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Cuando acaba la ética, queda la estética

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Luis Carrera iba a ser el cabeza de lista del PP por Ourense para las elecciones autonómicas del 1 de marzo. Al dimitir ayer por un más que presunto pufo a Hacienda, alegó que no había hecho nada ilegal y dijo que renunciaba 'por estética'.

En realidad, dimitió porque se lo exigió la dirección provincial de su partido, en un intento de atajar el escándalo a falta de pocos días para los comicios. De no haber recibido una orden de sus jefes, es más que probable que hubiera concurrido a las urnas y conseguido su escaño, con el mismo desparpajo con que colocó 240.000 euros de comisiones en un banco de Islas Caimán.

Pero, en últimas, Carrera tiene razón: se trata de un asunto de estética. Porque la ética es la gran ausente en su caso y en todos los escándalos de presunta corrupción que sacuden en estos momentos al principal partido de la oposición.

Al tiempo que Carrera dimitía, el juez Garzón desarrollaba una operación contra la corrupción urbanística que implica a varios ayuntamientos gobernados por el PP en las comunidades de Madrid, Valencia y Andalucía. Y, en el Parlamento madrileño, los conservadores hacían frente a una comisión controlada por ellos gracias a su mayoría absoluta que en teoría debe investigar la tormenta de espionajes y presunta corrupción que cae sobre el Ejecutivo de Esperanza Aguirre.

El PP de Mariano Rajoy está hundido en un lodazal pestilente

A esta putrefacción hay que sumar la mezquina guerra entre Aguirre y el alcalde Madrid, Ruiz-Gallardón, por el control de Cajamadrid, en la que, según desveló El Mundo, no han faltado los sobornos.

El PP de Mariano Rajoy está hundido en un lodazal pestilente, que intentará sortear mediante el viejo ardid de judicializar la política. A estas alturas, pocos esperan de ese partido exhibiciones de ética. Pero más de un dirigente debería emular al gallego Carrera. Aunque sea por estética.

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