera desigual para el PSOE- ha obligado al presidente José Luis Rodríguez Zapatero a emplearse a fondo para evitar que una amplia derrota pueda ser interpretada como un castigo a la política del Gobierno en plena crisis económica mundial.

Las elecciones tienen lugar semanas después de que el líder del PSOE buscase un nuevo impulso político con una profunda remodelación del Gobierno y el anuncio de una amplia batería de medidas que buscan reactivar la economía y, sobre todo, frenar la destrucción de empleo. Esa es la razón por la que necesita un buen resultado o, en el peor de los casos, una derrota no demasiado abultada, por no más de tres o cuatro puntos de diferencia. Todo lo que esté por debajo de esa cifra permitirá a Zapatero llegar a septiembre con oxígeno suficiente para afrontar la negociación presupuestaria. El calendario electoral -despejado hasta los comicios de Catalunya de otoño de 2010, cuando se supone que lo peor de la crisis habrá pasado- le permite incluso encarar los próximos meses con cierta tranquilidad aun en el supuesto de que hoy coseche una derrota.

Mariano Rajoy, sin embargo, se juega mucho más. Las previsiones de todas las encuestas -la más favorable no le da ni cuatro puntos de ventaja sobre el PSOE- se quedan por debajo de sus propias previsiones -entre cinco y seis puntos- y han sembrado de dudas sus posibilidades de derrotar a Zapatero por un amplio margen.

Esta situación vuelve a situar al presidente del PP frente a sus problemas internos, porque tanto la derecha mediática como Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, han fijado el listón de la consolidación de Rajoy en que hoy sea capaz de conseguir en torno a diez puntos de ventaja. Si logra esa cifra, nadie discutirá su liderazgo, pero por debajo, y sobre todo cuanto menor sea la diferencia, más posibilidades hay de que Aguirre y sus aliados -entre los que se cuenta José María Aznar- eleven la voz en contra de Rajoy.

En el PP son muchos los que creen que, si su líder no es capaz de ganar claramente a Zapatero en medio de la crisis económica más profunda de los últimos 80 años, va a ser muy difícil que lo consiga en 2012.

La diferencia entre la desautorización y el respaldo, en el caso de Rodríguez Zapatero, y entre la consolidación y la desestabilización interna, en el de Rajoy, depende entre otras cosas de la cifra de abstención. Nadie espera que hoy acuda a las urnas más del 45% de los electores. Si este dato se confirma, se convertirá en una expresión meridiana del desarraigo con el que los españoles viven la política europea. La previsible desmovilización del electorado más volátil, esto es, los ciudadanos que, sintiéndose identificados con un partido, no siempre se sienten motivados a participar, sitúa el centro de gravedad en los votantes más fieles a cada partido, un grupo que, según los analistas, son los algo más de 14 millones de ciudadanos que previsiblemente sí votarán.

Por la parte baja de la tabla todo apunta a que habrá pocas variaciones. Las encuestas pronostican un buen resultado a las coaliciones nacionalistas, especialmente para la formada por CiU y el PNV, pero también la que encabezan ERC y BNG. Todo lo contrario que IU, que podría tener dificultades para conservar uno de los dos escaños que logró en 2004.

La gran novedad de la representación española en Estrasburgo será la misma de las generales de 2008. Las encuestas anuncian que UPyD, el partido de Rosa Díez, conseguirá un diputado en Estrasburgo.

Más noticias de Política y Sociedad