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El accidente del avión de TACA en Honduras deja cuatro muertos y 60 heridos

EFE

El avión de TACA con al menos 133 personas a abordo que se accidentó hoy al aterrizar en Tegucigalpa, con un saldo de cuatro muertos y unos 60 heridos, se partió en tres y es un milagro que la tragedia no haya sido mayor, dijeron testigos oculares y pasajeros.

"Siento que he vuelto a nacer, que Dios tiene algo especial para mi", comentó nervioso el ex ministro hondureño de Industria y Comercio Norman García, uno de los pasajeros del vuelo 390 de la empresa salvadoreña Transportes Aéreos del Continente Americano (TACA).

García afirmó que el piloto del avión hizo dos intentos por aterrizar y que en el segundo se produjo el accidente, al salirse de la pista y terminar su recorrido en una vía pública muy transitada.

La aeronave, un Airbus 320, había partido de San Salvador hacia Miami (EE.UU.) con escalas en Tegucigalpa y San Pedro Sula, las dos ciudades más importantes de Honduras.

Al aterrizar, el aparato se salió de la pista del aeropuerto Toncontín, en el extremo sur de Tegucigalpa, con unos 126 pasajeros y siete tripulantes, según una fuente de TACA, que en principio informó de que los pasajeros serían 142.

Entre las cuatro víctimas mortales figura el presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), el nicaragüense Harry Brautigam, quien regresaba de San Salvador donde el jueves había asistido a la cumbre de los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) con el presidente Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

Un portavoz de la embajada de España en Tegucigalpa informó a Efe que en el avión también viajaban los ciudadanos españoles Jorge Castiblanque, residente en Guatemala, y Alfonso Martínez Bordei, jefe de relaciones institucionales del BCIE, quienes sufrieron lesiones leves y fueron atendidos en un hospital privado de Tegucigalpa.

TACA, una empresa que inició operaciones en Honduras en 1931, no ha divulgado sin embargo la lista oficial de pasajeros.

El accidente, cuyas causas se investigan, hizo que el fuselaje del avión se partiera en tres, entre la cabina y las alas, mientras que los dos motores se desprendieron.

El ala izquierda le cayó encima a un taxi, en tanto que otro vehículo quedó destruido al ser impactado por el aparato.

"De milagro no estamos ante una gran tragedia, el avión pudo incendiarse", dijo a Efe un oficial del Cuerpo de Bomberos que participó en las labores de rescate de pasajeros.

Los bomberos tuvieron que romper con herramientas la cabina del avión para sacar a los pasajeros que venían en primera clase, así como a los pilotos y otros miembros de la tripulación.

Decenas de transeúntes auxiliaron a los primeros pasajeros que salían desesperados de la aeronave, algunos utilizando toboganes, mientras unidades de los bomberos lanzaban espuma para evitar una explosión.

Después del accidente, el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, ordenó que los aviones comerciales grandes que aterrizan en Tegucigalpa lo hagan de ahora en adelante en la base militar de Palmerola, unos 75 kilómetros al norte de la capital.

Esa base fue construida por el Ejército de Estados Unidos a comienzos de la década del 80 a un coste de 30 millones de dólares, como parte de un convenio militar con Honduras que data de 1954.

En Palmerola opera una escuela de aviación de la Fuerza Aérea Hondureña y permanecen unos 400 militares estadounidenses.

Zelaya no explicó qué acuerdo ha logrado con Estados Unidos para que los aparatos de las líneas aéreas internacionales puedan aterrizar en Palmerola.

El Aeropuerto Toncontín, donde ocurrió el accidente, tiene una pista de unos 1.300 metros de longitud y está en una zona rodeada de cerros y colinas que dificultan la aproximación de las aeronaves a la pista, lo que implica una maniobra y mayor pericia de los pilotos, según fuentes oficiales.

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